#GazaUnderAttack

Palestina bajo asedio

Gaza sufre ahora mismo la agresión más cruenta desde la operación militar de 2014, pero todo hace temer que sólo sea el principio. Israel prepara una incursión terrestre mientras intensifica la ofensiva aérea sobre un estrecho territorio, uno de los más densamente poblados del mundo, donde sobreviven dos millones de almas.

Tras nueve días de intensos bombardeos -que ya han dejado un rastro de 213 palestinos muertos, entre ellos 61 niños, 36 mujeres y 16 personas de la tercera edad, junto a 1.442 personas heridas- una gran concentración de tropas, artillería y carros de combate del Ejército israelí ya se concentra en torno a la Franja.

El portavoz oficial del Ejército israelí (Tsahal) ha asegurado que los disparos masivos de la artillería se han dirigido hacia objetivos precisos de Hamás “para minimizar los daños colaterales a civiles”, pero cientos de imágenes demuestran ya el descarado cinismo de estas palabras. Ya son virales muchas imágenes donde se evidencia que la artillería y la aviación israelí, que han concentrado el fuego contra los edificios civiles más emblemáticos de la ciudad de Gaza.

En el sexto día de ataques, al tiempo que se intensificaba el bombardeo con 500 nuevas toneladas de proyectiles, los misiles del Tsahal arrasaban la Torre Yala, de 12 plantas, sede de la agencia de noticias estadounidense Associated Press y de la cadena de televisión catarí Al Jazeera, poniendo en peligro la conexión de internet de toda Gaza. Ya habían bombardeado antes el edificio donde se alojaba la agencia EFE. Parece que Israel no quiere testigos de lo que van a hacer en la Franja.

Bombardear de forma deliberada instalaciones civiles es un crimen de guerra según las convenciones internacionales.

También hay abundantes testimonios de misiles contra viviendas. «Nuestra familia está fuera de la casa porque un vecino recibió la llamada israelí de que van a bombardear la suya. Todo el mundo evacuado en los alrededores. A él, que supuestamente tenía que avisar a la gente, le han asesinado con un dron al salir de casa», informa la periodista aragonesa Isabel Pérez, colaboradora de arainfo.org.

Bombardear de forma deliberada instalaciones civiles es un crimen de guerra según las convenciones internacionales. Que Israel lo haga a la vista de las cámaras muestra hasta qué grado está determinado a triturar las normas de la guerra, como ya lo ha hecho en anteriores ofensivas bombardeando hospitales y parques infantiles (julio de 2014), escuelas (enero de 2009), o instalaciones de la ONU (julio de 2014).

El objetivo es doble: por un lado, aterrorizar a la población gazatí, tratando de someterla por el shock del horror. Por otro, mostrar una posición de fuerza e impunidad ante la comunidad internacional, sabiendo que -como siempre- la diplomacia norteamericana va a vetar cualquier tipo de resolución contraria a Tel Aviv en el Consejo de Seguridad, tal y como ha pasado ya.

La noche de los cristales rotos… sionista

Se conoce como «la noche de los cristales rotos» a un negro episodio de los comienzos de la Alemania nazi, cuando las tropas de asalto de las SA llevaron a cabo -de forma simultánea en multitud de ciudades alemanas- una serie de linchamientos, incendios y destrozos contra ciudadanos judíos, cuyas casas y comercios habían sido previamente señaladas, mientras las autoridades del Reich observaban sin intervenir. Es el mayor pogromo de la historia.

Hechos similares son los que están ocurriendo en Israel, en los últimos días, contra los ciudadanos de origen árabe. Violentas turbas de la ultraderecha israelí, al grito de «muerte a los árabes», recorren las calles de los barrios de mayoría árabe-israelí, marcando las viviendas de los ciudadanos árabe-israelíes, asaltando e incendiando sus comercios, destruyendo sus coches de los palestinos. Y linchando a cualquier persona de rasgos árabes que se les cruza.

En un suburbio de Tel Aviv, una jauría de ultrasionistas provocó un retén de tráfico y fue revisando, coche por coche, el color de piel de los pasajeros. Cuando encontraron a un conductor con la piel lo suficientemente oscura como para ser considerado palestino, lo sacaron del vehículo y lo golpearon hasta dejarle en estado crítico.

«Anoche, a cuatro cuadras de mi casa, en un conocido mercado de Jerusalén, un grupo de judíos israelíes apuñaló en el cuello a un árabe que salió a tirar la basura del restaurante en el que trabaja. Está en estado grave», dice el periodista de EFE Pablo Duer.

Una orgía de pogromos y persecuciones, de limpieza étnica al más puro estilo nazi, recorre las calles de Israel. Turbas de ultraderecha van a la caza y captura del árabe.

Esta escalada de violencia racista ha tenido su máxima expresión en la ciudad de Lod, cercana a Tel Aviv. Su alcalde habla de guerra civil en esta ciudad mixta, donde por cada árabe viven cuatro judíos. Allí se ha declarado el estado de emergencia.

Causas de una brutal escalada de violencia

Esta escalada de violencia se da en un contexto de pandemia, donde Israel es uno de los países que más rápidamente han vacunado a su población. El 57% ya han recibido la pauta completa, y más del 60% al menos una dosis. Pero para la mano de obra palestina que cada día cruza los check points desde los territorios ocupados para trabajar en los negocios israelíes, la vacunación ha ido a otro ritmo, y apenas un 4% están vacunados. Una de las muchas humillaciones de los que el Estado de Israel considera ciudadanos de segunda, o ni eso.

Pero siendo esto un aliciente al enorme polvorín de ofensas hacia los palestinos, la mecha la prendió la Corte Suprema de Israel, al autorizar un plan para desalojar por la fuerza a unos 2.000 palestinos de los barrios de Sheikh Jarrah y Al-Bustan, en Jerusalén Este. Los enfrentamientos entre manifestantes cisjordanos y la policía israelí derivaron en violentos choques el 6 de mayo, con cientos de heridos del lado palestino.

Esta ofensiva contra los palestinos también está directamente relacionada con la aguda crisis política que desde hace dos años vive Israel.

Pocos días después, las fuerzas israelíes irrumpían con material antidisturbios en la mezquita de Al-Aqsa de Jerusalén, uno de los lugares más sagrados para los musulmanes, sacando a los fieles a golpes del templo. Un incendio cercano a la mezquita era celebrado después por multitudes de fanáticos ultra religiosos en el Muro de las Lamentaciones.

Una incendiaria provocación cuya respuesta era más que previsible. Hamás y la Yihad Islámica lanzaron contra Israel una andanada de cohetes que ha causado siete muertos en Israel.

Pero el desencadenamiento de esta ofensiva contra los palestinos también está directamente relacionado con la aguda crisis política que desde hace dos años vive Israel. Netanyahu -líder del derechista Likud, que lleva más de una década en el poder y que en los últimos años ha ligado su destino a la línea que en EEUU representa Trump- ha sido procesado por corrupción, y para formar gobierno depende de su rival político el ex jefe de las fuerzas armadas, Benny Gantz, que representa una línea más acorde a la que representa Joe Biden.

Al antagonizar el explosivo conflicto con los palestinos, incluso las tensiones raciales con los ciudadanos israelíes de ascendencia árabe, Netanyahu se gana el apoyo de los sectores más radicalizados de la sociedad israelí, y somete a los sectores intermedios a una «doctrina de shock» en el que todo está justificado para defenderse de los enemigos de Israel.

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