Asesinato de Jamal Khashoggi en Turquía

Una novela negra de intereses geopolíticos

El macabro asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi en el consulado saudí de Estambul ha desatado una intensa tormenta mediática y diplomática. En su secuestro, tortura y ejecución, así como en la posterior polémica, están entremezclados tres niveles de intereses. Por un lado la trama interna de poder dentro de Arabia Saudí. Por otro lado la aguda disputa por el liderazgo de la región entre potencias como Arabia, Turquía e Irán. Y por último los intereses de EEUU por fortalecer su poder en el polvorín sangriento de Oriente Medio.

Jamal Khashoggi, un prestigioso periodista saudí -afincado en EEUU y columnista del Washington Post- entró el 2 de octubre en el consulado de su país en Estambul para retirar documentos necesarios para casarse con su novia turca. No saldría vivo de allí, sino en pedazos. En su interior Khashoggi fue torturado, asesinado y descuartizado por un comando de los servicios de inteligencia saudíes.

Ya nadie duda de que el crimen de Estado fue perpetrado por el escuadrón de la muerte árabe, ni de que fue ordenado y planificado por el príncipe heredero Mohammed Bin Salmán (MBS), auténtico hombre fuerte del país ante el declinante mandato de su padre, el Rey Salmán, de 82 años y enfermo de alzheimer. MBS controla con mano de hierro no solo los servicios de inteligencia, sino el ejército o los negocios de la petrolera estatal.

El sangriento régimen árabe tiene en su haber crímenes mucho más abyectos que el de Khashoggi. Se trata de una teocracia medieval donde son habituales las decapitaciones públicas de opositores al régimen. Por no hablar de su financiación a grupos terroristas como ISIS o de las guerras y genocidios como el de Yemen, que ya alcanza las 30.000 víctimas.

El régimen saudí, controlado de forma tiránica por la familia real, goza de total impunidad en la arena internacional -forma parte del Consejo de los Derechos Humanos o de la Mujer de la ONU- merced a que Arabia es -junto a Israel- el gran gendarme norteamericano de Oriente Medio. Por eso no se puede comprender el ‘caso Khashoggi’, sin entender primero que papel cumple Arabia Saudí y su régimen -una teocracia cuasi-medieval- para la superpotencia.

Tras la II Guerra Mundial, EEUU ofreció un trato a la famiia real saudí y al resto de petromonarquías de la zona. A cambio de aceptar un papel subordinado dentro del nuevo diseño del orden global americano, y de ofrecer sus ingentes riquezas petrolíferas, los jeques nadarían en una inmensa fortuna personal. El papel de gendarme privilegiado del mundo árabe de los saudíes se reforzó con la guerra de Afganistán (1979) y la formación de una yihad antisoviética comandada por Bin Laden. Y se volvió a realzar tras el empantanamiento yanqui en Irak, el ascenso de Irán y la guerra de Siria.

Riad y su régimen son claves en el dominio norteamericano de Oriente Medio. Con el ascenso de Trump a la Casa Blanca, el vínculo de la Casa de Saud con Washington se ha reforzado, con la pretensión de que Riad encabece una especie de “OTAN sunnita” junto a Israel, una coalición que pueda contrarrestar la creciente inflencia del eje Moscú-Teherán-Hezbollah en Oriente Medio. El pasado año, Trump cerró con los saudíes el mayor acuerdo de venta de armamento de la historia comercial estadonidense, un trato por valor de 110.000 millones de dólares. Armas con las que está arrasando Yemen.

Es desde aquí, desde situar la importancia que para EEUU tiene sostener a los sátrapas saudíes, desde donde podemos comprender el juego de intereses -nacionales, regionales y globales- que rodean al asesinato de Khashoggi.

¿Quién era Jamal Khashoggi y por qué era un peligro para el Príncipe Heredero?

Este periodista de 59 años, procedente de una poderosa familia de Arabia, llevaba tiempo trabajando como columnista en uno de los principales medios de comunicación de EEUU y del mundo, el Washington Post. Tras su muerte se le ha colgado una aureola de “progresista” y “opositor al régimen saudí” que es necesario desmontar.

Khashoggi comenzó su carrera en la década de los 80 en Afganistán, cooperando con la CIA y la Casa Saud en la “Yihad” antisoviética dirigida por su compatriota Bin Laden en Afganistán, tanto fusil en mano como promocionándola en la prensa. Tras esto se convirtió en asesor de los Servicios de Inteligencia de Arabia, dirigidos por el príncipe Turki al Faisal, y luego fue premiado con la dirección de diario oficial Al-Watan. Desde su importante puesto en el régimen saudí, Khasshoggi jamás dijo ni una palabra contra las violaciones contra los derechos humanos perpetradas por Riad dentro y fuera de su territorio.

La lucha de poder en la Casa de Saud se resuelve a menudo con sangre. En 1975, el Rey Faisal fue asesinado por un sobrino, dando paso a la rama que actualmente gobierna. En junio de 2017 el Rey Salman dió un golpe de Estado destituyendo al verdadero heredero y colocando a su hijo, el joven y despótico Mohammed Bin Salmán (MBS). En torno a ese episodio, Salman y MBS organizaron una auténtica “noche de los cristales rotos”, secuestrando hasta 11 príncipes y 38 exministros de la facción rival en el Hotel Ritz-Carlton de Riad, para torturarlos, y no soltarlos antes de desvalijar sus megabillonarias cuentas.

En esa lucha intestina, Jamal Khassoghi estaba en el bando perdedor. Por eso el periodista, afincado en EEUU, rehusó la “invitación” de su gobierno para volver a su país y trabajar como asesor de comunicación de la corte real. Era un personaje demasiado incómodo y peligroso para el poderoso Príncipe Heredero: sabía demasiado de los entresijos del régimen saudí y estaba demasiado bien situado en el centro del Imperio. MBS decidió eliminarlo tendiéndole una trampa en el consulado saudí de Estambul.

Turquía se guarda el as en la manga

Arabia Saudí y Turquía se disputan ser la cabeza del mundo musulmán sunní. Ambas tienen una poderosa influencia política y un robusto brazo militar. Pero mientras que Riad, aunque con intereses propios, juega subordinada a los intereses de Washington, la Turquía de Erdogan lleva más de una década alejándose de la órbita norteamericana. Es una potencia regional, un jugador activo y autónomo que aspira a jugar un papel cada vez más protagonista en Oriente Medio y sus relaciones con Rusia o con Irán -el otro jugador, archienemigo de saudíes y estadounidenses- son cada vez mejores.

El gobierno de Erdogan tiene información sensible sobre el crimen -al parecer tiene micrófonos dentro del consulado saudí de Estambul que lo grabaron todo- y parece dispuesta a utilizarla con mesura y astucia para poner contra las cuerdas a la familia real saudí y su Príncipe Heredero en el momento que estimen conveniente.

EEUU protege a MBS, pero puede controlarlo mejor.

Se sabe que la inteligencia estadounidense había interceptado los planes de MBS para eliminar a Khasshoggi, y que no hicieron nada. En septiembre, el periodista acude a la embajada saudí en Washington para hacer los trámites. Allí le remiten incomprensiblemente al consulado de Estambul para gestionarlos. Khashoggi desconfía, pero sus “fuentes” en la CIA le dicen que no hay peligro. Cuando acude a recoger sus documentos nunca saldrá vivo de allí.

¿Qué saca EEUU con esto?. Una explicación plausible es que de esta manera Washington -que también tiene en su poder las grabaciones turcas- tiene una herramienta para “atar en corto” al futuro tirano saudí, MBS. Algo extremadamente útil para que Riad se encuadre sumisamente en los proyectos norteamericanos de la “OTAN sunnita”. O bien, si MBS resulta una pieza incómoda para EEUU, propiciar su caída.

Porque -es preciso recordarlo- que aunque enclavada en la órbita norteamericana, también existen contradicciones entre Washington y Riad. Sobre todo por un peligroso estrechamiento de las relaciones entre Arabia Saudí y China, que bordea puntos sensibles, como el ofrecimiento chino de entrar en el capital de la principal petrolera saudí o la de pasar a utilizar el “petroyuan” y no el dólar en la compra de petróleo.

Es preciso partir de este marco para desentrañar las claves de esta novela negra, tan macabra como geopolíticamente importante.

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