30 años del referéndum de la OTAN

Doble engaño y mandatos democráticos incumplidos

El 12 de marzo de 1986, ahora se cumplen 30 años, se celebraba en nuestro paí­s el referéndum para que la mayorí­a del pueblo decidiera sobre la pertenencia o no de nuestro paí­s a la OTAN. Por primera vez desde la creación de la Alianza, EEUU hubo de enfrentarse a la posibilidad de que un pueblo rechazara democráticamente la integración en su maquinaria bélica y quedar enganchado de forma estructural a sus planes de guerra.

Con una participación de casi el 60% del censo, los resultados son conocidos por todos. Ganó el SÍ por un estrecho margen y cerca de 7 millones de votantes optaron por el NO, a pesar de la brutal campaña repleta de trampas, las mismas preguntas del referéndum, y chantajes, la amenaza del regreso de los golpistas que sólo 5 años antes habían asaltado el Congreso y la afirmación de que el rechazo a la OTAN significaba automáticamente cerrar las puertas de nuestra entrada en la Unión Europea.

Aún así, el 47,5% de los votantes se negaron a avalar con su voto la integración de España en la OTAN. Y en cuatro Comunidades Autónomas (Canarias, Euskadi, Cataluña y Navarra) el rechazo fue mayoritario.

Treinta años después de aquel combate sostenido durante 6 años que movilizó a la sociedad española con una amplitud no vista ni siquiera en los últimos años del franquismo, ¿podemos sacar alguna conclusión para la lucha política actual; tiene hoy algún valor recordar aquella batalla, más allá de la memoria o la nostalgia? “De haberse cumplido las condiciones del referéndum hoy nuestro país disfrutaría de un alto margen de autonomía frente a Washington y, por tanto, de capacidad de maniobra para defender política y diplomáticamente sus propios intereses sin verse arrastrado a defender militarmente intereses ajenos”

¿Qué pasaría hoy si…?Como decíamos más arriba, la primera trampa del referéndum consistió en establecer un amplio preámbulo de condiciones para a continuación plantear la pregunta sometida a referéndum. De tal forma que ese preámbulo y las condiciones que formulaba (tan vinculantes como la respuesta a la pregunta final que las incluía) ocupaban nada más y nada menos que el 80% del texto de la papeleta de voto. Que decía literalmente lo siguiente:

“El Gobierno considera conveniente, para los intereses nacionales, que España permanezca en la Alianza Atlántica, y acuerda que dicha permanencia se establezca en los siguientes términos:1.º La participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada. 2.º Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español. 3.º Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España. ¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?”

¿Qué pasaría hoy, 30 años después, si las condiciones de nuestra integración en la OTAN “en los términos acordados” se hubieran cumplido? No hace falta ser un lince para imaginarlo.

Para empezar, la no integración de España en la estructura militar integrada significaría que miles de militares españoles no estarían participando en misiones en el exterior (desde Afganistán hasta el Báltico) actuando como carne de cañón o como apagafuegos de los incendios provocados por el Pentágono en medio mundo.

Además, nuestro país no podría asumir la responsabilidad de liderar ni de aportar la mayor parte del contingente de tropas –como se le exige hoy– a la Fuerza de Acción Rápida de la OTAN, diseñada expresamente para intervenir en menos de 48 horas en cualquier lugar del planeta que dicte el cuartel general de la Alianza, presidido siempre por un militar norteamericano de alta graduación. De la misma forma que no existirían –ante el desconocimiento generalizado de la opinión pública– decenas de bases militares de titularidad legal y mando teórico del ejército español, pero en realidad bajo mandato de la OTAN para utilizarlas en lo que considere conveniente.

Y, por supuesto, ni la base naval de Rota estaría llamada a ocupar hoy el papel de sede permanente de la división naval del escudo antimisiles de EEUU, ni la base de Morón se habría convertido en el cuartel general de miles de marines norteamericanos encargados de sofocar a sangre y fuego cualquier conato de rebelión contra el imperio en África. Sencillamente porque hace tiempo ya que habrían sido desmanteladas.

En definitiva, de haberse cumplido las condiciones del referéndum hoy nuestro país disfrutaría de un alto margen de autonomía frente a Washington y, por tanto, de capacidad de maniobra para defender política y diplomáticamente sus propios intereses sin verse arrastrado a defender militarmente intereses ajenos.

Desde este punto de vista, el referéndum supuso un doble engaño y una estafa. Un doble engaño de plantear una pregunta para confundir y arrastrar al mayor número de gente a votar sí, sabiendo de antemano que ninguna de esas condiciones se iba a cumplir. Una auténtica estafa a un mandato democrático en el que la mayoría de los españoles, pese a decir sí a la entrada en la OTAN lo hicieron con el compromiso expreso del gobierno de que eso no significaría la integración en la estructura militar. Y con la promesa de que a cambio de la OTAN se eliminarían las bases militares yanquis de nuestro territorio.

¿Cuántos de aquellos que en 1986 votaron NO a la OTAN, votarían hoy lo contrario si tuvieran la certeza de que se iban a cumplir las condiciones aprobadas?

Identificar correctamente el proyectoSi a lo largo de seis años el pueblo español pudo sostener una formidable batalla, poniendo en jaque hasta el final a toda una superpotencia hegemonista, fue porque previamente supimos identificar correctamente cual era el centro del proyecto principal de nuestros enemigos.

En junio de 1980, una editorial de nuestro periódico titulada “OTAN No, Referéndum sí” alertaba a todo nuestro pueblo y al conjunto de fuerzas patrióticas y democráticas que el centro del proyecto de EEUU para España había cambiado. Ya no se trataba de consolidar el naciente y todavía inestable nuevo régimen democrático, sino de forzar a cualquier precio, incluso al precio de la democracia, nuestra plena incorporación a sus planes de guerra, lo que exigía, como centro nuclear, la integración en la OTAN.

De la misma forma hoy, sin identificar correctamente en qué consiste actualmente el centro del proyectos estaremos dando palos de ciego. E inevitablemente acabaremos extraviando la lucha del pueblo por conquistar otro destino.

Unir todo lo unibleLa lucha contra la OTAN nos deja también otra enseñanza cualitativa de plena actualidad: para dar con éxito cualquier batalla es necesario unir todo lo unible. Es decir, no renunciar y luchar por unir a cualquier sector de la gente o fuerza política, sindical, social,… que, por muchas diferencias que tengan con nosotros comparten un punto fundamental: oponerse con mayor o menor consecuencia al centro del proyecto del enemigo.

Sin unir todo lo unible cualquier batalla estará condenada al fracaso. En buena medida, podemos afirmar que la victoria del gobierno de Felipe González en el referéndum se debió no tanto a la habilidad de su propaganda, como al hecho de que en el seno de las fuerzas de oposición a la OTAN pronto empezaron a aparecer tentaciones oportunistas de querer sacar rédito electoral de la enorme movilización que estaban protagonizando los sectores más dinámicos y combativos del pueblo español. Lo que no podía significar más que división y alejamiento de importantes sectores que, de otra forma, podían y debían haber participado en la lucha.

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