Reforma constitucional NO.

Soberaní­a, democracia y redistribución de la riqueza SÍ

En un ejercicio de máxima desvergüenza y cinismo polí­tico superlativo, Zapatero-Rubalcaba y Rajoy afirman que la reforma de la Constitución para introducir un techo máximo de déficit y deuda pública es necesaria para “salvaguardar el Estado del bienestar en España”. La realidad es exactamente la contraria. Mantener y ampliar el Estado del bienestar exige, en primer lugar, más, y no menos, soberaní­a nacional. Más, y no menos, democracia.

Justamente lo que ellos han degradado hasta límites inauditos ara cumplir con los dictados de Obama y Merkel. Un golpe de timón De la misma forma que en mayo de 2010, el plan de ajuste presentado por Zapatero ante el Congreso le fue dictado telefónicamente por Obama sólo unas horas antes; la reforma de la Constitución es una exigencia que ya hizo Merkel en su visita a Madrid el pasado mes de febrero. Ultimátum reiterado de forma inaplazable por Berlín hace sólo unas semanas, en plena tormenta veraniega sobre la deuda española e italiana. A mediados de 1980, un destacado dirigente político catalán acuño la famosa sentencia de que España necesitaba “un golpe de timón”, consigna que sería el pistoletazo de salida para la feroz campaña de acoso y derribo de un Suárez que se oponía a la entrada de España en la OTAN como exigía de forma perentoria Washington, y que culminó en el 23-F. Tres décadas después, Washington y Berlín han decidido dar un nuevo “golpe de timón” en la vida política española. En su imperiosa necesidad de incrementar todavía más el grado de saqueo sobre España y perpetuarlo en el tiempo, ambos están dispuestos a arramblar con todo, poniendo patas arriba incluso el entramado constitucional en que se fundamenta el modelo político y social actual. Reduciendo la Constitución a la categoría de una especie de “carta otorgada” por las potencias extranjeras, donde son ellas quienes deciden elevar a norma máxima las leyes que necesitan para aumentar todavía más su saqueo sobre España. Y si pueden hacerlo es por el escandaloso grado de intervención política que tienen sobre nuestro país y por el bochornoso grado de sumisión de las elites españolas. Washington y Berlín no se conforman ya con exigir sólo la rebaja de nuestros salarios y rentas, ahora dictan también las reformas políticas y constitucionales que van a decidir el futuro del país por muchas décadas. Y Zapatero-Rubalcaba y Rajoy se afanan como un sólo hombre para llevar adelante los dictados de Obama y Merkel. La reforma de la Constitución es sólo el preludio de un nuevo salto en los ataques contra las condiciones de vida y trabajo del 90% de la población. ¿Salvar el Estado del bienestar? Si lo que están haciendo, justamente, es romper los blindajes, en cuanto a logros políticos y conquistas sociales, que la Constitución consagra como derechos fundamentales de todos los españoles. Tras la reforma y la limitación constitucional del gasto público, cuestiones como el gasto en pensiones, en sanidad, en educación, en dependencia, en escuelas de infancia, en servicios sociales, en ayudas a las familias, en vivienda social, entre otras, serán puestas en cuestión inmediatamente. ¿Alguien ha votado este programa? ¿Alguno de los dos grandes partidos se ha presentado a unas elecciones con él? La soberanía necesaria La reforma de la Constitución ha puesto de manifiesto, más que nunca antes, lo indisolublemente unidas que están la lucha por el pan y por la libertad con la defensa de la soberanía y la independencia nacional. Necesitamos una política de redistribución de la riqueza para acabar con el paro y salir de la crisis en beneficio de la mayoría. Necesitamos ampliar y profundizar la democracia para que las decisiones sobre los asuntos públicos que afectan a todos no sean tomados por una minoría ajena y sorda al clamor popular. Pero para poder llevar esto a delante, necesitamos también defender y recuperar la soberanía nacional que los Zapatero-Rubalcaba y Rajoy están entregando en manos de Washington y Berlín a la misma velocidad con que saquean nuestras rentas y salarios. Frente a sus continuos y feroces ataques contra nuestras condiciones de vida, que han alcanzado su máxima expresión con la reforma de la Constitución, nuestra alternativa no puede ser otra que unirnos en torno a un programa y una alternativa cuyos tres ejes fundamentales tienen que ser la defensa de la soberanía nacional, la ampliación de la democracia y la redistribución de la riqueza. Estos tres ejes son los que hoy representan los intereses de la nación, de la inmensa mayoría del pueblo. Son los puntos nodulares del programa que defendemos las candidaturas UCE-De Verdad contra la crisis para las elecciones del próximo 20-N. En torno a ellos tenemos que unirnos y organizarnos. Y hacerlo cuanto antes. ¡Hay que parar esta reforma! Pero si la reforma de la Constitución ha puesto de manifiesto el grado de sumisión y vasallaje de la clase política a los dictados imperiales, también ha puesto sobre la mesa el grado máximo de aislamiento en que se encuentran. Cuanto más apremiados están para ejecutar la voluntad de sus amos, más rechazo generan entre el pueblo. Esta reforma de la Constitución ha provocado de inmediato un profundo rechazo y una abierta rebelión entre una gran parte de la población. Rechazo y rebelión que van desde el 15-M y los sindicatos a buena parte de la misma organización del PSOE, a prácticamente todos los partidos parlamentarios excepto PSOE y PP, a infinidad de ONG’s, organizaciones sociales y asociaciones ciudadanas. Es necesario y urgente empezar a trabajar ya por construir un frente amplio de unidad capaz de unir al 90% que estamos en contra. Un frente amplio que una todo aquello que es susceptible de ser unido. Levantándolo desde tres ejes básicos que todos compartimos. En primer lugar, la defensa de la soberanía nacional frente a que la política económica de nuestro país –que afecta a la vida y el futuro de todos nosotros– pueda decidirse y dar un giro de 180 grados por la simple llamada telefónica de Obama, o que la Constitución pueda reformarse siguiendo las exigencias de Merkel. Necesitamos defender la soberanía nacional para poder decidir de forma autónoma y de acuerdo con nuestras necesidades lo que más conviene a los intereses de la mayoría del país. Sin que el FMI o Bruselas, Obama o Merkel nos impongan la política y las medidas que sólo sirven a sus intereses de saqueo. En segundo lugar, la ampliación de la democracia y la participación ciudadana, cuya primera plasmación tiene que ser dotar al pueblo de la capacidad de decidir, a través del referéndum, sobre los asuntos de particular importancia, como la reforma de la Constitución. A excepción de PSOE y PP, el resto de partidos parlamentarios la han denunciado como una imposición absolutamente antidemocrática, exigiendo un referéndum para que el pueblo se pronuncie sobre una cuestión en la que está tanto en juego. Lo mismo que exigen sindicatos y el 15-M. Y que una gran parte del aparato del PSOE, pese a acatar finalmente la disciplina, ha estado reclamando también estos días. En tercer lugar, un programa de redistribución de la riqueza, de las rentas y los salarios, para acabar con el paro, elevar el poder adquisitivo de la mayoría, activar la demanda y el consumo y salir de la crisis en beneficio de la mayoría. ¿Que partido de izquierdas o progresista no está de acuerdo con estos tres puntos? ¿Qué sindicato obrero no los comparte? ¿Qué agrupación ciudadana tiene reparos ante ellos? ¿No constituyen la médula espinal en torno a la que se ha levantado el movimiento del 15-M, que según todas las encuestas cuenta con la simpatía de la inmensa mayoría de la sociedad? ¿A que esperar entonces para empezar a levantar a unidad en torno a ellos? En menos de tres meses, el 20-N, se celebran unas elecciones donde nos jugamos mucho. Es necesario, urgente, vital que en cada localidad, en cada pueblo, barrio, ciudad o provincia empecemos a trabajar por dar pasos ya en la formación de un frente amplio de unidad. Ellos están apretando el pie en el acelerador. Para nosotros ha llegado el momento de correr a contrarreloj.

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