Centenario de la fundación del PCCh

Y China sigue poniéndose en pie

Hace exactamente un siglo, nadie cubrió la reunión donde apenas 12 delegados fundaron en Shanghái el Partido Comunista de China (PCCh). Cien años después, todos los focos del mundo se han dirigido hacia la celebración de su centenario. Hoy no es posible comprender el mundo actual sin la acción de China, y no se puede entender el salto gigantesco dado por el país asiático durante el último siglo, de paria global a protagonista internacional, sin la dirección del partido comunista.

Cuando el PCCh se fundó hace un siglo nadie habría apostado por su futuro, ni por el de China. No parecía que fuera a ser uno de los partidos comunistas más decisivos, ni uno de los países más influyentes. Sin embargo, el proceso de transformación de China desde 1949, cuando el PCCh llega al poder, no tiene parangón, ni por su rapidez ni por su calado.

Hablar del PCCh es hacerlo de la más rabiosa actualidad. Para unos la emergencia de China, bajo la dirección de un partido comunista, es una esperanza frente a los sangrantes efectos de la hegemonía norteamericana. Para otros, el creciente poder chino es una amenaza, un “modelo autoritario alternativo a las democracias occidentales en crisis”.

¿Qué ha significado para China, y para el mundo, el PCCh? ¿Cuáles son sus planes para el presente y el futuro?

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Del gran despegue al “xiaokang”

Tres instituciones nada sospechosas de “prochinas” han publicado encuestas con resultados sorprendentes. La Universidad de Harvard publicó que el 93% de los chinos están satisfechos con su gobierno, o lo que es lo mismo con la política del PCCh. Otra encuesta de la York University de Canadá arrojaba que la confianza de los chinos en la acción de su gobierno durante la pandemia se eleva al 98%. Mientras el Munich Security Report afirma que los chinos tienen el índice de percepción de riesgo más bajo, y el nivel de confianza más alto en el futuro, de todos los países estudiados.

Uno de los investigadores del Instituto Elcano -una institución de sesgo conservador- afirma que ese grado de apoyo social al gobierno de Pekín se basa en “dos pilares sólidos: el desarrollo socioeconómico y ser el aglutinador del nacionalismo chino”.

El despegue de China alcanza hoy extremos espectaculares: compite en sectores de alta tecnología, como ordenadores y móviles, es capaz de enviar una nave que aterrice en la cara oculta de la Luna, construye en solitario una estación espacial, y prepara una misión tripulada a Marte.

Pero la auténtica revolución económica está en las repercusiones sobre la vida de 1.400 millones de chinos. En 1949, el año de la revolución, la esperanza de vida en China estaba… en los 35 años. En 1978, tras solo tres décadas de gobierno del PCCh, se había casi duplicado, hasta los 66 años, y no ha dejado de crecer, hasta situarse en los 77 años.

Durante las últimas décadas, 850 millones de chinos han salido de la pobreza. De hecho, China es responsable del 70% de la reducción de la pobreza a nivel mundial. Y, desde la nada más absoluta, ha levantado el sistema de seguridad social más grande del mundo: el seguro médico básico cubre a más 1360 millones y el seguro básico de vejez a más de 1000 millones.

La transformación de China desde 1949, cuando el PCCh llega al poder, no tiene parangón, ni por su rapidez ni por su calado

Pero China quiere más, anunciando la necesidad de acelerar el crecimiento en los próximos años. ¿Busca convertirse en “la primera potencia económica mundial”, desbancando a EEUU? La respuesta está en una palabra china –“xiaokang”- repetida machaconamente durante la celebración del centenario del PCCh. Significa el objetivo de convertir a China, en el 2049 -cuando se cumplirá un siglo de la toma del poder comunista- en “una sociedad moderadamente próspera”.

¿Una falsa demostración de humildad, por parte del país que ya es el segundo del mundo por volumen de PIB? No. Y los números lo demuestran. El PIB per cápita de China es de 10.261 dólares; el de España asciende a 29.600; y el de EEUU a 65.297.

A pesar de la grandiosidad de sus cifras, en una nación de 1.400 millones de habitantes, el desarrollo de China sigue estando hoy por debajo de sus posibilidades reales. Y esto repercute en que el nivel de vida general de la población está todavía lejos del que el país, y el propio PCCh, desea.

Soberanía, soberanía y soberanía

En los discursos que han celebrado el centenario del PCCh se han repetido dos lemas, situados como metas a conquistar: “rejuvenecer la nación china” y convertirse “en una fuerte potencia socialista”. Algunos medios han denunciado que con estas palabras se desvelan las agresivas intenciones de convertirse en la futura superpotencia que ocupe el trono hoy monopolizado por EEUU.

Para resolverlo hay que fijarse en una de las frases que el actual líder chino pronunció en el acto central del centenario. Desde el mismo lugar en que Mao proclamó que “el pueblo chino se ha levantado”, Xi Jinping declaró que “el tiempo en que el pueblo chino podía ser pisoteado, en que sufría y era oprimido ha terminado para siempre. El auge de China es irreversible”.

Estas palabras son compartidas por la inmensa mayoría de los chinos, comulguen con el gobierno o lo critiquen. Y no se puede entender la China actual sin partir de ellas.

China es hoy un factor de desarrollo, paz y estabilidad en el mundo. No puede decirse lo mismo de EEUU

A principios del siglo XIX, China era un gran imperio, y concentraba el 25% del PIB mundial. La llegada de las potencias imperialistas occidentales, a las que se añadieron Rusia y Japón, supuso su caída a los infiernos. Esquilmaron el país, desgajaron ciudades o regiones enteras, desde Hong Kong y Macao a Manchuria o Taiwán, y el nivel de vida del pueblo chino descendió a cotas de miseria inimaginables.

La recuperación de la independencia nacional en 1949, con la victoria del PCCh, tuvo un efecto inmediato. Liberada del mordisco de los vampiros, China creció y creció, y sigue haciéndolo.

Es esa independencia absoluta la que convierte la emergencia china en una bomba de relojería que socava los mismos cimientos de la hegemonía norteamericana.

Por eso, EEUU la ha declarado como su “rival estratégico”, e incluso intenta hurgar en sus conflictos internos, en Xinxiang con las contradicciones con la población musulmana, en Taiwan rearmando lo que Pekín considera parte de su territorio, o en Hong Kong alentando los disturbios.

¿Oportunidad o amenaza?

Machaconamente se sitúa la emergencia china como una amenaza para “el mundo occidental”. Afirmando que  está a las puertas de convertirse en “la nueva superpotencia”, que extiende su influencia por todo el planeta. Y se nos llama a unirnos a las “democracias occidentales” -con EEUU a la cabeza- frente al “avance del autoritarismo asiático”.

Vayamos a los hechos. ¿Qué está suponiendo la emergencia de China?

Es un motor de la economía mundial, responsable del 30% del crecimiento global en los últimos diez años. Y constituye un ejemplo de desarrollo independiente que muchos países del Tercer Mundo quieren seguir. Durante la pandemia, China ha repartido 450 millones de vacunas a países que de otro modo no habrían podido adquirirlas.

Y en el plano político o militar, no se conoce todavía, ni como hecho ni como plan, ninguna guerra, ni invasión impulsada por Pekín, ni China disponde de una red de bases militares por el mundo, ni ha impuesto sobre otro país ninguna dictadura fascista.

El régimen chino tiene, en su política interior y exterior, muchos aspectos que pueden criticarse. Pero, para la sociedad china y el conjunto del planeta, la actuación de China, bajo la dirección del PCCh, es un factor de desarrollo, paz y estabilidad. No es algo que pueda decirse de la actuación de EEUU como superpotencia, ni con Trump ni con Biden.

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El PCCh en cifras

  • Con 95 millones de militantes, el PCCh es el segundo partido con mayor número de militantes del mundo, solo por detrás del Partido Popular Indio. Uno de cada quince chinos es miembro del partido, que ocuparía el lugar número 16 en la lista mundial de países, por encima de Alemania.
  • El 34,8% de sus militantes son trabajadores y campesinos, un 20,3% jubilados, un 26,7% corresponde a personal técnico y managers, y un 2,2% a universitarios.
  • Solo un 28% de sus militantes son mujeres, aunque ese porcentaje está en aumento -era el 14% en 1988-.
  • El pasado año el número de militantes del PCCh aumentó en 1,32 millones. Para ser militante hay que cumplir unos estrictos requisitos, y solo una de cada once peticiones de adhesión son admitidas.
  • El PCCh impulsa la Liga de la juventud Comunista de China, con 85 millones de miembros, un 23,2% de los jóvenes del país.
  • El PCCh es la columna vertebral del Estado, pero no es el único partido legal en China. Forma parte del Frente Único, integrado por otros ocho partidos que están representados en la Asamblea Popular Nacional de China.
  • Aunque la economía privada representa el 69% del PIB, el PCCh ejerce la dirección sobre los sectores estratégicos (banca, energía, comunicaciones…). Y fundadores de grandes empresas chinas, como Huawei, son militantes del PCCh.
  • Según los estatutos del PCCh, se debe formar una célula del partido allí donde se junten tres militantes. Durante los momentos más agudos de la pandemia, las 4,6 millones de células del PCCh activaron su “modo de emergencia”, recolectando fondos, o en las zonas más castigadas ayudando a establecer áreas de cuarentena, prestar servicios básicos o proveer de bienes básicos a los confinados.

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Centenario del PCCh (1921-2021)

El prestigio de Mao en China

El actual secretario general del PCCh realizó el discurso principal de las ceremonias de conmemoración del centenario del partido ataviado con un “traje Mao”, frente al traje occidental utilizado por el resto de dirigentes. La puesta en escena recordaba el acto en el que, el 1 de abril de 1949, Mao Tse Tung proclamó la fundación de la República Popular China.

Es algo más que una anécdota. El prestigio de Mao en la sociedad china, incluso por encima de su grado de adhesión al gobierno, es enorme, difícil de comprender en el mundo occidental. Lejos de disminuir, el recuerdo de Mao es un activo político al alza en China.

Frente a la propaganda occidental, que otorga el mérito del crecimiento chino a que·las reformas de Deng Xiaoping acabaron con el izquierdismo de Mao”, la sociedad china sabe y reconoce que el gigantesco salto adelante dado por China se fraguó no en 1978 sino en 1949.

Y, frente a unas reformas que junto al crecimiento han impuesto también una quiebra de la igualdad, sectores nada despreciables de la población miran hacia la línea revolucionaria encarnada por Mao. Así lo plantea Xulio Ríos, uno de los mayores especialistas españoles en China: “el maoísmo tiene también seguidores en la China actual. Es difícil de precisar su dimensión real, que algunos cifran en el 25 por ciento de la base social, en buena medida alimentada por las sombras del proceso de reforma en China, en especial por el aumento de las desigualdades y la quiebra o abandono de ciertos valores”.

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