La derrota de Trump en las ‘midterms’ se produce días después de que Flávio Bolsonaro cayera frente a Lula en Brasil y de que la coalición de Benjamín Netanyahu perdiera la mayoría parlamentaria en Israel, quedando la formación de un nuevo gobierno en manos de los partidos árabes-israelíes. A ellos se sumó la derrota del expresidente Aleksandar Vučić en Serbia, con vínculos tanto con Putin como con el trumpismo.
La lucha del pueblo estadounidense forma parte de la lucha de todos los pueblos del mundo y con este auténtico maremoto de votos ha golpeado unas políticas que pretenden imponer en EEUU un modelo político y social extremadamente reaccionario, autoritario y antidemocrático. Por ejemplo mediante la rabiosa persecución de la clase obrera migrante para poder hiper-explotarla, pero también decretando el derribo de cualquier barrera legal, política, social, sanitaria, medioambiental o moral para que los bancos y monopolios de Wall Street puedan imponer sin complejos la “ley del máximo beneficio”.
Trump llegó por segunda vez a la Casa Blanca con promesas como la de sacar a EEUU de las guerras y de centrarse en la política doméstica, pero -como no puede ser de otra manera tratándose de un miembro y representante de la clase dominante norteamericana- ha desplegado una agresiva y disruptiva política exterior hegemonista, incendiando Oriente Medio al atacar Irán, dando rienda suelta a su gendarme sionista para cometer aún peores crimenes y agresiones, y violando de manera descarada la legalidad internacional al atacar y someter a Venezuela, al imponer un asedio sobre Cuba, al intervenir en los procesos electorales de América Latina o al mostrar su intención de apoderarse de Groenlandia o de Canadá.
Todas esas políticas no solo son una amenaza para la paz y la estabilidad mundiales. También han supuesto enormes beneficios para un pequeño puñado de élites super-ricas -las propietarias de las corporaciones armamentísticas, de la energía y la minería, o los “tecnooligarcas”- al tiempo que un notable empobrecimiento de la gran mayoría del pueblo estadounidense, que ha visto como la inflación devoraba sus rentas.
Al mostrar su enfado y su rechazo en las urnas, el pueblo estadounidense ha golpeado no sólo a su propio “tirano”, sino al proyecto de Dictadura Mundial de Trump en todo el planeta, que incluye el impulso a las más tenebrosas fuerzas de ultraderecha en todo el mundo
Esta gran victoria popular en EEUU contribuye por tanto, y de manera muy significativa, a socavar, debilitar y frenar al que hoy representa el hiper-agresivo proyecto del grueso de la clase dominante norteamericana, que lanza zarpazos para intentar recuperar el terreno que la lucha de los pueblos le ha arrebatado.
El ‘tsunami’ de voto popular antitrumpista es la derrota de las políticas de recortes y privatización, de las políticas de guerra, del apoyo al genocidio de Gaza, de los que siembran odio y reacción. Y genera muchas mejores condiciones para nuevas y más poderosas victorias progresistas a lo largo del mundo, como por ejemplo en las elecciones generales del 29N en nuestro país.
Por eso, felicitamos al pueblo de los EEUU por esta victoria democrática y popular. Y agradecemos su contribución a una lucha mundial por llevar a la bancarrota final a Trump, al trumpismo y sus sicarios y a su Dictadura Hegemonista Mundial.

