SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Fatiga de materiales en el independentismo

La semana pasada, tras su comparecencia en la comisión de investigación sobre Jordi Pujol, escribí que Artur Mas seguía vivo pero “tocado”. Y en los ochos días transcurridos la impresión se ha ido confirmando. Mas sigue batallando, pero abusa del bla-bla-bla y a veces empieza a parecer un disco rayado. Además, los conflictos le crecen y parece estar algo sitiado.

Vamos a la acción de gobierno. Ayer compareció para comunicar un (en teoría) ambicioso plan para los próximos siete meses, hasta las elecciones del 27-S. De entrada sorprende que lo presente en rueda de prensa y no en el Parlament. Y es que al president (no es Rajoy) le gustan las ruedas de prensa, más que el Parlament. Es un buen parlamentario, pero es molesto tener que responder a la oposición sobre planes algo etéreos con más enunciados y titulares que medidas concretas. Y en un debate parlamentario chupan cámara los contrincantes mientras que en una rueda de prensa es el protagonista único.

Anunciar un “plan de lucha contra la pobreza y la exclusión” es más fácil de enunciar que de concretar. También habló de impulsar la acción exterior de la Generalitat (dos embajadas más) y anunció el nombramiento de dos nuevos comisionados con rango de viceconsejeros. Uno para la Transición Nacional, que será Carles Viver Pi Suñer, un equilibrado jurista que fue vicepresidente del Tribunal Constitucional y que has sido hasta ahora presidente del Consell Asesor para la Transición Nacional. Y el otro para la Transparencia. El mensaje es reforzar la preparación de las famosas estructuras de Estado, una forma de satisfacer a la militancia independentista y a ERC.

Pero todo despide un cierto aire de déjà vu. Quizás lo más revelador es que todavía no ha decidido si asistirá el próximo viernes a la inauguración de la MAT, la línea de alta tensión que después de muchos años y retrasos unirá la red eléctrica francesa y la española y que contará con la presencia del primer ministro de Francia, Manuel Valls, y de Mariano Rajoy. Quizás la acción exterior de Cataluña pasa ahora por ausentarse en la inauguración de una importante infraestructura para no acompañar a los jefes de Gobierno de dos de “los viejos estados”. O quizás se trate de “inseguridad protocolaria”. Falta visión de Estado (del que sea).

Y en el campo político las cosas no van mejor. Las comparecencias en la comisión Pujol del lunes no fueron bien para CDC. Francesc Cabana, cuñado de Jordi Pujol y que ha publicado interesantes libros sobre la historia económica de Cataluña, mostró un gran escepticismo sobre que el origen del dinero de Pujol fuera la herencia confesada, dijo haberse sentido decepcionado e incluso indignado y pintó una familia Pujol Ferrusola poco atractiva. Así explicó que desconfiaba del comportamiento de algunos hijos de Pujol, especialmente del primogénito, que se pasea con un Ferrari y que tiene 15 o 20 coches: “Es vergonzoso, es reírse de la gente que pasa hambre”.

Pero si el testimonio de Cabana fue demoledor para Pujol, el del periodista de El Pais Ernesto Ekaizer (autor de varios libros sobre Mario Conde, la crisis y el general Pinochet) y el de Ramón Pedros, jefe de prensa de Pujol durante varios años, fueron comprometedores para Artur Mas. Ekaizer dijo que, bajo Pujol, en Cataluña imperó el “capitalismo de amiguetes” para obtener contratos públicos mientras que Pedros, que anteriormente fue delegado de la agencia Efe en Moscú, puso de relieve que Marta Ferruosola presionaba al departamento de Presidencia a favor de empresas relacionadas con sus hijos y que Joaquim Triadu, secretario general de Presidencia, había advertido al president sobre algunas actividades de sus hijos. ¿No sabía nada de nada Artur Mas, que fue conseller de Obras Públicas, de Economía y primer conseller con Jordi Pujol?

La semana ha visto también un nuevo choque entre CDC y Unió Democrática. En la admisión a trámite de la ley antiyihadista pactada por el PP y el PSOE, Duran Lleida, jefe del grupo parlamentario, ordenó votar a favor, pero sorprendentemente el coordinador general de CDC Josep Rull forzó a los diputados de CDC a votar en sentido diferente. Ello provocó una airada reacción de Duran que dijo sentirse desautorizado. CDC argumentó razones de fondo sobre la ley, poco relevantes en una simple admisión a trámite y el agit-prop convergente pasó a decir que Duran era un hombre del pasado y que la oposición de Duran a la independencia había quedado en minoría dentro de Unió.

Todo obedece al intento de un sector mayoritario de la dirección de CDC de desembarazarse de Duran con rapidez porque creen que el máximo defensor de la tercera vía –que no cesa de afirmar que es partidario de una relación confederal con España- les quita credibilidad independentista tanto para competir con ERC en ese electorado como para pactar la deseada hoja de ruta común con los republicanos para las elecciones del 27-S. Pero otro debe ser el criterio de Mas porque la reunión de la dirección de CiU de este lunes cerró filas con Duran Lleida y atribuyó la crisis a “un malentendido”.

Si ha debido haber un “malentendido” entre el sector más “enrage” de CDC y Artur Mas. El president quiere pactar con ERC y liderar el independentismo, pero sabe que la ruptura con Duran es muy inconveniente a tres meses de las municipales ya que en muchos ayuntamientos gobierna –o pretende hacerlo– la coalición. Y la ruptura tendrá costes. El primero es que puede ocasionar una crisis en el Gobierno de la Generalitat (los tres consellers de Unió cerraron filas con Duran con toda rapidez) e incluso dejar a Artur Mas sin mayoría parlamentaria. Y la marcha hacia el independentismo de CDC (que siempre cosechaba votos del catalanismo moderado) ha podido beneficiarse de la coalición con Unió ya que Duran es para muchos catalanes un aval de moderación.

Mas duda. Por una parte, sabe que para liderar el independentismo –su objetivo desde el 2012– no puede seguir haciendo lo que Pujol definió como “la puta i la Ramoneta”. Por la otra, es consciente de que necesita no perder el voto del catalanismo moderado y pactista.

En el fondo Artur Mas teme que Duran Lleida –justificado por el independentismo de CDC y por el pacto con ERC– pueda montar una lista propia que atraiga al catalanismo moderado y reacio al independentismo. Tras el 9-N, Artur Mas quiso forzar una lista única independentista. El proyecto naufragó porque Junqueras no quiso poner a ERC en hibernación durante una temporada. Y ahora puede acabar no con dos, sino con tres listas. La de ERC, la de CDC (que algunos quisieran bautizar como “la lista del president”) y la de Unió.

Mas sigue, pero está rodeado. Por la comisión Pujol, por el no de Junqueras a la lista única y por el coste del divorcio con Duran Lleida. En el independentismo empieza a haber fatiga de materiales.

Deja una respuesta