Serial: la formación social rusa

¿Quién manda en Rusia? (I)

¿Quién manda en Rusia? ¿Estamos ante un nuevo zar al que nadie puede rechistar -Putin- rodeado de boyardos? ¿O tiene el poder una burguesía monopolista? Iniciamos un serial para conocer de cerca a la clase dominante rusa: quienes son, en qué sectores concentran su capital, de dónde vienen y cómo se han gestado, y qué proyectos geopolíticos les impulsan a guerras imperialistas como la de Ucrania

La invasión y la guerra de destrucción total desatada por Rusia en Ucrania concentra las miradas del mundo en Vladímir Putin, el presidente de un régimen autoritario que ha intensificado la represión interna contra su propio pueblo y lanzado una criminal guerra de agresión imperialista contra Ucrania. Putin es calificado como “el nuevo zar” de Rusia y se especula con su salud para determinar el final de la guerra.

Pero al individualizar la mirada en la figura de Putin se minusvalora y oculta quién tiene el poder en Rusia: una burguesía monopolista de Estado, y que esta es la clase dominante de una potencia nuclear imperialista.

¿Quién es esa clase? ¿En qué sectores económicos se concentra? ¿Qué proyectos tiene?

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La reunión del 24 de febrero

El 24 de febrero de 2022, el mismo día que comenzó la invasión de Ucrania, Putin se reunía en el Kremlin con casi medio centenar de representantes de las empresas estatales y privadas. Entre ellos trece de los principales oligarcas rusos de los monopolios y las finanzas, desde el complejo militar industrial a las energéticas y la minería o gigantes tecnológicos y de infraestructuras…

Reunión con representantes de los círculos empresariales rusos. 24 de febrero de 2022 Moscú, Kremlin

Allí estaban: Alexey Mordashov, el oligarca del acero y las finanzas, la persona más rica de Rusia (con una fortuna valorada en 29.100 millones de dólares); Vladimir Potanin, dueño de NorNickel, el mayor productor mundial de níquel y paladio; Vagit Alekperov, fundador de Lukoil, la mayor petrolera rusa; Pyotr Aven, presidente da Alfa Bank, el mayor banco privado; Andrei Bokarev, presidente de la mayor ferroviaria rusa THM; el presidente de PhosAgro, Andrei Guriev, uno de los mayores productores de fertilizantes del mundo; Mikhail Gutseriev, dueño de B&N Bank; Andrey Melnichenko, carbón y fertilizantes; Leonid Mikhelson, gas y químicas; Vadim Moshkovich, agricultura y sector inmobiliario; Dmitry Pumpyansky, fabricante mundial de tubos de acero; Vladimir Yevtushenkov, telecomunicaciones, energía, sanidad…); y el director general del gigante tecnológico Yandex (el Google ruso) Tigrán Judaverdián.

No es una imagen cualquiera. Es una foto de clase, el retrato de la burguesía monopolista rusa.

El encuentro del 24 de febrero de hace una año en el Kremlin no era el cónclave de un país sometido a un autócrata, sino una reunión de Estado del poder político y económico, la expresión de una clase dominante compartiendo un proyecto común, más allá de las diferencias entre los diferentes sectores, en el momento de dar un paso adelante cualitativo como la invasión de Ucrania, pieza clave en su proyecto imperialista.

Cuando se va a cumplir el primer año de la invasión de Ucrania iniciamos un serial en el De Verdad con el que nos proponemos dar respuesta a esas y otras preguntas. Este es el primero de una serie de artículos que nos permitan conocer más a fondo la actual formación social de Rusia, el origen y gestación de su actual clase dominante y sus proyectos, el ascenso de Putin y su significado político al frente de la Federación Rusa…

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Los rasgos de la clase dominante rusa

1 Como en el resto de países capitalistas desarrollados, el capitalismo monopolista de Estado es el modo de producción dominante en Rusia.

Rusia es el país más extenso de la Tierra, posee más del 30% de los recursos naturales del planeta: las

mayores reservas conocidas de gas natural y es uno de los tres principales productores y exportadores de petróleo del mundo.

Por eso, la industria energética está en el centro del capitalismo monopolista de Estado ruso con gigantes como Rosneft, Novatek o Lukoil, empresas estatales o con fuerte participación del gobierno ruso. Pero destaca un buque insignia, la gigantesca energética Gazprom, la empresa más grande de Rusia y el mayor proveedor público de energía del mundo.

Gazprom es mucho más que una megacorporación energética. Es el núcleo de un conglomerado monopolista que controla buena parte del sector bancario gracias a su banco Gazprombank, los medios de comunicación con Gazprom Media, el mayor holding mediático ruso, y las tres redes sociales más importantes de Rusia, incluido VKontakte (el Facebook ruso)…

En el sector financiero, formado por una amplia red de bancos como el Alfa Bank, el mayor banco privado, o el Rossiya Bank, destaca sobre los demás Sberbank, la mayor entidad financiera de Rusia controlada por el Kremlin como accionista mayoritario. Como Gazprom, el grupo Sber es mucho más que un banco. Controla toda una serie de empresas tecnológicas: el SberMarket domina el comercio electrónico; el SberCloud da servicios en la nube y el SberHealth un servicio de salud digital.

El complejo militar industrial, integrado por unas 700 entidades que conforman 14 holdings empresariales que producen motores, telecomunicaciones militares, equipos electrónicos y ópticos de alta precisión, productos para la industria aeroespacial… La corporación estatal Rostec es la principal empresa de referencia, con divisiones de uso civil y militar.

La industria minera extractiva, la industria pesada, la química y de fertilizantes… son otros sectores clave.

Una burguesía monopolista de Estado es la clase dominante en Rusia

2.- En Rusia tiene el poder una burguesía monopolista de Estado que concentra la propiedad del gran capital y el poder del Estado.

Algunos de los principales banqueros y monopolistas de Rusia

No es la suma de un grupo de oligarcas. “Es una clase dominante de banqueros, monopolistas y altos empresarios estructurada, organizada y jerarquizada que detenta la propiedad del gran capital, es dueña de bancos, monopolios y grandes empresas y tiene el monopolio de los aparatos del Estado imperialista ruso”.

El origen de la actual clase dominante está en el proceso de reparto de la economía de propiedad estatal tras la implosión de la URSS en 1991, y la apropiación de las principales fuentes de riqueza del país por la élite de la burguesía burocrática soviética gracias a su lugar en los aparatos del Estado, por a ser cuadros del PCUS y miembros destacados en los aparatos del Estado, y a su control sobre el poder político.

Y Putin, un exagente del KGB de 47 años, no es el “nuevo zar” que llega a la presidencia de la Federación Rusa por sus propios medios sino impulsado por los oligarcas más destacados de la nueva clase monopolista: la línea que representa es la alternativa política de la clase dominante para encabezar un régimen autocrático y llevar adelante un nuevo proceso de concentración del capital monopolista.

Por un lado, reordenando y depurando a los oligarcas considerados demasiado prooccidentales, opuestos a Putin y críticos con la guerra de Chechenia, la anexión de Crimea y el reagrupamiento de las antiguas repúblicas soviéticas. Críticos como Gusinsky, magnate de los medios de comunicación, y opositores políticos como Mijaíl Jodorkovsky perdieron sus medios y acabaron en el exilio, en la cárcel o ahorcados en Londres, como el banquero y fundador de Gazprom Boris Berezovski. Y sus empresas repartidas entre los fieles al régimen o nacionalizadas para crear nuevos monopolios controlados por el Estado y dirigidos por un nuevo tipo de oligarcas, los “siloviki”.

Y por otro, promoviendo a los “siloviki”, así se conoce a todos aquellos oligarcas antiguos oficiales de Inteligencia, como el mismo Putin en el KGB, en el Ejército o en la policía. Un sector especialmente cercano al Kremlin que forma parte del núcleo de confianza de Putin. Entre ellos el ministro de Defensa, Sergéi Shoigú; el general jefe del Estado Mayor, Valeri Guerasimov; o el director del Servicio Federal de Seguridad (antigua KGB), Aleksandr Bórtnikov. Y otros como Igor Sechin, presidente del gigante petrolero Rosneft.

3. Es la clase dominante de una potencia imperialista.

Es la clase dominante de la segunda potencia nuclear del planeta, por detrás de EEUU, aunque es la primera si se tiene en cuenta el arsenal nuclear almacenado, con cerca de 6.000 cabezas nucleares, casi la mitad del arsenal atómico mundial, por las 5.500 de EEUU.

Este es un rasgo fundamental del imperialismo ruso actual. En la guerra de Ucrania hemos podido comprobar cómo su proyecto imperialista esgrime la amenaza nuclear como razón de fuerza para imponer en última instancia sus intereses geoestratégicos.

Todos estos rasgos combinados convierten a la oligarquía rusa en un imperialismo agresivo, aventurero y especialmente peligroso, ya que busca lograr por la fuerza y la intervención lo que es incapaz de lograr por ideología y competencia económica.

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El proyecto imperialista de la oligarquía rusa

La invasión de Ucrania es la clave de bóveda del proyecto imperialista de la clase dominante rusa. La oligarquía financiera y monopolista tiene como proyecto estratégico ser reconocida como una potencia euroasiática determinante en el mundo multipolar que se está gestando.

Esta es el área que el imperialismo ruso reclama como su área de dominio exclusivo. En rojo, el territorio de la Federación Rusa, en verde, las antiguas repúblicas de la URSS: Bielorrusia, Moldavia, Georgia, Azerbayán, y Kazajistán y el resto de repúblicas de Asia Central. Ucrania (en amarillo) es la clave de bóveda de este proyecto.

Y para ello busca recuperar bajo su dominio exclusivo el espacio territorial de las antiguas repúblicas exsoviéticas, desde Bielorrusia al oeste hasta el Pacífico, pasando por blindar su dominio sobre las repúblicas exsoviéticas de Asia Central y el Cáucaso.

Necesitan ese área de dominio exclusiva para ser una potencia euroasiática decisiva, porque necesitan de un mercado cautivo.

La procedencia político-burocrática soviética de la mayoría de los oligarcas rusos junto a su incapacidad para competir en muchos sectores ya no sólo con EEUU o la UE, sino con China y las dinámicas economías asiáticas, les lleva a practicar, como en los tiempos de la URSS, un asfixiante control de la vida económica o política de Rusia. Se ven incapaces de competir en en mundo cada vez más globalizado y dinámico, así que necesitan garantizarse un enorme “coto privado de caza”, donde ellos y sólo ellos pueden controlar la extracción de materia primas, el tráfico de mercancías o la oferta de servicios. Un mercado cautivo que implica necesariamente el control autoritario de la información y la opinión pública, mutilar las libertades ciudadanas y los derechos civiles, y la promoción del más rancio ultranacionalismo y del culto servil a la autoridad.

La clase dominante rusa impulsa un proyecto imperialista agresivo, aventurero y especialmente peligroso

Ucrania es la clave de ese proyecto, y por ello lanzaron esta agresión, largo tiempo preparada, aprovechando las condiciones y debilidades de una superpotencia norteamericana sumida en su ocaso imperial, que pocos meses antes -en agosto de 2022- tuvo que salir vergonzantemente de Afganistán.

Para poder tener esa área de dominio e influencia, no pueden apoyarse en el “poder blando”. El inexistente dinamismo económico y el escaso magnetismo ideológico privan a Moscú de esa baza. Necesitan otro pegamento, y no es otro que el miedo, la amenaza de la brutal agresión militar.

Las agresiones militares son el instrumento principal para hacer avanzar su proyecto, pero no el único. La otra son las operaciones de intoxicación, subversión y desestabilización interna de otros países, estableciendo vínculos con la ultraderecha, alentando la guerra cibernética y la utilización geoestratégica de la energía y otros recursos naturales.

Un proyecto que lleva años de desarrollo, guerras de Chechenia, ocupando territorio de Georgia, anexión de Crimea, instigando la insurgencia en el Donbás, aplastando las protestas en Kazajistán, interviniendo en Siria, enviado mercenarios a Libia y el Sahel…

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