La falsa moneda de los recortes

¿Y tú me lo preguntas? Deuda eres tú

Endeudamiento es la palabra talismán de nuestros dí­as. A su conjuro, los mercados se hunden, los gobiernos se movilizan, los recortes y planes de ajuste se multiplican. La deuda de España, de Grecia, de Portugal es un peligro público para la economí­a mundial gritan todos los dí­as las grandes «biblias» del periodismo económico anglosajón. ¿Pero por qué no dicen eso de ellos mismos, que son, con diferencia, los mayores deudores del planeta?

Según el gráfico adjunto, resulta que Esaña es, después de Australia, el país con menos deuda pública de los que forman la OCDE. Todos los demás, EEUU, Inglaterra, Francia, Italia, Japón e incluso la virtuosísima Alemania tienen una deuda pública mayor que la nuestra en relación al PIB. Y ello por no hablar en términos de volumen absoluto de deuda, donde el gran patrón norteamericano se lleva la palma y arrasa con todos los demás. Los poco más de 700 mil millones de dólares de deuda pública que España tendrá al finalizar este año resulta que desestabilizan la economía mundial. Pero los más de 13 billones (sí con b) de dólares de deuda pública que tendrá EEUU en 2010 son, al parecer, insignificantes. El mensaje es claro: su pequeña deuda es un gran problema para ustedes. Nuestra enorme deuda es un problema todavía mayor para ustedes. ¿O es que acaso se han olvidado de quién maneja el gran garrote? No tienen vergüenza Para justificar los ataques contra el 90% de la población y hacer comulgar a una parte de la sociedad con las ruedas de molino de los ajustes y recortes, gobiernos europeos, fuerzas políticas y medios de comunicación están empeñados en desplegar toda una batería de mentiras, medias verdades (que es la peor de las mentiras) e intoxicaciones cuyo objetivo es ocultar la verdad, confundir las mentes y fomentar la resignación y la culpabilidad entre las víctimas de sus ataques. A comienzos de año, cuando empezó a extenderse la tormenta desatada sobre Grecia, todo el problema de la economía española parecía estar centrado –de creer a la UE y a los grandes medios de comunicación anglosajones– en el volumen y el crecimiento de nuestra deuda pública, y la consiguiente desconfianza de los mercados financieros en si seríamos capaces de responder de ella. Unos meses después, y cuando las presiones de Obama y las exigencias de Merkel han logrado vencer las escasas resistencias a acometer un recorte sustancial en el gasto público, la lista de reclamaciones de las grandes potencias ha elevado el listón de sus exigencias. Ahora el problema ya no es sólo, ni siquiera principalmente la deuda pública, sino asuntos totalmente ajenos a ella como la reforma laboral, la privatización de las cajas de ahorro o la apertura al capital privado del sistema sanitario español, a pesar de que la Seguridad Social mantiene, tras dos años de crisis, un superávit más que multimillonario. Para proceder a este auténtico saqueo de los salarios, las rentas y la riqueza nacional, los grandes medios de comunicación monopolistas han desplegado un conjunto de mentiras, presentadas como auténticos axiomas (verdades que no necesitan demostración) que es necesario desenmascarar. Vivir por encima de las posibilidades. Sí, ¿pero quién? La primera gran mentira es afirmar que la sociedad española, en su conjunto, ha vivido todos estos años por encima de sus posibilidades. Y que por tanto ahora ha llegado el momento de “purgar” nuestros pecados y excesos con drásticos ajustes y recortes de todo tipo. Difundiendo esta idea se busca que parte de la sociedad se considere tan responsable como culpable de la crisis, ofreciéndose de esta forma mansamente al sacrificio que se les exige. Una vieja táctica de convertir a las víctimas en culpables, que tuvo su apogeo durante décadas en el País Vasco, donde la línea nazifascista del PNV se dedicaba a criminalizar a las víctimas del terrorismo etarra con el insidioso y despreciable latiguillo de “algo habrán hecho”. Ese “algo habrán hecho” los españoles, dicen, es vivir por encima de sus posibilidades. Pero, ¿quién ha vivido aquí por encima de sus posibilidades? Para comprenderlo, basta con echar unas pocas cuentas basadas en la fría objetividad de los números. El volumen total de la deuda externa española –tanto la privada como la parte de la pública que está en manos de no residentes– ascendía a finales de 2009 a alrededor de 1 billón 800 mil millones de euros. Pues bien, de esa deuda externa –que es la verdaderamente relevante–, 854 mil millones de euros, es decir, un 47,5% corresponde a las deudas contraídas por los bancos españoles con la banca extranjera. Prácticamente la mitad del endeudamiento exterior total de España (sea público o privado) es responsabilidad exclusiva de un pequeño grupo de no más de 40 bancos y cajas de ahorro. En el que además, sólo 10 de ellos (los 4 grandes y los seis medianos) concentran más del 90% de esa deuda. Excluyendo a los bancos, los otros 29 grandes monopolios que forman parte del IBEX-35 mantenían en ese mismo período, finales de 2009, una deuda con el capital extranjero de 240.000 millones de euros, lo que equivale a más de un 13% de la deuda externa española. En total, 10 bancos y 29 monopolios suman, ellos solos, más del 60% de toda la deuda externa acumulada por España en estos últimos 10 años. ¿Quién ha vivido por encima de sus posibilidades? Porque además, este ingente endeudamiento con el exterior no se ha destinado a dinamizar o hacer más eficiente, productivo y competitivo el tejido productivo nacional. Tampoco a invertir en tecnología o a crear nuevas fuentes de riqueza social. Mucho menos a mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población. Su destino principal ha sido que los dos grandes bancos, Santander y BBVA (pero sobre todo el primero), unos pocos monopolios (Iberdrola, Telefónica, Repsol,… y poco más) y un puñado de grandes constructoras (Ferrovial, Acciona, Sacyr, ACS,..) expandieran de tal modo su negocio por medio mundo y pudieran tutearse con el top ten de las finanzas y los mercados mundiales que hoy cuadriplican los beneficios de hace 10 años. Los “cuatro grandes” de la bolsa española (Santander, BBVA, Telefónica e Iberdrola) ganaron en 2009, como media, seis veces más que el año inmediatamente anterior a la entrada en el euro. ¿Hay algún trabajador, algún autónomo, algún campesino, algún pequeño o mediano empresario que en ese tiempo haya multiplicado por seis veces su salario, sus ingresos o sus rentas? ¿De quién es entonces la responsabilidad, quién ha vivido por encima de sus posibilidades? Pues ahora que paguen ellos sus deudas y no nos la endosen a nosotros rebajándonos un 25% de nuestros salarios. ¿Salvar al euro o a la banca franco-alemana? La segunda gran mentira sobre la que está construido el discurso con el que pretenden hacernos creer que debemos aceptar las rebajas salariales y los planes de ajuste es que, de no hacerlo, España pondría en peligro al euro. Y por responsabilidad, puesto que la crisis es de todos, debemos apretarnos el cinturón para impedirlo. No es el euro lo que está en peligro por la deuda de los países del sur de Europa, sino la solvencia de los bancos franceses y alemanes en cuyas manos está la mayor parte de esa deuda. De la misma forma que los bancos norteamericanos alentaron las hipotecas subprime para seguir haciendo el negocio del siglo con la burbuja inmobiliaria y los derivados financieros que construyeron alrededor de ellas, la banca alemana y francesa han hecho el negocio del siglo invirtiendo sus excedentes de capital en endeudar a las economías más débiles y dependientes. Todavía no hace tanto, en 2005, que un banquero alemán se jactaba de esto diciendo “los españoles no sólo compran nuestros coches, sino que además nos piden prestado el dinero para comprarlos”. La banca germano-suiza, francesa y británica poseen un total de más de 1 billón y medio de euros en deuda de los despectivamente denominados países PIGS, Portugal, Irlanda, Grecia y España. ¿Qué ahora ven en peligro el tinglado que han montado con el euro, sus inversiones, su capital y su solvencia? Pues muy bien, si llegara el caso, que actúen con ustedes como ustedes actúan con cualquier familia que no puede cubrir los vencimientos de su hipoteca.

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