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Rajoy enseña sus cartas, el PSOE no quiere jugar

MARIANO Rajoy compareció ayer ante los medios, tras el último Consejo de Ministros del año, para lanzar dos mensajes.

MARIANO Rajoy compareció ayer ante los medios, tras el último Consejo de Ministros del año, para lanzar dos mensajes. El primero, que él se cree con toda la legitimidad para intentar formar Gobierno, puesto que su partido ha ganado las elecciones con siete puntos de ventaja sobre el PSOE y 1,7 millones de votos. Y el segundo mensaje es que, con los resultados electorales que se han producido, considera que la mejor solución pasa por un Gobierno con “amplio apoyo parlamentario”, a poder ser con más de 200 escaños. Esta opción es la que mejor se ajustaría a la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, según sus palabras, ya que generaría confianza y proporcionaría estabilidad política y económica.

Rajoy eludió pronunciar la palabra “coalición”, por lo que no sabemos a ciencia cierta si el líder del PP está pensando en un acuerdo de legislatura con el PSOE y Ciudadanos o preferiría un pacto en el que los tres partidos tuvieran presencia en el Ejecutivo. Probablemente Rajoy no descarta ninguna de las dos posibilidades. De hecho, preguntado si podría haber ministros de otro partido en el Gobierno, respondió que eso son “detalles”.

Efectivamente lo relevante no es en estos momentos si va a haber un Gabinete de concentración o un acuerdo de gobernabilidad, lo relevante es si va a haber un pacto de Estado que asegure que España va a tener un Gobierno estable en la próxima legislatura. Eso es lo sustancial y lo que sería mejor para el país.

A Rajoy se le puede criticar por muchas cosas, entre ellas, que no ha gobernado en la pasada legislatura con un talante precisamente dialogante. Pero las pasadas elecciones marcan una nueva etapa y lo que propone el líder del PP es fundamentalmente correcto, por mucho que tal vez podría haber realizado su oferta con un envoltorio de mayor atractivo.

Sorprende, por ello, la reacción de César Luena, secretario de organización del PSOE, que rechazó de forma categórica la oferta de Rajoy, sin el menor matiz de consideración. Para él, “Rajoy debe asumir que forma parte del pasado” y que representa “el inmovilismo, la desigualdad y la imposición”. “Votaremos no por el bien de España”, aseguró. El dirigente socialista abogó por “grandes acuerdos”, pero descartó que ello sea posible con Rajoy, al que volvió a responsabilizar de la corrupción de su partido.

Luena y el PSOE son libres de opinar lo que quieran sobre el líder del PP, pero el hecho incontestable es que ha ganado las elecciones, aunque sin mayoría absoluta. Esto no lo pueden obviar y, por lo tanto, cometen un error al negarse a asumir cualquier posibilidad de colaboración con Rajoy y al denigrarle con descalificaciones que sólo dificultan cualquier salida a los problemas de gobernabilidad.

Dada la fragmentación del mapa electoral y la imposibilidad de llegar a un acuerdo con Podemos, resulta meridianamente claro que Pedro Sánchez no va a poder encabezar un nuevo Gobierno. Pero lo peor es que tampoco parece dispuesto a sentarse en una mesa con el PP y Ciudadanos para hablar sobre ese pacto de Estado. Por lo tanto, lo que Sánchez y Luena nos están diciendo hoy es que estamos abocados a unas nuevas elecciones generales, tras agotarse el plazo que fija la Constitución para que haya un nuevo Gobierno.

No faltará quien argumente que disponemos al menos de dos meses y medio para proceder a la investidura de un nuevo presidente. Es cierto. Hay margen para rectificar y para negociar. Pero resulta bastante peligroso que el PSOE fije de entrada una posición de marcada intransigencia y de antagonismo con Rajoy, lo que sin duda no va a facilitar que se puedan alcanzar acuerdos.

Cuantas más veces digan Sánchez y Luena que el pacto con el PP es imposible, más cerca estarán de la profecía autocumplida porque llegará un momento que será imposible dar marcha atrás salvo para quedar en ridículo.

El no del PSOE lleva a unas elecciones generales en las que probablemente la tendencia del voto a polarizarse favorecería al PP y a Podemos. Sánchez tendría que cargar con la culpa de ser el responsable de no haber evitado ese escenario.

Por el interés de la mayoría y por la necesidad de que haya un Gobierno con capacidad de resolver los grandes retos del país, hay que pedir a Pedro Sánchez que recapacite. Pero también hay que demandar a Rajoy que sea generoso y flexible a la hora de entenderse con el PSOE y Ciudadanos. No es el momento de hacer cálculos electorales ni de pensar de forma egoísta. Todos están obligados a ceder para lograr que España sea gobernable en los próximos cuatro años.

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