50 aniversario de Mayo del 68 (2)

Y París se tiñó de rojo

Se ha ocultado sistemáticamente la enorme influencia del marxismo y de las organizaciones comunistas en el impulso revolucionario de Mayo del 68

En 1967, Jean-Luc Godard, figura emblemática del nuevo cine francés, estrena La Chinoise, una película donde un grupo de estudiantes pertenecientes a una célula de un partido pensamiento Mao Tse-Tung debaten sobre la revolución, se enfrentan a los viejos partidos prosoviéticos que exigen sumisión a Moscú, apoyan la lucha del pueblo vietnamita frente a EEUU o la liberación de Argelia del dominio colonial galo.

Su enorme éxito expresaba el caldo de cultivo que un año después estallaría, en París y en toda Francia, en un torrente revolucionario, revelando uno de los aspectos más ocultos y olvidados del tantas veces visitado “Mayo del 68”: la enorme influencia del pensamiento marxista, y de la actuación de las organizaciones comunistas.

De Pekín a París

En mayo de 1968 las organizaciones chinas de obreros revolucionarios, de campesinos pobres y medios y de Guardias Rojos hacían pública una “Declaración apoyando resueltamente la lucha de los obreros y estudiantes franceses”.

En Pekín, multitudinarias manifestaciones se solidarizaban con “la marea revolucionaria protagonizada por el movimiento obrero y estudiantil en Francia y otros países capitalistas”.

Pero estos lazos de unidad eran mucho mayores. Sin lo sucedido en Pekín no hubiera ocurrido lo que tiñó París de rojo.

En ese mismo año, el 20 de agosto de 1968, la invasión de Checoslovaquia por las tropas soviéticas evidenciaba a los ojos de todo el mundo el monstruo en que se había transformado la URSS.

Frente a la degeneración soviética, donde el primer país socialista acabó transformado en un negro fascismo imperialista, el PCC y el pueblo chino dan una justa respuesta en el terreno ideológico, teórico y práctico.

El furibundo y enloquecido odio que despierta la Revolución Cultural china en los grandes medios es expresión de su enorme importancia, de su extraordinario potencial revolucionario.«El movimiento revolucionario que va a desatarse en Francia no está guiado por una vaga rebelión contra las normas, sino por un sincero impulso revolucionario»

Una enorme movilización se levante contra la amenaza de que la restauración del capitalismo, que ya se ha ejecutado en URSS, cambie el color de China, del rojo al negro.

Frente al dominio de una reducida nomenklatura, el conjunto del pueblo chino no permite que se manejen los asuntos en su nombre, pulverizando el veneno ideológico que, haciéndolo pasar por marxismo, se difunde desde Moscú.

El impacto de la Revolución Cultural china abre un nuevo big bang revolucionario, comparable al que en 1917 estalló tras la Revolución de Octubre.

Quienes huían del hedor que transmitía la URSS apoyan de forma entusiasta la línea revolucionaria que China impulsa.

En todo el planeta se fundan multitud de partidos pensamiento Mao Tse-Tung, y las enseñanzas de la Revolución Cultural impregnan multitud de movimientos revolucionarios.

¿Rebelión o revolución?

En Francia, el pensamiento Mao Tse-Tung tiene, a diferentes niveles, un enorme impacto en el mundo intelectual.

Louis Althusser forma toda una generación de filósofos marxistas en abierto combate a los fundamentos teóricos de la degeneración soviética; Michel Focault mira hacia China como referencia frente a la subversión difundida por Moscú; incluso Sartre, emblema del existencialismo, se lanza a las fábricas a vender a los obreros ejemplares de un periódico maoísta.

No hay un solo intelectual de renombre en Francia que no coja al marxismo como referencia, y que no tome posición, o tenga simpatías, por el pensamiento Mao Tse-Tung.

Pero no es un simple debate intelectual. El movimiento revolucionario que va a desatarse en Francia no está guiado por una vaga rebelión contra las normas, sino por un sincero impulso revolucionario.

El “Movimiento 22 de marzo” (fundado ese mismo día de 1968 a raíz de la protesta contra la detención de estudiantes miembros de un comité de solidaridad con Vietnam, y que será uno de los centros dirigentes de las movilizaciones) se funda sobre “el rechazo más directo y eficaz de una universidad clasista”, “la denuncia de un saber neutro y objetivo”, “el cuestionamiento del lugar objetivo que estamos destinados a ocupar en la división actual del trabajo”, o reclamando “una confluencia con los trabajadores en lucha”.

Al mismo tiempo se desata en Francia un gigantesco y radicalizado movimiento huelguístico. En pocas semanas hay ocho millones de huelguistas, la mitad de la población trabajadora. Más de 300 fábricas y minas claves fueron ocupadas por los trabajadores. En muchas ocasiones los manifestantes se apoderaron de las fábricas, retuvieron detenidos a directores y gerentes y ondearon banderas rojas en los techos de los edificios de las fábricas.«En numerosas universidades, organizaciones pensamiento Mao Tse-Tung se ganaron la dirección con el apoyo de los estudiantes»

¿Y quién dirigió este enorme movimiento de masas? No fue, como nos han intentado hacer creer, un estallido espontáneo y casi casual. Estaba impulsado por nuevas organizaciones revolucionarias, muchas de ellas comunistas.

En numerosos núcleos del movimiento estudiantil, organizaciones pensamiento Mao Tse-Tung como la Unión de Juventudes Comunistas Marxistas-Leninistas o el Partido Comunista Marxista-Leninista de Francia, se habían ganado la dirección con el apoyo de los estudiantes.

En los principales sindicatos surgían corrientes revolucionarias frente al llamamiento a la tranquilidad de unas direcciones que acabaron desbordadas.

Independientemente de su resultado final -que abordaremos en siguientes entregas de este serial- el impulso inicial del movimiento revolucionario de mayo del 68 iba dirigido a cuestionar los cimientos del orden burgués que se había vendido como motor de la prosperidad europea tras la IIª Guerra Mundial.

No eran estudiantes que jugaban a la revolución, sino la expresión en las sociedades de capitalismo desarrollado de un terremoto revolucionario que sacudía todo el mundo.

Ocultar este filo revolucionario, y el peso que el marxismo y las organizaciones comunistas tuvieron en él, es un objetivo nada disimulado de todas las celebraciones oficiales que cincuenta años después vuelven su mirada a mayo del 68.

Un comentario sobre “Y París se tiñó de rojo”

  • ÚLTIMO EPISODIO DE UNA ÉPOCA dice:

    No creo que fuera revolución. Eso sí: el movimiento del 68 fue muchas cosas. Desde cierto ángulo, fueron los últimos coletazos del «mundo obrero» que iba desapareciendo en los países nucleares del Imperio a la par que se consumaba aquello que Marx había llamado «la dominación real» (y no tan solamente formal) del Capital. También arrastró a la sociedad desde el impulso de insatisfacción o de «malestar colectivo», demostrando en la práctica uno de los principios del comunismo, formalizado por la fuerza italiana de nuestra clase y concretamente por la oposición bordiguista en la III Internacional: «Jamás la mercancía saciará a la humanidad». Francia tenía dos televisiones por familia, lavadoras, los medios de comunicación usaban el ciclotron, se aplicaba la cibernética a los estudios administrativos sobre inquietudes sociales y respuesta de provisión, se popularizaban las vacaciones en el Club Mediterranée. Y sin embargo bajo el pavimento hervía la playa, alienada y solamente re-presentada por el espectáculo.
    De todos modos, también hay que ubicar este movimiento en una intersección de ciclos capitalistas: el reflujo de los años dorados de la posguerra mundial y el inicio de la crisis comercial -más tarde petrolera- en «occidente». En la práctica, más allá del lirismo con que el propio espectáculo re-presentaba el movimiento real, éste quedó abortado por la sencilla satisfacción estatal de las peticiones por mejora de condiciones. Lo que quedó fue el uso exitoso atlantista de los movimientos de masas, para apuntar y destronar a personas que les eran incómodas, como el General Degaulle, anti-otan, pro-árabe y partidario de un modelo estatal de economía mixta.
    Un libro para entender el 68: LA SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO. Decía su autor, Guy Debord: «Emanciparse de las bases materiales de la realidad tergiversada», y el sujeto de tal cometido no será jamás «Ni el individuo aislado ni la muchedumbre atomizada. Sólo el proletariado».

Deja una respuesta