Editorial

Sacudida tras sacudida

La situación política nacional es de una extrema gravedad, y el gobierno está en la cuerda floja. Todo puede pasar. Vivimos un terremoto tras otro, con devastadores efectos políticos.

Quienes pensaban que la imputación de Zapatero en un caso de corrupción era el techo de las sacudidas que se podían sufrir, se estremecieron cuando la UCO registró durante 13 horas la sede central del PSOE en Ferraz. En ese momento quedó claro que todo podía empeorar.

A la sacudida Zapatero le ha sucedido otra, de igual o mayor magnitud. Un ex presidente, apoyo clave de Sánchez, cobrando comisiones por incluir en el rescate de Plus Ultra era una imagen demoledora. Pero ahora se acusa al entonces secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, de organizar junto a Leire Díez, la “fontanera” para asuntos turbios, una red ilegal para hacer fracasar con presiones o chantajes las causas judiciales que afectan a los socialistas.

Ya se plantea que el PSOE puede ser imputado como partido. Y la UCO afirma en uno de sus informes que “el One” que aparece en varias conversaciones de Leire Díez no puede ser otro que Pedro Sánchez.

Todo puede pasar. Vivimos un terremoto tras otro. Con devastadores efectos políticos.

En primer lugar, conviene volver a dejar claro que no estamos ante casos de lawfare. No se trata de acusaciones inventadas para acabar con la carrera de dirigentes de la izquierda incómodos al poder. Asociaciones progresistas de magistrados, como Jueces para la Democracia, han declarado que hay indicios sobrados para investigar, tanto en el caso Zapatero como en el de Leire-Cerdán. Nadie pone ya “la mano en el fuego” por el gobierno.

Debemos esperar para saber cómo se resuelven los procesos judiciales. Pero hay cuanto menos indicios sólidos de que Zapatero ha estado implicado en asuntos turbios. Y existen pruebas de que Leire Díez ha intentado comprar o sobornar a fiscales. O de que trabajaba bajo el manto de Santos Cerdán, que entonces tenía mando en plaza en el partido.

Hay que investigar hasta el final todos estos casos. Tolerancia cero con la corrupción.

En segundo lugar, está probado que en el origen de la imputación de Zapatero está EEUU. El Departamento de Seguridad Nacional norteamericano ha reconocido que pasó a la policía española la información clave para imputar al ex presidente.

A poco más de un año de la llegada de Trump a la Casa Blanca se ha desatado en España una tormenta perfecta de escándalos que apuntan contra el actual gobierno de coalición de izquierdas.

En círculos españoles y europeos ya se afirma que el caso Zapatero es “la primera amenaza de la era Trump”. Desvelando que la superpotencia está distribuyendo información sensible contra líderes europeos que incomodan a EEUU.

EEUU interviene en la política española, y también en la europea. No es, desde luego, la primera vez.

También lo están haciendo algunos círculos de la oligarquía española. El Círculo de Empresarios o la CEOE exigen elecciones anticipadas, que en las actuales condiciones darían el triunfo a un gobierno PP-Vox.

Y en tercer lugar, conviene tener en cuenta que detrás de los escándalos de corrupción se está jugando la batalla política más relevante: quién gobierna España.

EEUU, o los círculos oligárquicos nacionales, no se movilizan ahora para acabar con la corrupción. Quieren determinar el futuro gobierno. Han desatado una ofensiva para evitar otro 23-J, cuando daban por hecho un gobierno PP-Vox pero la movilización en las urnas de la mayoría progresista lo impidió.

Washington quiere en España un gobierno que cumpla con el 5% del gasto militar, que no se enfrente a la guerra en Oriente Medio y acate el genocidio en Gasa, que no se acerque a China…

Los centros de poder nacionales, y también la superpotencia, desean un gobierno que pueda ejecutar “recortes sin complejos”, sin la necesidad de hacer concesiones a la izquierda.

Un gobierno PP-Vox, es decir un gobierno “trumpista” sería una amenaza extremadamente grave para el país, para el pueblo.

Enfrentarlo exige movilizar a la mayoría social progresista. Y eso supone no solo tomar medidas contra la corrupción, que por supuesto. Sino sobre todo hacer una política que de verdad beneficie a la mayoría. En los ocho años de gobiernos de Pedro Sánchez hemos visto como la inflación recortaba nuestros salarios o la disparatada subida de los alquileres nos empobrecía. Mientras el Ibex-35 o los fondos extranjeros se “forraban”. El aumento de la desigualdad es la primera causa de malestar social, y la principal debilidad del gobierno. Hacerle frente a través de una política de Redistribución de la Riqueza es el mejor camino para evitar un gobierno trumpista.

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