Tripolaridad geofinanciera: dólar, euro y yuan

«Que casi el 70 por ciento de los paí­ses del mundo se encuentre darwinianamente sometido a los dictados de la plutocracia financiera global expresa la barbarie de los nuevos órdenes mundiales: sean unipolares, bipolares, tripolares o veinteavopolares».

Si la autodestrucción de la uniolaridad de EU ha sido asombrosamente acelerada, la construcción del incipiente orden veinteavopolar (donde convive en forma híbrida la decadencia del G-7 y el ascenso del BRIC) será ondulantemente lenta. Suena anómalo que el BRIC no posea divisas competitivas al dólar y al euro, cuando, con nuestro debido respeto, la libra esterlina y el yen nipón tienden a desvanecerse en la dinámica del nuevo orden geofinanciero tripolar en gestación. (LA JORNADA) PÁGINA 12.- Los estadounidenses estiman que su país está jugando un papel menos importante que antes en el planeta: tal es el resultado de una encuesta que el Pew Research Center for the People & the Press de Nueva York llevó a cabo en noviembre y dio a conocer este mes, titulada “El lugar que ocupa EE.UU. en el mundo”. El 45 por ciento de los interrogados que hace una década pensaba que ese lugar era el más importante se redujo al 25 por ciento y los que creían lo contrario pasaron del 28 al 41 por ciento. México. La Jornada Tripolaridad geofinanciera: dólar, euro y yuan Alfredo Jalife-Rahme Estados Unidos (EU) se empecina en actuar en el ámbito geofinanciero como la otrora unipolar superpotencia multidimensional que fue, donde todavía ejerce su proclividad unilateralista al manejarse sólo en forma egoísta como si los restantes 191 países de la ONU no existiesen. No será sencillo en el seno del G-20 –un poco más de 10 por ciento de países del mundo y el bloque que sustituyó al G-7 y al G-8 (cuando se cuenta a Rusia) con un enfoque exageradamente geoeconómico–, desplazar al dólar de su primer sitial geofinanciero que aún ocupa como divisa de reserva global, ya no se diga por el G-77, de los Países No-Alineados, quienes resucitaron en forma timorata en la cumbre fallida de Copenhague y quienes, en realidad, representan a 130 países marginados por el nuevo orden veinteavopolar geoeconómico. Que casi 70 por ciento de los países del mundo se encuentre darwinianamente sometido a los dictados de la plutocracia financiera global expresa la barbarie de los nuevos órdenes mundiales: sean unipolares, bipolares, tripolares o veinteavopolares. Es nuestra sugerencia que el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), las nuevas cuatro potencias geoeconómicas emergentes, exija por lo menos la presencia de un representante del G-77/G-130 en el seno del G-20. Reconocemos que se trata de una utopía guajira, pero el G-77/G-130 debe adoptar urgentemente medidas creativas de autopreservación, de cara al incipiente orden veinteavopolar oligopólico que exhibe el lamentable estado de desequilibrio mundial en ningún sector como en las geofinanzas, donde, al corte de caja de hoy, domina el dólar estadunidense (con casi 65 por ciento de los intercambios globales de divisas) y, en un distante segundo lugar, el euro (con cerca de 25 por ciento), seguidos lejanamente por la libra esterlina (divisa del colonialismo decimonónico, con 3.6 por ciento) y el yen nipón (instrumento fiduciario de la anglósfera, con 3.5 por ciento). El dólar estadunidense y sus dos divisas (todavía) aliadas, la libra esterlina y el yen nipón, detentan casi 72 por ciento global. Increíblemente, dos divisas solas, el dólar y el euro, con casi 90 por ciento del total, dominan los intercambios geofinancieros. La unipolaridad geofinanciera del dólar se convirtió en una de las principales insanidades que legó el imperio estadunidense. En las geofinanzas –obviamente, sostenidas por una maquinaria de guerra nuclear que subsume su poderío tecnológico y geoeconómico–, radica precisamente el gran poder moderno de los imperios. ¿Por qué no crea el G-77/G-130 su divisa común –o, en su defecto, su canasta de divisas creíbles– apuntaladas por sus materias primas (oro, plata, hidrocarburos, uranio, hierro, etcétera)? Si la autodestrucción de la unipolaridad de EU ha sido asombrosamente acelerada, la construcción del incipiente orden veinteavopolar (donde convive en forma híbrida la decadencia del G-7 y el ascenso del BRIC) será ondulantemente lenta. Suena anómalo que el BRIC no posea divisas competitivas al dólar y al euro, cuando, con nuestro debido respeto, la libra esterlina y el yen nipón tienden a desvanecerse en la dinámica del nuevo orden geofinanciero tripolar en gestación. Todavía el yuan/renminbi chino y la rupia india no son convertibles (cotizables libremente), por lo que pareciera estéril abordar el desplazamiento del dólar por Pekín o Nueva Delhi. Tampoco el rublo ruso y el real brasileño, ambos convertibles, son competitivos porque han dependido excesivamente de las geofinanzas anglosajonas y europeas. De las cuatro divisas del BRIC, que no se atrevieron a lanzar su divisa común –como les exhortamos, aunque hay que reconocer que no es tarea sencilla ni de corto-plazo–, la única que lleva la batuta para competir con el dólar y el euro es el yuan/renminbi chino, debido a muchas virtudes: en particular, a su vigoroso crecimiento geoeconómico (en medio de la crisis global) y a su descomunal atesoramiento de reservas (sin contar lo que hemos denominado el circuito étnico chino: Hong Kong, Macao, Taiwán y Singapur). China acaba de abrir sus cartas (ya muy vistas) y nada menos que Joseph Yam, anterior mandamás de la Autoridad Monetaria de Hong Kong, expresó que el yuan se puede convertir en el tercer pilar del sistema monetario global, cuando el deterioro de las finanzas públicas erosionan la confianza en el dólar y el euro (China Daily, 23/12/09). Yam, de 61 años, ingresó recientemente al banco central de China como asesor y sus declaraciones darán vuelo a las teorías sobre la creación de un G-2 (el condominio entre EU y China, que desean fervientemente la dupla anglosajona y el sionismo financiero), extensivo a un G-3 con la eurozona. El Banco del Pueblo de China (banco central) nombró a Yam vicepresidente ejecutivo de la Sociedad China para Finanzas y Banca, quien expresó durante un foro en Pekín que existe la necesidad de una tercera divisa para servir de tercer pilar, lo cual le daría también una oportunidad de sanar a sus dos pilares débiles (léase: el dólar y el euro: desfondados por sus excesos de deuda y multidéficit). Fustigó que los dos pilares del sistema financiero no están asentados sobre bases sanas debido a sus extensos déficit presupuestales y su deuda pública. Yam no exhibió ansias de novillero y vaticinó que la economía de China en los próximos 20 años competirá con EU y Europa en términos de tamaño, lo cual reforzará la atracción por el yuan como divisa de reserva. Abogó por experimentar el uso del yuan en Hong Kong (que ya inició con la emisión de bonos) desde donde se lanzaría su globalización monetaria, que ha empezado en forma regional entre la municipalidad de Shanghai y la provincia de Guangdong tanto con Hong Kong como con el bloque de 10 naciones del sudeste asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés). El año pasado Yam era el gobernador centralbanquista mejor pagado del mundo, con salario de 1.5 millones de dólares al año y entre sus atributos se encuentra haber detenido la demolición del dólar de Hong Kong en 1997 (durante el efecto dragón) propiciado por el megaespeculador George Soros (presunto operador de la CIA y los Rothschild, los banqueros esclavistas atávicos). No es ningún hallazgo sentenciar el fin de la hegemonía geofinanciera unipolar del dólar, cuyo verdadero problema reside en su sustitución ordenada por divisas creíbles que todavía no existen. La paradoja de la precipitada decadencia unipolar de EU, pese a la escandalosa vigencia insustentable e intolerable de su dólar, se debe a la ausencia de su sustitución en forma ordenada y negociada. EU vende(rá) muy caro la amenaza de un caos financiero global que derrita las reservas en dólares de China, ya no se diga su desmedida y precaria tenencia en deuda gubernamental estadunidense. Los imperios al fenecer suelen conservar muchas canonjías, por lo que el desbancamiento del dólar –en forma pacífica (ya que con una guerra el vencedor es quien impone su nuevo orden geofinanciero)–, será una ardua tarea generacional. LA JORNADA. 27-12-2009 Argentina. Página 12 El tuerto es el rey Juan Gelman Los estadounidenses estiman que su país está jugando un papel menos importante que antes en el planeta: tal es el resultado de una encuesta que el Pew Research Center for the People & the Press de Nueva York llevó a cabo en noviembre y dio a conocer este mes, titulada “El lugar que ocupa EE.UU. en el mundo” (//people-press.org/re port/569). El 45 por ciento de los interrogados que hace una década pensaba que ese lugar era el más importante se redujo al 25 por ciento y los que creían lo contrario pasaron del 28 al 41 por ciento. Hay más: el 49 por ciento –“la proporción más elevada en casi medio siglo de encuestas”– opina hoy que “EE.UU. debería ocuparse de sus propios asuntos en el plano internacional y dejar que los demás países se ocupen de los suyos del mejor modo que puedan”. Y luego: un aplastante 78 por ciento de los 2000 estadounidenses encuestados coincidió en que EE.UU. debería “concentrarse más en nuestros propios problemas nacionales y construir nuestra fuerza y prosperidad en casa”, contra el 14 por ciento que se inclinó por la propuesta de que “EE.UU. debe pensar en términos internacionales”. Cualquier relación con las guerras de Irak y Afganistán, más otras que asoman, no es producto de la casualidad. Otra sorpresa: el 44 por ciento entiende que China goza de la economía más potente del mundo, contra el 30 en el 2008, y un 41 por ciento considera que EE.UU. ha pasado a un segundo plano en la materia, contra el 27 el año pasado. Pero lo más saliente de la investigación del Pew es que llevó una encuesta paralela con las mismas preguntas entre 642 miembros del Council of Foreign Relations (CFR) de Washington, un think-tank o más bien un braintrust que financian 200 multinacionales, agrupa a 4200 ex funcionarios de alto nivel y otras personalidades políticas, edita la prestigiosa revista Foreign Affairs (125.000 ejemplares) y baja línea sobre la política exterior de EE.UU. El CFR no es un vocero del establishment, es el establishment. Las dos indagaciones revelan que entre el ciudadano estadounidense corriente y los elitistas del CFR hay brechas notorias en casi todas las cuestiones importantes, por ejemplo, el incremento de tropas en Afganistán decidido por Obama: el 50 por ciento de los últimos lo apoya, contra apenas un 32 por ciento de los primeros. Un 40 por ciento de los ciudadanos se pronuncia por la disminución de los efectivos que combaten en Afganistán, contra el 24 de los interrogados del CFR. A la pregunta de si EE.UU. debe desempeñar un papel mundial “más agresivo”, sólo el 19 por ciento de los primeros responde por la afirmativa, acompañados por el 62 por ciento de los últimos. No es difícil entrever el pensamiento del CFR. Un caso interesante es cómo los unos y los otros perciben a Israel y su conflicto con los palestinos. El 51 por ciento del público general se pronuncia en favor de Israel, postura con la que sólo coincide el 26 de los sondeados del CFR. El 30 por ciento del primero juzga que la Casa Blanca apoya demasiado a Israel, coincidiendo con el 67 de los últimos que, además, evalúan que el Estado sionista no es prioritario para Washington. En la lista de países que serán en el futuro “los aliados y socios más importantes de EE.UU.” sólo el 4 por ciento de los interrogados del CFR incluyó a Israel, muy lejos de China (58 por ciento), la India (55), Brasil (37), la Unión Europea (19), Rusia (17), Japón (16), el Reino Unido, Canadá, Indonesia Australia y otros. Cuando se preguntó a los de la elite cuáles serán los menos importantes, clasificaron a Israel en el puesto 23 detrás de Canadá, entre otros, y de Turquía, Egipto y Arabia Saudita en la región del Medio Oriente. Se desprende de estos datos que la opinión pública se atiene a la información de los grandes medios, muy aplaudidores de las políticas de Tel Aviv gracias a la excelente labor del activo lobby estadounidense pro–israelí. No se trata, desde luego, solamente del trabajo del Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (Aipac, por sus siglas en inglés). Una investigación de The New York Times reveló que, detrás de los “analistas militares” que aparecen en distintos canales de televisión y estaciones de radio para convencer a la audiencia de la necesidad y la eficacia de la política bélica de la Casa Blanca, se encuentra un aparato del Pentágono creado por W. Bush en el 2005 que sigue en acción (www.nytimes.com, 20-4-08). “La mayoría de estos analistas tiene vínculos con contratistas inmersos en las políticas de guerra y se les pide que las avalen en el aire.” Mandos militares y funcionarios de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Departamento de Justicia los preparan en reuniones ad hoc. Lógico: la Historia enseña que los caballos de Troya deben estar bien hechos. PÁGINA 12. 13-12-2009

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