El PP mantiene la disciplina pero las tensiones se acumulan en su interior

Rajoy, un activo tóxico

Su partido, el PP ha sido imputado por la destrucción de los discos duros de los ordenadores de Bárcenas, investigado por blanqueo de dinero en el caso Imelsa en Valencia, las organizaciones de dos de sus feudos históricos desmanteladas en Valencia y Madrid y sus iconos regionales, Rita Barberá en Valencia y Esperanza Aguirre en Madrid, en la diana de los jueces.

Rajoy se presenta como el vencedor de las elecciones del 20-D por ser la fuerza más votada. Y, por lo tanto, con derecho a encabezar la formación de un gobierno de “gran coalición” con Ciudadanos y PSOE. Una de las opciones preferidas por la Toika, el Ibex-35 y la banca.

Sin embargo, la realidad es que Rajoy fue uno de los grandes derrotados de esas elecciones. No sólo fue el que más votos perdió -4 millones de votos y 63 escaños respecto a 2011-, sino que cosechó un rechazo social generalizado a su gestión al frente del gobierno de los recortes. Expresado en esos más de 16,5 millones de votos que votaron opciones de cambio contra los recortes y que concentraron sus votos en podemos, IU, Compromis y la inmensa mayoría de los votantes del PSOE. “La cabeza de Rajoy sería el precio que estarían dispuestos a pagar en aras de la “gran coalición”.”

El 20-D salió derrotado Rajoy y salió derrotada la opción “estrella” por la que habían apostado el FMI y Merkel, el Ibex-35 y la banca y los grandes medios de comunicación afines: Rajoy no consiguió los escaños suficientes para formar un gobierno presidido por él con Ciudadanos. Y se vio obligado a rechazar la investidura que le ofreció en rey.El plan B de el hegemonismo y la oligarquía -la “gran coalición” con PP, PSOE y Ciudadanos- se ponía en marcha pero ahora con mayores dificultades para salir adelante, tras el acuerdo de PSOE y Ciudadanos, que sin embargo creaba mejores condiciones para avanzar en la formación de un gobierno de unidad nacional contra los recortes y por la regeneración democrática.

Las dificultades de la “gran coalición” y el círculo de hierroEl abrumador rechazo a su gestión y la explosión de casos de corrupción, han convertido a Rajoy, el gestor más fiel de los poderes financieros nacionales y extranjeros en un auténtico “activo tóxico”.

Las presiones para hacer posible una nueva versión de “gran coalición” está en marcha. Pero ahora las opciones giran también en torno a que sea el PSOE quien la encabece, como un “gran centro” con Ciudadanos y el apoyo o la abstención de un PP con o sin Rajoy.

Rajoy, rodeado por un auténtico “círculo de hierro” en los puestos clave de la dirección del PP puede ofrecer aún muchas resistencias.

Por ahora el líder y su entorno parecen dispuestos a resistir a toda costa, mantienen la disciplina del PP, pero las tensiones se acumulan en el interior del partido.

El ex presidente murciano, Alberto Garre, se ha convertido en el primer dirigente del PP que pide públicamente a Rajoy “que de un paso atrás”. Asegurando que existe “un clamor silencioso” en el PP que reclama su relevo. En el mismo sentido se han pronunciado el ex presidente del PP de Navarra Jaime Ignacio Del Burgo, o el vicepresidente tercero de la Diputación de Alicante y dirigentes de Nuevas Generaciones. También desde algunos medios de comunicación hay presiones en esa dirección.

Llegado el momento, los centros de poder fácticos y económicos, internos y externos, pueden estar dispuestos a prescindir de uno de sus gestores políticos más fieles, ahora un “activo tóxico” por el rechazo que concita, si se hace imprescindible removerlo para frustrar un gobierno de unidad nacional contra los recortes y por la regeneración democrática o para la formación de una u otra forma de gobierno de “gran coalición”. La cabeza de Rajoy sería el precio que estarían dispuestos a pagar en aras de la “gran coalición”.

A día de hoy, casi tres meses después de las elecciones generales del 20 de diciembre, todas las opciones están abiertas, incluida la repetición de las elecciones, bajo los augurios de unas encuestas que pronostican, en caso de repetirse, pocas variaciones respecto a lo que los españoles votamos en diciembre.

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