Una década de caída de salarios refrendada por ley

Saqueo encadenado

¿Se imaginan un país de Europa con la población de Suecia, República Checa, o Portugal, (en torno a los diez millones de habitantes) con todos sus ciudadanos parados o bien trabajando con contratos tan parciales y salarios tan escasos que los situasen en la pobreza? Ese país existe dentro de España.

En 2017, casi 10 millones de personas estaban paradas o inactivas en nuestro país, (a pesar de estar dispuestas a trabajar) o sufren la precariedad y pobreza en el trabajo*. La mayor parte se encuentran en paro (2,6 millones), otros 1,7 millones están en situación de precariedad, (jóvenes de 16 a 24 años fuera del sistema educativo y personas de 24 a 59 que no consiguen una retribución superior al salario mínimo interprofesional). El resto lo forman quienes en la encuesta de población activa aparecen como inactivos aunque con disposición a incorporarse a un empleo si se lo ofrecieran pese a que ya no buscan porque no creen que puedan encontrarlo. Además la mitad de los parados lo son de larga duración, con dos años o más sin trabajar.

Las personas con menos formación (con un nivel de estudios de Educación Secundaria Obligatoria o menos), las mujeres (5,7 millones de los diez), y los jóvenes (la mitad se encuentran en paro), son quienes sufren especialmente. La tasa de paro entre menores de 26 años es la más alta de toda Europa.

Y no solo es el paro

Además tener un empleo puede no ser suficiente para sacar a un trabajador de la pobreza. Según admitió el Gobierno en  respuesta al diputado socialista Miguel Ángel Heredia, la ganancia bruta anual de los trabajadores de 16 a 25 años en España cayó de los 11.954 euros de 2011 a los 11.039 de 2015, último ejercicio para el que dispone de datos la Encuesta de Estructura Salarial. Si se descuentan las cotizaciones a seguridad social, e IRPF, deja esos salarios netos por debajo de los 8.209 euros anuales para un hogar unipersonal y en 17.208 para otro de dos adultos y dos niños, cifras establecidas como umbral de pobreza. 

La estabilidad en el empleo también está demolida, y nueve de cada diez contratos fueron de carácter temporal:  con una media de 134.153 contratos de una semana de duración firmados cada mes del pasado año, y que llega a los 23.000 contratos de un solo día en mayo, septiembre y octubre, alcanzando la plusmarca de 26.000 en julio. Esto nos da una idea del nivel de precariedad laboral. Así que se dan cifras de reducción del paro, haciendo pasar como empleado a quien trabaja uno o dos días por semana… La desigualdad entre los salarios se ha agudizado: si en 2007 una de cada cuatro personas asalariadas (26,9%) cobraba por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), en 2015 ya era una de cada tres (34,3%). 

Un década de retroceso

Si se toma la Encuesta Anual de Coste Laboral del INE, entre 2008 y 2016, una vez descontada la inflación, el salario medio en la hostelería pierde casi un 12%, o las actividades artísticas y recreativas, las administrativas y otros servicios pierden otro 10%. Menos jornadas de trabajo al año por la temporalidad, menos continuidad y además menor salario por hora. También lo ratifica la Encuesta de Población Activa, que divide a los trabajadores en diez grupos según sus ingresos. Entre 2008 y 2015 el sueldo del 10% que menos gana pierde en torno a un 15%, frente al 5% que se deja la franja intermedia. Por contra el 10% más alto mantiene su poder adquisitivo. La oficina de estadísticas europea Eurostat concluyó que, en apenas ocho años, el sueldo anual del español medio había bajado en 2.000 euros. 

Con 1,9 millones menos de ocupados, la remuneración total de los asalariados ha descendido con la crisis un 12%.  Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los sueldos en nuestro país han bajado de forma consecutiva a lo largo de los últimos ejercicios: en 2010, un -1,1%,  un año más tarde -1,9%. En 2012 -3% otro -1,5% en 2013… La agencia Thomson Reuters aplicó a los salarios la comparación en relación a la variación de precios para establecer que los salarios reales han caído en España un -25%. Por sectores, entre 2011 y 2012 se producen bajadas generalizadas de sueldos en todos. Y en 2013 la devaluación salarial prosiguió, a pesar de recuperarse la demanda y al producción. Porque no ha sido solo el efecto directo del hundimiento de la bolsa norteamericana de 2007. 

Amparado por  ley

La situación fue aprovechada para introducir un cambio estructural con la Reforma Laboral de 2012 y por eso tras esa fecha los sueldos han seguido cayendo: cuando volvió el crecimiento, la retribución de asalariados crece tan lentamente que todavía no ha recobrado los niveles de 2008. Por contra la parte que se dedica al dividendo se ha incrementado un 33% en este período. Y como denuncian los sindicatos en sus informes, este uso sistemático de la contratación temporal está cubriendo puestos de naturaleza indefinida, en una situación de fraude masivo, amparado por la complicidad total del Gobierno. También se refrendan nuevas formas laborales generando condiciones de trabajo que burlan las garantías mínimas que establecen los convenios colectivos, como las empresas de multiservicios, o con los falsos autónomos, relaciones laborales que se han hecho extensivas en reparto de mercancías, manipulación industrial de alimentos… 

Dónde va el dinero

Y sin embargo el PIB se ha recuperado a niveles de antes de la crisis, luego la riqueza global es la misma, si además tenemos en cuenta el brutal dato de que se produce lo mismo con 1,9 millones menos de trabajadores, la rentabilidad de cada hora de trabajo se ha disparado, mientras la parte que se queda el trabajador disminuye sin cesar. Así que hay una cantidad creciente de renta que se va a otras manos.

Hay una distribución de la riqueza que crea abismos de salarios como el que explica el cuadro que relaciona el número de asalariados y el salario medio, con datos de hace dos años: mientras quince millones de trabajadores ganaban menos de 23.000 euros anuales, y de ellos más de la mitad menos de 6.000 euros, por contra, un selecto grupo de 137.000 personas tenían salarios superiores a los 150.000 euros anuales. Y con todo, esta aún no es la parte del león de cómo se queda la riqueza una minoría: En 2017, las empresas españolas no financieras obtuvieron unas rentas por valor de 267.000 millones, unos 98.000 millones más que en 2008, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Esas rentas no van a pagar ningún salario: las dedican a distribuir dividendos (ganancias para sus accionistas) en un volumen de unos 15.000 millones más que en 2008. Invierten casi lo mismo que entonces, y han reducido su endeudamiento; pero destinan unos 10.000 millones menos a salarios pese a producir lo mismo. Es decir, 10.000 millones de euros que hace diez años se quedaban los trabajadores ahora se lo apropian los accionistas y propietarios.

Concentración del capital

Solo dos años después del crack de 2007, la remuneración global de asalariados había caído ya en 65.000 millones. Un ajuste salvaje que supuso uno de los pilares con los que las grandes empresas aumentaron sus rentas  en unos 30.000 millones. Es decir, las compañías con más de 250 trabajadores realmente incrementaron sus ganancias con la crisis. Y hasta 2012 se mantuvieron estables a pesar del hundimiento de la demanda. El otro pilar aparte de la caída de salarios, para permitir esta paradoja, fue que las grandes compañías se quedaron una parte sustancial de la cuota de mercado de las más pequeñas: entre los años 2007 y 2014 la facturación de las grandes empresas se mantiene y la de las pequeñas y medianas desciende un 32%. De hecho, las grandes consiguieron mitigar la caída de sus ventas copando el 10% de todo el negocio de las pequeñas. No es ni más ni menos que el saldo principal de una crisis de acuerdo a las leyes descritas por Marx que rigen este proceso: el capital se concentra aceleradamente y se eleva de nuevo la tasa de ganancia. 

Cuanto más pequeña era la dimensión de la empresa, más destrucción de empleo se produjo. En el periodo estudiado, el empleo medio se redujo un 21%, con una caída muy superior en las pymes (un 27%, que corresponde a 1,5 millones de personas) frente a las grandes empresas (un 8%, que corresponde a 200.000 personas).

Aunque se produce una importante caída del empleo en todo el conjunto empresarial, no ocurre lo mismo en cuanto a la plantilla media, que aumenta en un 7% en las grandes empresas y cae un 27% en las pymes. Además, en estas la facturación por empleado desciende un 8%, frente al aumento de un 10% de la rentabilidad por trabajador en las empresas grandes. 

Y la ganancia se va

Pero el saqueo no se queda en manos solo de los grandes monopolistas y banqueros locales. Si fue la enorme dependencia respecto de Estados Unidos lo que causó que su hundimiento nos arrastrara, y si por su situación de dominio nos ha podido traspasar parte de su crisis, también la posición de fuerza del capital extranjero en España le permite llevarse el grueso de las ganancias.                                                             

El control internacional de la bolsa española crece sin cesar y los inversores extranjeros (en lo principal estadounidenses)  copan la cuarta parte de todo lo cotizado en la bolsa española,  y se alcanza hasta el 45% en el IBEX 35. En 19 de los 35 bancos y monopolios miembros el capital extranjero es además el accionista mayoritario.  Si tenemos en cuenta que bancos y fondos de inversión controlan también el crédito, (la mitad de las acciones de Santander y BBVA pertenecen a fondos de inversión) nos sale que ya más de la mitad de los beneficios empresariales en España son de hecho un ejercicio de recaudación para compañías extranjeras. 

 

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