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Soberaní­a económica de España-Argentina

La soberanía integral de un país se halla sustentada, por el grado de independencia y libertad que ese país tenga para la toma de decisiones en los diversos sectores que, articulados y planificados, configuran el carácter de esa soberanía.

Hay soberanía, territorial, económica, energética, alimentaria, sanitaria, educativa, tecnológica, comunicacional, etc.

Sin embargo, la soberanía económica, es fundamental, dado que, con el control de los recursos económicos, se puede acceder a implementar y construir las otras soberanías.

La soberanía económica es la que permite a un país, decidir cómo mueve su capital económico, cómo lo invierte, y en qué sectores.

No cabe duda que, controlando la soberanía económica se puede llegar a controlar, o, por lo menos condicionar, las otras soberanías.

Sobre este aspecto actúan los poderes dominantes, y, ¿cuál es la herramienta que se utiliza para ese fin? El endeudamiento.

El siglo XXI muestra ya, en todo el mundo, unos valores de endeudamiento, muy elevados.

En un informe elaborado por la consultora McKinsey Global Institute se indica que la deuda global creció del 2007 al 2014, el 269 por ciento del PIB. Quiere decir que el mundo debe casi tres veces más de lo que produce.Ha sido mucho más grande el crecimiento de la deuda que el crecimiento de la actividad económica.

El poder financiero es el que ha propiciado esta situación, involucrando a los países, mediante su interacción con los sectores políticos, a quienes, terminan condicionando, con el claro objetivo de asegurarse el cobro de las deudas.

Cuanto más debilitado se encuentra un país deudor, mayor cuota de soberanía debe resignar, aceptando las imposiciones externas y las recetas económicas exigidas.

Veamos ahora lo que ha ocurrido con España y con Argentina.

Tomo estos dos países, pues permiten comparar la defensa de la soberanía económica que han tenido uno y otro y las reacciones externas que generó la actitud que adoptaron frente al endeudamiento.

En el caso español, la crisis bancaria atada a la crisis inmobiliaria, es la que lleva a utilizar dinero público para rescates, pero el precio exigido para obtener financiación es la aplicación de un programa de recortes y austeridad exigido por Bruselas, que trajo como resultado un aumento de la deuda española y una caída abrupta del estado de bienestar. Con respecto al endeudamiento se paso de un 35,5% del PIB en 2007 al 96,80% en 2014.

Argentina parte de un pico en 2002 del 137,51% para posicionarse en un 40,99% del PIB a finales del 2013 escalando al 44%, en 2014, por los arreglos de pago con el club de Paris.

¿Que ocurre entonces entre un caso y el otro?

La diferencia es notable, Argentina se desendeuda como criterio general y España se endeuda .

En el estudio de McKinsey sobre un grupo de 47 países, España se ubica en el puesto 8, con un aumento de endeudamiento del 72% del PIB, mientras que Argentina se ubica en el puesto 47 con endeudamiento negativo -14%.

En el caso de España el aumento se produce al aceptar las imposiciones de Bruselas, BCE y FMI, con exigencias sobre el déficit que sólo buscan garantizar el pago de dicha deuda.

Ante la caída general de casi todas las variables económicas, bajan los ingresos que percibe el estado, por lo que debe recurrir a más endeudamiento para cubrir sus necesidades, complementado esto con una política de recortes que producen un aumento del paro que pasa del 8,4% en 2007 al 24% en 2014, aumentando la desigualdad; según Intermon OXFAM es el país de la OCDE que menos y peor redistribuye la riqueza después de impuestos.

Se acompaña el proceso privatizando todo lo posible, con lo que se ahonda más en el abandono de resortes de control de variables soberanas. Se inicia una emigración cualificada, científicos, investigadores y profesionales.

Se pierde soberanía. Son otros, los que deciden en qué se invierte. Son otros, los que diseñan el futuro del país. Lo que manda es el cepo de la deuda.

En el caso de Argentina, se opta por alejarse de la injerencia del FMI, renegociar la deuda, y posicionarse en un manejo que garantice mejoras sociales, políticas de reindustrialización, recuperación del control soberano de la energía, avance en independencia de las telecomunicaciones, repatriación de científicos e investigadores, avances, estos, que sólo son posibles cuando no se está amarrado a las directrices económicas externas, directrices que sólo apuntan al beneficio del poder dominante.

Y cuál es la reacción externa, ante estas dos posiciones.

En el caso de España se produce una “milagrosa” bajada de la prima de riesgo (no se alcanza a entender los motivos de esa bajada, pues, el país debe mucho más dinero, ahora, que cuando la prima de riesgo estaba en su punto más alto).

Una vez estrangulado el estado de bienestar, Bruselas muestra a España como alumno aventajado que “hace los deberes”, y se comienza a difundir en distintos foros y medios, la salida de la crisis. Esto le sirve al poder económico afincado en Bruselas, para mostrar el camino “correcto”, y que se acepte como normal y beneficioso ceder soberanía económica.

En el caso de Argentina se produce un cerco mediático, que fundamentalmente mantiene apenas visible el resultado de la gestión económica, tratando de evitar que se perciba, el aumento de la soberanía en la decisión de cómo utilizar los recursos.

No se debe amplificar que, la desocupación bajó del 22% al 6,4%, y, que la Cepal en su informe “Panorama social de América Latina 2014” señala que el país encabeza la lista a nivel regional con la mayor proporción de individuos que se consideran clase media en función de la situación económica que atraviesan, señalando que es además el que redujo en mayor medida la incidencia de la pobreza en la población entre 2005 y 2012, teniendo uno de los mejores ratios en vulnerabilidad, bienestar y desigualdad. Estos datos, mencionados a título ilustrativo, son eclipsados, y, se magnifica convenientemente, el enfrentamiento declarado con los fondos buitres, la presión permanente sobre las reservas del Banco Central, y un nerviosismo evidente, tras los acuerdos con China, dado que descomprime la presión de los mercados tradicionales.

No se le perdonará fácilmente haber detenido la partida y volver a repartir, sin embargo, se acaban de firmar acuerdos sobre deuda con Alemania, España, Francia, Suecia… y siempre bajo un criterio de desendeudamiento progresivo.

Es evidente que en un caso la consecuencia es, la cesión de soberanía, y, en el otro, el paulatino progreso de su recuperación.

Dicho todo esto en voz baja, casi en un susurro…no vaya a ser que se entere Grecia.

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