Editorial

Las huelgas docentes: una lección de lucha, de unidad y de dignidad

Desde estas páginas, les mandamos a los docentes en huelga nuestro más caluroso apoyo: ¡Quina lliçó ens esteu donant, profes!

«El profe / luchando / ¡también te está enseñando!», es una de las consignas más coreadas estos días en las movilizaciones de docentes de Aragón, Cataluña y sobre todo, en la Comunitat Valenciana, donde la huelga educativa indefinida dura ya cuatro semanas. Y es una descripción de la realidad, tan hermosa como exacta: menuda lección de lucha, de unidad y de dignidad nos está ofreciendo los profesionales de la educación pública.

Unos maestros y profesores que no sólo reivindican unas mejoras salariales, que las merecen, sino que luchan por una educación digna para nuestros hijos, para todos y todas. Que exigen el fin de una situación crónica de recortes e infrafinanciación en la educación pública; de ratios por las nubes y falta de medios y de personal para ofrecer una adecuada atención educativa, especialmente cuando hay necesidades especiales; de temperaturas asfixiantes en el aula cuando llega el calor; de centros con goteras, o donde los alumnos han de dar clase en barracones prefabricados; y de polémicas artificiales y divisivas acerca del papel del valenciano como lengua vehicular.

En cuatro semanas de huelga educativa, los docentes -especialmente en la Comunitat Valenciana- han desatado un auténtico terremoto social, con un seguimiento cercano al 100% y sostenido a costa de su propio sueldo. Con manifestaciones y marchas diarias y masivas en las principales ciudades de Valencia, Alicante o Castellón. Con protestas allí donde se presenta Pérez Llorca o su impresentable consellera de educación, Mari Carmen Ortí. Con todo un despliegue de creatividad e imaginación, con bandas de dolçainers y tabaleters. Con el apoyo prácticamente cerrado de las familias, de las asociaciones de padres y alumnos, y de los propios chicos.

La brutal, gratuíta e injustificable agresión de un antidisturbios a una docente jubilada que participaba en una protesta frente a la Consellería desató una masiva ola de indignación en toda España, pero especialmente en la comunidad educativa, y todas las insinuaciones ponzoñosas de Pérez Llorca y de Ortí sugiriendo que la violencia también estaba provocada por los profesores no ha hecho sino producir el efecto contrario, la multiplicación de la solidaridad y la empatía por parte de la inmensa mayoría de la ciudadanía valenciana.

Algo que ha quedado patente con la decisión de un grupo de docentes de acampar -al más puro estilo 15M- en la Plaza de la Vírgen, en el centro de Valencia, a escasos metros del Palau de la Generalitat, recibiendo casi de inmediato el cariño de miles de valencianos que se acercaban a ofrecerles comida o todo tipo de gestos de apoyo.

La decisión -tan inteligente como empática- de la asamblea de esta acampada de retirarse a otro lado de la plaza para no interferir con las celebraciones religiosas del Corpus -que se han desarrollado en un ambiente de plena convivencia con la protesta- demuestra que la huelga docente está dirigida por una linea no sólo justa, sino consciente de que la unidad y el mantenimiento del apoyo de la mayoría de la ciudadanía es un precioso capital, y la clave para conseguir la victoria en sus más que justas reivindicaciones.

Desde estas páginas, les mandamos a los docentes en huelga nuestro más caluroso apoyo: ¡Quina lliçó ens esteu donant, profes!

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