El escándalo del ático de lujo de la presidenta madrileña

Ayuso: ¡mi reino por un ático!

Quizá -sólo quizá- Ayuso pueda perder su reino por un capricho, es decir, por un ático.

«¡Un caballo, un caballo! ¡Mi reino por un caballo!». Sin ponernos tan dramáticamente shakespearianos como esta famosa frase de la obra Ricardo III, la más poderosa de las baronesas territoriales del PP, Isabel Díaz Ayuso, parece angustiosamente herida (políticamente) tras destaparse su escándalo veraniego, que no es otro que el de su ático de lujo en Chamberí.

«Madrid es tan grande que puedes romper con tu pareja y no volvértela a cruzar nunca más”, le dijo una vez a Alsina Isabel Díaz Ayuso para ejemplificar lo gigantesca que es la libertad a la madrileña. Por eso ya es casualidad que teniendo esta ciudad 9.139 calles, haya sido justo en la que está la casa de los padres de la presidenta madrileña en la que esté sito el ático superluxe que dado tanto que hablar este verano, y que le ha amargado el humor y las vacaciones a la pobre.

Repasemos lo que se sabe hasta el momento.

A finales de julio, en medio de un espantoso incendio en la sierra de Madrid -y de una Ayuso arrinconada y señalada por su pésima gestión de los activos para sofocarlo- El País levantó la liebre, publicando un artículo que detallaba cómo la Comunidad de Madrid -con dinero público- había comprado a tocateja, ahora sabemos que por más de 6,3 millones de euros, un lujoso ático en uno de los barrios más ricos de Madrid, el Chamartín de donde es oriunda la propia presidenta.

Al saberse todo esto estalló el escándalo. No por que la presidenta de la Comunidad de Madrid no pueda vivir donde le salga de las narices, si lo ha adquirido con sus propios medios… sino porque la compra había sido con dinero público. Y tras sacar una ley, meses antes, que permitiría a Ayuso disfrutar de ese inmueble incluso años después de dejar de ser presidenta de la CAM.

El inmueble de postín, si sumamos los gastos de notaría, el impuesto de transmisiones, el IVA, y la comisión del 3% a la exclusiva agencia inmobiliaria de la Moraleja, o la reforma del ático (1,2 millones) suma unos 8,6 millones de euros sacados íntegramente del erario público. Recordemos que se ha sentado a la mujer del presidente en el banquillo de los acusados por poner a su nombre un programa de software sin ánimo de lucro.

Estamos hablando de un presunto delito (agravado) de malversación de caudales públicos, con posibles penas de 4 a 8 años de cárcel e inhabilitación absoluta.

La vendedora del ático era ni más ni menos que la aristócrata Astrid Gil-Casares, que fuera esposa de Rafael del Pino, propietario de Ferrovial y cuarto hombre más rico de España. Es decir, miembros del puñado selecto de familias que componen la auténtica oligarquía financiera. Y el inmueble se corresponde con eso: 485 m2, una terraza de 200m2, con cinco dormitorios, seis baños, una sala de cine privada e insonorizada, una habitación para el servicio, una cocina de alta gama, amplias zonas de estar, un recibidor de grandes dimensiones…

Detallar todo esto último no es baladí, porque pone patas arriba la primera «razón oficial» de la Comunidad de Madrid al destapar la prensa la compra del ático de marras: dijeron que serviría como “oficina temporal” o espacio de reuniones para la presidenta Isabel Díaz Ayuso (o un pequeño equipo) mientras se rehabilita la Real Casa de Correos (sede de la Presidencia en la Puerta del Sol), obras que empezarían en agosto.

Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, dicen los castizos. Además de las características del pisazo, en un edificio residencial que no permite oficinas, la operación no aparecía en el portal de transparencia ni en las cuentas públicas de Planifica Madrid, no estaba presupuestada de forma clara y se mantuvo en secreto. Si la presidenta necesitaba trasladarse temporalmente por las obras de Sol ¿no había nada disponible en los 90 inmuebles que posee la Comunidad de Madrid, o los otros tantos que tendrá el Ayuntamiento de la capital? ¿no se podía haber alquilado en vez de comprar?

Al poco, se supo también que la compra en secreto del ático de Chamberí coincidió en el tiempo (en el mes de abril) con la puesta a la venta del otro ático en el que -gracias a Quirón- Alberto González Amador vivía con la presidenta, por unos 3,3 millones en total. Cuántas casualidades.

Pero lo que terminó de llenar de nubarrones el asunto y de agriar el ánimo de la presidenta es cuando se supo que la «garganta profunda» que había levantado el secreto de la compra del ático, que había suministrado la información a los periodistas de El País… era la propia Génova 13.

Ayuso y su equipo insistieron e insistieron en que el ático no era para ella, ha reiterado que no necesita residencia oficial a pocos meses de las elecciones, y ha intentado dar por zanjado el asunto (“está en venta, chao pescao”, “no se puede estirar más el chicle”). Pero los que la quieren fuera ya han olido sangre.

No estamos ante un escándalo más para la baronesa, que ha sobrevivido a cosas infinita y criminalmente más graves -como los 7.291 muertos en las residencias tras los «Protocolos de la Vergüenza»- porque contaba con el respaldo sin fisuras el partido alfa de la política española. Ahora el balazo que ha recibido Ayuso es de «fuego amigo».

Y por eso, quizá -sólo quizá- Ayuso pueda perder su reino por un capricho, es decir, por un ático.

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