Trump utiliza la xenofobia como una cuña contra Europa

Europa ya tenía severos problemas migratorios antes de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Las clases dominantes europeas ya tenían una posición inhumana y mezquina ante la inmigración y los refugiados. Pero la línea Trump ha encontrado en la promoción de los Gobiernos y partidos más xenófobos y antiinmigración una útil herramienta de división, enfrentamiento e intervención en los asuntos internos de la Unión Europea.

La crisis migratoria en Europa es un problema objetivo, que nadie puede ignorar. Desde finales de 2015, a raíz de las guerras que asolan Oriente Medio, el Sahel o el cuerno de África, más de un millón de personas han entrado en la UE cruzando las vías del Mediterráneo, muriendo 15.000 de ellas (que se sepa) en la travesía. Millones y millones tratan de llegar a las costas europeas. No les atrae ningún efecto llamada. Es la muerte, la guerra, el hambre y la miseria lo que les muerde en los tobillos. Mientras haya guerras a las puertas de Europa, mientras haya saqueo y expolio de las riquezas de África, no habrá forma de contener este trágico “efecto llamada”.

Tampoco es nueva la mezquina e ignominiosa posición de las burguesías monopolistas europeas hacia los migrantes y refugiados. Hay recursos más que suficientes en las prósperas sociedades de la UE para integrar a esos millones de migrantes y refugiados, pero las oligarquías no quieren perder ni un ápice de sus beneficios. Han decidido mirar hacia otro lado, poner alambradas, o pagar a otros (Turquía, o a los señores de la guerra libios) para que hagan de carceleros de refugiados a las puertas de la UE. Sabiendo incluso que en Libia los subsaharianos son hechos esclavos.

Todo ello ya ocurría antes de la era Trump. Las guerras de Obama o Bush son la principal causa de la crisis migratoria que hoy vive Europa. Pero Trump ha decidido antagonizar esas contradicciones, y las tensiones que generan, como una cuña para debilitar y enfrentar a Europa. Cuestión clave para poder saquearla mejor y para poder encuadrarla en sus proyectos.

Es conocido el empeño de Trump por degradar y debilitar a Alemania y a su liderazgo europeo, promoviendo todo tipo de tendencias centrífugas y de divisiones dentro de la Unión. Trump no solo ha alentado el Brexit o ha humillado públicamente a Merkel, sino que ha saludado de forma entusiasta la formación del nuevo Gobierno italiano en el que la cartera de Interior la ocupa Matteo Salvini, de la ultraderechista Liga Norte, que en pocas semanas ha protagonizado varios choques con Berlín o París a expensas de su xenófoba posición contra los migrantes.

La Liga Norte, al igual que otras formaciones de corte ultraderechista, y anti-UE, (como Alternativa por Alemania, o el Frente Nacional de Marine Le Pen) han sido asesoradas por Steve Bannon, hasta hace poco principal asesor y mano derecha de Trump, director del portal ultra Breitbart y líder de la alt-right (derecha supremacista) norteamericana.

La cuña xenófoba de Trump contra Europa va más allá de lanzar tuits desde lejos contra las políticas migratorias de la UE o Alemania. Recientemente el embajador norteamericano en Alemania, Richard Grenell, ha revelado en una entrevista a Breitbart que sus intenciones son “desalojar del poder a Merkel” y “empoderar a los líderes más conservadores de Europa”.

No solo se refería a “empoderar” a partidos como AfD, sino también al llamado “cuarteto de Visegrado” (Hungría, República Checa, Eslovaquia, Polonia), los Gobiernos europeos más afines a una línea dura sin concesiones hacia los migrantes y refugiados, y que sostienen un agrio enfrentamiento contra el poder de Bruselas, Berlín o París. El Gobierno húngaro del xenófobo Viktor Orban ha llegado a aprobar una dura legislación que castiga con cárcel a los ciudadanos que simplemente presten ayuda o cobijo a los inmigrantes indocumentados.

Desde la embajada, Grenell ha sostenido varias reuniones con importantes miembros del Gobierno alemán considerados rivales internos de Merkel. Por ejemplo con el ministro del Interior, Horst Seehofer, públicamente enfrentado con la canciller en el tema de los refugiados, que ha dado un ultimátum de dos semanas a Merkel: o se llega una solución europea al “desafío migratorio” o cerrará la frontera alemana de forma unilateral. Una medida que no solo haría tambalear a un Gobierno alemán en el que hay un complicado juego de equilibrios entre conservadores y socialdemócratas, sino que alentaría enormemente las línea dura de países como Hungría, Italia y Austria.

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