Zapatero aún tiene una misión que cumplir

“Aún hay algunas medidas duras que se han de adoptar. El mercado de trabajo es un área, relativamente, aún intacta. Es un asunto polí­ticamente muy complicado, pero creo que se necesita una reforma. Hay problemas, especialmente, en la banca que ponen a España en el foco de atención internacional. Nadie pretende desestabilizar España como práctica. El objetivo es hacer que el sistema bancario y las cajas atraigan inversores extranjeros, pero, lo cierto, es que no han llegado aún. De cualquier modo, me parece natural que haya algunos inversores extranjeros que estén al acecho.”

Quizá ahora existe una cierta libertad or parte del Gobierno y de Zapatero. Tiene las manos libres para continuar con las acciones que son necesarias, decisiones que, obviamente, no serán populares a corto plazo. España necesita un liderazgo fuerte en ambos partidos. Espero que el presidente entienda este mensaje. Psicológicamente, Zapatero es en este momento libre frente a la opinión pública. Su mandato puede estar terminando, pero aún tiene una importante misión que cumplir. (ABC) EL MUNDO.- Se esfumaron los espejismos. Ni el generado por el anuncio de retirada de José Zapatero ni el surgido por la designación de Rubalcaba como su sucesor. Las expectativas electorales del PSOE vuelven a situarse a años luz de las del PP. Casi 14 puntos marcan las distancias, una diferencia que se traduciría en una clara mayoría absoluta para Rajoy, según una encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO. Apenas han transcurrido dos meses y los socialistas ven cómo se desinfla el salvavidas que les proporcionó la decisión del presidente de no repetir como candidato en las elecciones generales. Ahora, 15 días después de unas elecciones municipales y autonómicas, saldadas con un vuelco espectacular en favor de los populares, el PSOE se hunde de nuevo. EL PAÍS.- En el mundo perfecto imaginado por Berlín y el resto de líderes europeos, el gigantesco bazoca aprobado hace ya un año -750.000 millones para sofocar el incendio fiscal de la eurozona- era más que suficiente para salvar de la quema a los países con problemas y fulminar a los especuladores que apuestan contra el euro. Pero hay fuegos difíciles de liquidar. El rescate fracasó en Grecia y el contagio hizo caer a Irlanda y Portugal. La siguiente ficha de ese dominó tenía que ser España, pero de momento el juego vuelve a la casilla inicial: los sucesivos y cada vez más duros planes de austeridad de Grecia no detienen la sangría, la deuda sube, la recesión se agrava, la tensión social se dispara y Atenas necesita al menos un segundo rescate. Entrevista. ABC “Los problemas de la banca ponen a España en el foco internacional” Luis M. Ontoso Al ficharlo para dirigir el Consejo Asesor para la Recuperación Económica, Obama lo presentó como «el hombre alto detrás de mí». Paul Volcker (Cape May, 1927), figura legendaria en la política norteamericana desde que en los gobiernos de Jimmy Carter y Ronald Reagan emprendiese una cruzada como presidente de la Reserva Federal (Fed) contra los problemas inflacionistas que lastraban la economía, no necesitaba más presentación. Antes, Volcker dirigió también la Reserva Federal de Nueva York y el Tesoro. Su estatura —mide más de dos metros— y sus movimientos sosegados hacen de su silueta un elemento fácilmente reconocible en Wall Street. Locuaz,con un desinhibido sentido del humor, disecciona los sinsabores de la economía con una jovial concesión al optimismo («¡España es un gran país!», insiste, a veces agitando el brazo a modo de cómica arenga). Su receta para enfrentarse a la mayor crisis internacional desde la Gran Depresión de los años 30 consistió en cercar la especulación y los excesos financieros limitando los negocios de inversión en la banca comercial. A comienzos de año, Volcker abandonó el equipo de asesores de Obama, con el propósito de dedicarse en cuerpo y alma a su gran pasión: la pesca (según la mitología del parqué neoyorquino). Esta semana, el ex presidente de la Fed visitó nuestro país para participar en una conferencia organizada por el Instituto Aspen España. —Desde el estallido de la crisis, parece que la exigencia de mayor control sobre los mercados es unánime. ¿Cuáles son los pasos que se han de seguir? —Lo básico es asegurar cierta consistencia internacional. El dinero circula libremente por todo el mundo y, por ello, resulta tan importante la regulación. El más importante, sin duda, es el mercado de capitales, al que dirigimos nuestros esfuerzos desde hace un par de décadas. Hay preocupaciones estructurales que son importantes, como el control de los derivados, los pasos que se deben tomar, qué hacer con las instituciones que se desmoronan cuando estas operan en todo el mundo. Se necesita, repito, una coherencia que aún no hemos alcanzado. Creo que existe unanimidad al concebirlo como problema, pero las discrepancias entre los países impiden llevar a cabo medidas más concretas. —En el caso de España, ¿descarta medidas de ajuste adicionales? —Aún hay algunas medidas duras que se han de adoptar. Hay problemas, especialmente, en la banca que ponen a España en el foco de atención internacional. —Ya se han adoptado varias medidas… ¿dónde cree que hay margen para actuar? —El mercado de trabajo es un área, relativamente, aún intacta. Es un asunto políticamente muy complicado, pero creo que existe un consenso muy amplio de que se necesita una reforma en el proceso de organización y en la libertad de contratación. —¿Cree que los bancos y cajas españoles conservan aún su atractivo, pese a la crisis de deuda que ha azotado con mayor intensidad a la periferia europea? —Nadie pretende desestabilizar España como práctica. El objetivo es hacer que el sistema bancario y las cajas atraigan inversores extranjeros, pero, lo cierto, es que no han llegado aún. De cualquier modo, me parece natural que haya algunos inversores extranjeros que estén al acecho. —¿Sabe si se han dado pasos en esa dirección? —No participo activamente en los negocios, así que no puedo especificar. Pero me parece natural que haya algunos inversores extranjeros que observen y actúen. —¿Cómo calificaría la situación de la economía española? —Nadie duda de que es una situación difícil: alto nivel de desempleo, alta deuda hipotecaria, el sistema bancario tiene problemas. Hay mucho trabajo en todas las direcciones, aunque ya se han tomado algunas acciones prioritarias, como el reconocimiento del problema financiero. España es uno de los países decisivos. Es una de las mayores economías y tiene la capacidad de ser estable y competitiva, pero se está estancando. —¿Cree que logrará cumplir con los objetivos de déficit a los que se ha comprometido con la UE? —Sí. Considero que España es un país fuerte, que ya lo demostró en una ocasión y puede volver a hacerlo. —¿Tiene Zapatero, tras la derrota electoral, el liderazgo necesario para asumir las nuevas medidas que considera exigibles? —Quizá ahora existe una cierta libertad por parte del Gobierno y de Zapatero. Tiene las manos libres para continuar con las acciones que son necesarias, decisiones que, obviamente, no serán populares a corto plazo. España necesita un liderazgo fuerte en ambos partidos. Espero que el presidente entienda este mensaje. —¿Sería deseable la convocatoria de elecciones anticipadas? —Psicológicamente, Zapatero es en este momento libre frente a la opinión pública. Su mandato puede estar terminando, pero aún tiene una importante misión que cumplir. —¿Cómo ven desde EE.UU. los pasos que se están dando en España? —¡Bastantes problemas tiene EE.UU! (risas)… La situación de la economía española es determinante para la economía europea. Yo estaba seguro, al principio, de que el proyecto de la moneda común era una buena idea. Pero debemos rediseñar algunas de las restricciones y las disciplinas impuestas por la moneda única. Han resultado eficaces para determinados países durante un tiempo determinado, pero debemos analizar dónde nos lleva compartir una moneda única. Y creo que es un debate que radica en el euro, porque implica restricciones a varios países individuales. —¿Debe incrementar sus esfuerzos entonces la UE, además de los rescates aprobados de Grecia, Portugal e Irlanda? —Desde luego, si se quiere tener un mercado único y abierto y preservar el intercambio de bienes, la moneda única es un aliado natural. Es crucial que se respete la disciplina, que no se puede salir y entrar continuamente en el euro, lo necesario para mantener un país competitivo con la moneda única. —¿Son fundados los temores a una ruptura de la moneda única? —Probablemente, pero no creo que ustedes quieran que eso ocurra (risas). De eso trata toda esta lucha, de evitarlo con todos los medios que se tienen al alcance. Si eso sucediese, la situación sería muy destructiva para la estabilidad de la Unión Europea. ABC. 5-6-2011 Encuesta. El Mundo Rubalcaba tampoco salva al PSOE Marisa Cruz Se esfumaron los espejismos. Ni el generado por el anuncio de retirada de José Luis Rodríguez Zapatero ni el surgido por la designación de Alfredo Pérez Rubalcaba como su sucesor. Las expectativas electorales del PSOE vuelven a situarse a años luz de las del PP. Casi 14 puntos marcan las distancias, una diferencia que se traduciría en una clara mayoría absoluta para Rajoy, según una encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO. Apenas han transcurrido dos meses y los socialistas ven cómo se desinfla el salvavidas que les proporcionó la decisión del presidente de no repetir como candidato en las elecciones generales. Ahora, 15 días después de unas elecciones municipales y autonómicas, saldadas con un vuelco espectacular en favor de los populares, el PSOE se hunde de nuevo. Ni el adiós de Zapatero ni el aquí estoy de Rubalcaba parecen conmover a los votantes, que se mantienen firmes en su decisión de apartar a los socialistas de todos los ámbitos de poder. Si hoy se celebraran las elecciones generales, el PP arrasaría consiguiendo un 45,9% de los votos frente al 32,1% que lograría el PSOE. La diferencia entre ambas fuerzas sería, pues, de 13,8 puntos. Ésta es la principal conclusión que se extrae del sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO. La encuesta ha sido realizada entre el 1 y 2 de este mes, por lo que recoge el impacto de la aclamación por parte de la cúpula del PSOE del vicepresidente primero como próximo cartel socialista. Los resultados del sondeo podrían también compararse con los obtenidos por ambos partidos en los recientes comicios municipales celebrados en toda España (no así con los autonómicos, puesto que, hace dos semanas, cuatro comunidades no acudieron a las urnas). De esta comparativa el PP también sale bien parado. Hace dos semanas, el partido liderado por Mariano Rajoy logró un 37,5% de los sufragios (8,47 millones de votos), en tanto que el PSOE se quedó con el 27,79% (6,27 millones de papeletas). En definitiva, la distancia entre ambos fue de casi 10 puntos (9,8). Ahora, si la convocatoria fuera de elecciones generales, la brecha en favor de los populares se agrandaría en cuatro puntos más. Tomando como punto de referencia los resultados de los comicios de marzo de 2008, se constata la caída en picado que han sufrido los socialistas a lo largo de la legislatura. La crisis económica y la gestión de la misma por parte del Gobierno de Zapatero les pasa una factura elevadísima. Nada menos que 11,8 puntos se han dejado en el camino. En las elecciones de 2008 obtuvieron un 43,9% de los votos y ahora sólo llegarían al 32,1%. El ascenso del PP en los últimos tres años también ha sido muy importante, pero no es comparable al hundimiento del PSOE. Los populares conseguirían hoy mejorar su resultado de 2008 en seis puntos, pasando del 39,9% que alcanzaron entonces al 45,9% que lograrían hoy. Los tres años largos de legislatura han sido como un tobogán por el que se ha ido deslizando de forma imparable el Gobierno y el partido que lo sustenta. En el curso del último año, las distancias entre las dos grandes fuerzas políticas se han convertido en irreversibles. En mayo de 2010, cuando el presidente Zapatero subió a la tribuna del Congreso para anunciar un paquete durísimo de recortes, la brecha se instaló en los 10,5 puntos. A partir de ahí ya no se achicaría. A finales de año -en la encuesta publicada por EL MUNDO el 2 de enero de 2011- la distancia se situó en un nivel récord: 18,4 puntos. En febrero, la diferencia era de 16 puntos y, en marzo, de 16,5. La distancia se aminoró considerablemente cuando Zapatero anunció en abril que no repetiría como candidato. Su decisión animó a los votantes considerablemente, hasta el punto de que, en la encuesta que Sigma Dos realizó entonces para EL MUNDO, se redujo el abismo que separaba al PSOE del PP en nueve puntos, hasta situarse entre el 7,1 y el 7,9, dependiendo del candidato que compitiera con Rajoy. La ministra de Defensa, Carme Chacón, era el cartel que mejor resultado obtenía. Tras ella, y a muy poca distancia, se situaba Rubalcaba. No obstante este efecto ahora ha desaparecido. Con Rubalcaba ya como candidato socialista -el falso proceso de primarias aún no ha concluido, pero no existe posibilidad alguna de que ningún rival le arrebate el trono-, las aguas electorales vuelven al cauce de hace poco más de dos meses. Por el momento, en la encuesta no se aprecia ni atisbo de la esperanza de último minuto a la que se amarran ahora los socialistas, y que no es otra que la de creer que los comicios autonómicos y municipales han podido servir para absorber parte del malestar de los votantes con la política del Gobierno. Los datos demuestran lo contrario. Y, en relación con el resto de los partidos, la tónica marcada por las elecciones de hace dos semanas parece confirmarse. Según el sondeo, Izquierda Unida conseguiría hoy un resultado notablemente mejor que el de 2008. Subiría nada menos que dos puntos, pasando del 3,8% de los votos al 5,8. Importante sería también el ascenso que registraría UPyD, la formación liderada por Rosa Díez, que saltaría del 1,2% que cosechó en las elecciones generales de hace tres años al 3,6%. UPyD triplicaría su porcentaje de votos. Entre estos dos partidos le robarían al PSOE 4,5 puntos. Entre las fuerzas nacionalistas, sólo CiU lograría mejorar su marca de 2008, en cinco décimas, en tanto que el PNV y ERC se dejarían respectivamente 0,2 y 0,1 puntos. EL MUNDO. 5-6-2011 Economía. El País Elija: bancarrota o rescate Claudi Pérez En el mundo perfecto imaginado por Berlín y el resto de líderes europeos, el gigantesco bazoca aprobado hace ya un año -750.000 millones para sofocar el incendio fiscal de la eurozona- era más que suficiente para salvar de la quema a los países con problemas y fulminar a los especuladores, a la manada de lobos que apuestan contra el euro. Pero hay fuegos -y lobos- difíciles de liquidar. El rescate fracasó en Grecia y el contagio hizo caer a Irlanda y Portugal. La siguiente ficha de ese dominó tenía que ser España, pero de momento el juego vuelve a la casilla inicial: los sucesivos y cada vez más duros planes de austeridad de Grecia no detienen la sangría, la deuda sube, la recesión se agrava, la tensión social se dispara ("¡ladrones, ladrones!", gritan a diario miles de personas frente al Parlamento, en la plaza Syntagma) y Atenas necesita al menos un segundo rescate. Más dinero. Aunque tal vez eso no sea suficiente: algo parecido a una suspensión de pagos de la deuda griega gana fuerza en Europa. Eso sí, con un lenguaje mucho más elegante que el desagradable y tradicional impago, algo familiar en el segundo y tercer mundo, y por lo tanto un perfecto tabú en la vieja Europa. Políticos y economistas hablan de reestructurar, reesquematizar, incluso reperfilar la deuda griega. Al final, pese a las extravagancias lingüísticas, se trata de la misma idea: la imposibilidad de un país de servir al menos una parte de su deuda, y por tanto la ocasión de que el sector privado (en este caso básicamente la banca, que posee la inmensa mayoría de los bonos de los países con problemas) cargue con parte de la factura. "Grecia no puede pagar. Es imposible, se pongan como se pongan Bruselas, París, Berlín y el Banco Central Europeo", asegura el historiador económico Barry Eichengreen desde Berkeley, California. Exactamente lo mismo, con distinto énfasis, expresa el resto de economistas consultados para este reportaje, además de la práctica totalidad de la gran banca internacional y ese ente amorfo y semidesconocido que solemos llamar mercado, que hace tiempo que descuenta para la deuda de Grecia intereses de derribo; de quiebra. Y exactamente lo contrario sostenían el BCE, el FMI y la Comisión Europea, la troika que evalúa constantemente la situación del país helénico. Hasta hace apenas unos días. Una reestructuración de la deuda griega "no está sobre la mesa" (Jean-Claude Trichet, presidente del BCE). "Sería catastrófica" (Christine Lagarde, ministra de Finanzas francesa y máxima candidata a dirigir el FMI). "Crearía riesgos potencialmente incalculables" (Jürgen Stark, economista jefe del BCE). Y la opinión definitiva: "Sería un nuevo Lehman Brothers", profetizó hace dos semanas el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. Suena extraño, pero Schäuble y Berlín han sido capaces de sostener una tesis y su contraria en función de cálculos puramente políticos: Alemania sugirió en su día la idea de una reestructuración suave, el eufemismo preferido para una suspensión de pagos parcial -ampliando los plazos de devolución o recortando los tipos de interés- que sigue estando estigmatizada en Europa. Después se vio obligada a rechazar esa idea ante la presión del BCE, pero la tormenta ya estaba desatada en los mercados, siempre cómodos en esos arreones. El rumor ha ido ganando verosimilitud en medio de esa cacofonía de voces que es últimamente la eurozona. Hasta el punto de que ya ni siquiera el banco central está en contra de alguna forma de reestructurar en Grecia: "Siempre hemos entendido la participación del sector privado [en la reestructuración de la deuda] como una posibilidad", dijo el jueves el vicepresidente del Eurobanco, Vitor Constancio. Siempre es una palabra que no debería estar permitida a los hombres, decía Borges. En realidad, el BCE se ha opuesto rotundamente -hasta ahora- a la reestructuración con muy buenas, con excelentes razones: el miedo a que eso abra la puerta a otras reestructuraciones en Irlanda y Portugal, el miedo a los ataques en los mercados a toda la deuda periférica e incluso a la de países como España e Italia, el miedo a que eso aminore la fuerza de los planes de austeridad, el miedo a desestabilizar la banca (y no solo en Francia y Alemania: también en Grecia, Irlanda y Portugal), "pero sobre todo la sospecha de que no es fácil que los bancos asuman pérdidas y el temor a que eso desate una enorme tensión en el mercado de seguros de impago de deuda pública (CDS) y nadie sepa qué puede suceder entonces"; todo eso explica el tono a veces histérico del BCE, explica Eichengreen, firme partidario de una reestructuración ordenada. Ordenada es la palabra clave, aunque no parece sencillo conseguir ese orden a la hora de reestructurar. "Las autoridades europeas tienen la tentación de posponer lo inevitable con el opio de más fondos públicos para Grecia", advierte Carmen Reinhart, del Peterson Institute, que añade: "Esa resistencia, esa negación de la realidad, no hace más que echar a rodar montaña abajo una bola de nieve: la deuda de Grecia no va a dejar de aumentar y son los bancos griegos quienes más van a sufrir las consecuencias, porque las entidades alemanas y francesas llevan meses reduciendo su exposición al país. Puede que un nuevo rescate calme a los mercados a corto plazo y Europa gane tiempo para posponer una quita que es difícil de explicar y que al final requerirá más dinero público para sostener a los bancos afectados. Pero al final una reestructuración es inevitable, y probablemente no solo en Grecia: Irlanda y Portugal son de nuevo los sospechosos habituales". Los bancos que concentran la deuda de esos países (las entidades españolas están libres de sospecha en Grecia e Irlanda, pero no en Portugal) son los que pueden sufrir con la reestructuración. Probablemente necesitarán más fondos públicos para evitar problemas: una vez más, esa vieja historia del sector público al rescate. Tomás Baliño, exsubdirector del FMI, avisa de las dobleces de ese argumento que pone el énfasis en que al final el sector privado compartirá las pérdidas: "Ese sector privado son los bancos, y si hay reestructuración las entidades financieras van a necesitar más dinero. Inyectar más fondos públicos en los bancos no va a ser fácil de explicar a los contribuyentes. De ahí el interés por esperar un poco más a que las entidades más expuestas a Grecia, Irlanda y Portugal se rearmen. Aunque también puede que al final no haya una quita y los contribuyentes paguen todos los platos rotos, como tantas otras veces". Tanto un nuevo rescate como un impago parcial son malas noticias: algo así como escoger entre lo malo y lo peor. Lo más probable es que al final la eurozona y Grecia arbitren una solución combinada: más ayuda para Grecia a cambio de nuevas medidas de austeridad -que incluyen privatizaciones prácticamente forzosas- más un canje voluntario de la deuda griega en manos de la banca por nuevos bonos para prorrogar los vencimientos. En otras palabras: un cóctel de más recortes y reestructuración suave que no dañe a la banca; la falta de consenso en Europa no permite ir más allá en estos momentos. "Pero eso, en definitiva, supone contemporizar una vez más, poner un parche para un boquete serio. La solución definitiva solo puede llegar si Alemania se presta a tomar decisiones difíciles. Y no veo ese liderazgo capaz de trazar una línea en la arena", advierte Ken Rogoff, execonomista jefe del FMI. Esa es una crítica recurrente en la interminable crisis del euro: la falta de liderazgo. Es una crítica injusta: "Hay un liderazgo claro y está en función de los intereses electorales de Alemania", asegura el economista griego Costas Lapavitsas, que cita ejemplos como el retraso del rescate a Grecia en mayo de 2010 y la situación de indefinición actual, con la canciller Angela Merkel perdiendo peso político en varios länder. En Alemania habrá presidenciales en 2013. Tal vez demasiado tarde; demasiado lejos como para esperar un golpe de mano contundente. "La tendencia en Europa es siempre la patada hacia delante, consiste en retrasar las soluciones definitivas tanto como sea posible para ganar tiempo. No hay líderes: Alemania sigue desaparecida. Si todo el mundo sabe que Europa necesita más unión política, incluyendo una política fiscal única y la emisión de Eurobonos, Berlín lo único que decreta es esa estrategia de imponer más y más austeridad", ataca Dani Rodrik desde Harvard. En ese sentido, las últimas propuestas para Grecia rayan la humillación: una agencia europea que controle las privatizaciones y la recaudación de impuestos es una acusación velada de incapacidad hacia Atenas. "Condiciones más y más duras agradarán al electorado alemán, pero son económicamente muy destructivas. Las recetas impuestas a Grecia impiden la recuperación de su economía. En realidad, todo esto ha dejado de ser un problema económico para convertirse en un problema político, con intereses enfrentados: Alemania quiere proteger a sus bancos y a sus contribuyentes. Y en esas condiciones, Grecia está condenada a no salir del pozo", avisa el economista Charles Wyplosz, de visita en Madrid esta semana. Ni uno solo de los expertos consultados lo ve claro. Eichengreen asegura que Alemania parece decidida a nombrar "un general" para poner firmes a Grecia. Lapavitsas sospecha que al final toda la crisis procede de la decisión de la eurozona de evitar a toda costa impactos sobre la banca: "La Unión sacrifica los intereses de los griegos a los intereses de los bancos". Las condiciones del rescate a Grecia son más y más duras: aun así no se atisba la salida del túnel. Lo único que crece en Grecia es la deuda y la tensión social. Hay que conocer la historia para escapar de ella: tras la I Guerra Mundial, un joven economista llamado John Maynard Keynes aseguró que las enormes cargas impuestas a Alemania como compensación por el conflicto podían tener sombrías consecuencias. Hitler acabó ascendiendo al poder tras una época de graves dificultades económicas: uno de sus primeros actos al asumir el poder en enero de 1933 fue declarar que Alemania no pagaría a sus acreedores extranjeros. Eso no es exactamente una reestructuración suave. En fin, la historia no se repite, pero a veces rima. "Y esta vez nos recuerda que estamos jugando con fuego", cierra el historiador Kevin O’Rourke desde Dublín. EL PAÍS. 5-6-2011 Reforma laboral. El Correo Los empresarios marcan su territorio para futuras reformas laborales M. J. Alegre Los convenios laborales se reformarán por decreto. Empresarios y sindicatos se acusan mutuamente de ser causantes de la quiebra del entendimiento que persiguieron durante cuatro meses de encuentros. Sacar adelante un cambio firmado por ambas partes hubiera sido una demostración de que los interlocutores sociales estaban dispuestos a ceder lo que fuera necesario para reducir con la máxima celeridad un registro de parados de casi cinco millones que reconocen como la «gran tragedia» de la economía española. También se jugaba en ello la posibilidad la ‘foto’ de un nuevo acuerdo y generar algunos réditos políticos para un Gobierno en franca decadencia. No pudo ser. Las centrales aseguran que la política se interpuso en la recta final del diálogo, cuando faltaba «apenas un cuarto de hora» para la firma. La patronal matiza ahora que su plena disposición a negociar, que ha venido marcando los encuentros, pudo interpretarse como un principio de acuerdo, cuando a su mesa seguían llegando propuestas más contundentes de las distintas organizaciones que la conforman, cuyo contenido no podía obviar. ¿Negoció el presidente de CEOE Juan Rosell más allá de lo que su mandato le facultaba? O, más bien, ¿fue la abultada derrota socialista en las elecciones municipales y autonómicas lo que llevó a pensar a distintas agrupaciones empresariales que era «mejor esperar», antes que pactar lo que un futuro Gobierno del PP podría legislar desde posiciones más cercanas a sus intereses? Las opiniones siguen divididas. El papel de la CEIM La potente patronal madrileña, CEIM, presidida por el empresario hostelero Arturo Fernández, se ha erigido, finalmente, como la responsable de ‘llamar al orden’ al presidente Rosell. Esta organización consideraba que los avances en la liberalización del marco de las relaciones laborales eran tan débiles como ineficaces para los propósitos que se pretendían. Y por ello, en la reunión del comité ejecutivo de CEOE celebrada el 18 de mayo se emitió un duro comunicado que encendió todas las alertas: los empresarios entendían que las propuestas colocadas sobre la mesa no les resultaban en absoluto satisfactorias. Con las tensiones a flor de piel, los empresarios paralizaron el envío del documento-propuesta que los sindicatos esperaban recibir el viernes 20 de mayo. La alternativa les llegó el lunes 23, una vez conocidos los resultados de los comicios y, para su sorpresa, en su texto se apreciaban sustanciales cambios. CEIM sostenía que «entendemos que la reforma de la negociación colectiva que se vislumbra como posible (…) no alcanza en modo algunos los niveles mínimos de exigencia». Pero la patronal madrileña no era la única en defender que la oportunidad de cambiar debe ir más lejos, según apuntan otras fuentes que remiten al Consejo de Competitividad, en este caso, las grandes empresas, como inspiradoras de la ruptura. Según éstas, lo que el Gobierno legisle siempre irá un punto más allá de las posiciones de los sindicatos. Y añaden que en un proceso como la reforma laboral, con las exigencias de los mercados siempre pendientes, y el precedente de la agenda impuesta a Portugal para su rescate, lo único impensable es una «marcha atrás». EL CORREO. 5-6-2011

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