Rosalía. Flor en el asfalto

Rosalía. Es imposible que no te suene su nombre. Muchos la conocieron por su disco Los Ángeles; otros tantos por C.Tangana. Pero desde Malamente, la cantaora de Sant Esteve Sesrovires se ha establecido como una de las piezas principales del ajedrez musical español.

Rosalía. Según afirma en una entrevista, para su generación no existen géneros musicales; ella, cuando los mezcla, no toma consciencia de las fronteras, sino que deja que fluyan, el soul, el flamenco y lo urbano. Sin prejuicio ni pecado, la música nace de su pecho, sus manos, su alma.

Rosalía. Y muchos se preguntan, ¿sin raíces gitanas, sin orígenes, en el reino de las fronteras, cómo ha surgido? ¿Cómo se atreve a apropiarse de unos símbolos y una cultura que no le pertenecen? La artista ha recibido críticas por parte de internautas indignados, hasta de sectores de la comunidad gitana e historiadores como Rafael Buhigas, que afirma que intentando empoderar el lumpen, lo único que hace la artista es reproducir el mito romántico de la España franquista. Vamos a partir una lanza en favor de la cantaora.

Niña blanca, catalana y privilegiada

Su existencia a priori no tiene sentido. Muchos la ven como una flor en el asfalto. “Sin ser gitana, tengo compás”, dice. Pero esto no es casualidad. El adjetivo de cantaora no le cayó del cielo, ni se lo ha impuesto una discográfica para convertirla en un producto. Rosalía descubrió el flamenco una tarde después del instituto, a los 13 años, cuando unos amigos pusieron un disco de Camarón en su coche tuneado. Como una profecía, su música la atravesó de un flechazo y le descubrió su camino. Y así empezó su segunda vida, otros 11 años de estudios flamencos y tablaos, de la mano de José Miguel Vizcaya, El Chiqui, su maestro.

Por eso, a una le entra la risa cuando tiene que leer que Rosalía es una niña blanca, catalana, privilegiada que se apropia de. La cantaora ha crecido entre polígonos industriales y canis (o quinquis). Y lo que escuchaban estos chavales en su adolescencia, mientras se iban a hacer botellón o a comerse unas pipas en el parque, era, ni más ni menos, flamenco.

Es toda una cultura (sí, cultura) de hijos de clase obrera e inmigrantes, típica de Barcelona y alrededores. “En el Baix Llobregat pasa con lo andaluz lo mismo que en Los Angeles con lo mexicano. En cualquier rincón se respira cultura andaluza, y por extensión, flamenca”, según sus palabras. No es una Hannah Montana catalana que por el día vive la vida de una ricachona de Pedralbes y por la noche se disfraza cantaora para vender. Ella se lo ha currao.

Su estética

A Rosalía la la critican por imitar el acento o utilizar expresiones andaluzas, siendo de Sant Esteve Sesrovires. Parece ser que hay gente que pretende que cante flamenco con acento de Lleida. Y qué hacemos con Miguel Poveda, cantaor catalán, sin ascendencia andaluza, ¿se apropia por cantar con acento? O con Sílvia Pérez Cruz, de Palafrugell, que se atreve del flamenco al fado, y no lo hace precisamente con acento gironí. Lo ridículo sería que Rosalía adoptara una estética o expresiones andaluzas y gitanas fuera de su ficción como artista, para vender una imagen que no es; pero solo hace falta verla en las entrevistas para comprobar que es totalmente coherente con su contexto.

Eso sí, la mayor parte de las críticas le vinieron con la publicación del videoclip de Malamente, que incorporaba elementos andaluces, como un nazareno en monopatín o una escuela de toreo. Rosalía explicó en una entrevista que ella quería un videoclip que respondiera a sus orígenes poligoneros, con los camiones que ella veía desde pequeña en su pueblo. A partir de ahí, el director, Nico Méndez, se sirvió de ciertos símbolos para contar una historia, “un poema visual”. Vemos a una chica sumisa a la figura del torero, limpiándole el sudor. Luego, huyendo de un cazador es atropellada, y unos toreros la convierten en una motera a la que torear. Una bestia empoderada. No es la estética por la estética, despojada de significado y puesta la venta para que el público se lo trague sin pensar. Tampoco es una toma de posición ante la tauromaquia. Sino que, a través de estos elementos, se construye una narrativa que lleva una reflexión implícita sobre el papel de la mujer, de igual forma que en su último trabajo Pienso en tu mirá.

Líneas de sangre y pureza

Además, los que la critican sí que utilizan unas expresiones un tanto extrañas: “Pese a perseguir y marginar al gitano, se utilizan sin pudor elementos de su vida cotidiana. Así, mediante el sincretismo y la mezcla, se intentan romper las líneas de sangre y la pureza para acabar con ese otro al que se detesta”, dice el historiador Rafael Buhigas, especializado en Estudios Gitanos. ¿Desde cuándo hablar de romper purezas es racismo, y la mezcla es destruir al otro? Nada más lejos de la realidad. La riqueza la encontramos al difuminar los límites entre culturas: así nació el propio flamenco.

En los tiempos que corren, algunos nos quieren encerrar en compartimentos estancos, con fronteras culturales inquebrantables, y atreverse a desafiarlo es “liberal”. Los límites de nuestra creación, desde el humor hasta la música, están siendo cuestionados repetidamente en nombre de una supuesta corrección política. Esta es la cruzada del siglo veintiuno. Y Rosalía está en medio de la batalla sin quererlo, porque representa todo lo contrario. El flamenco son sus cimientos y de ahí al cielo, jugando con el pop, el soul o el trap. Ella es diversidad dentro de la unidad, es ruptura con lo establecido, es libertad. Esperemos que, por el bien de la escena musical española, siga creando sin fronteras.

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