Petraeus se opone a una retirada rápida de Afganistán

“La declaración ofrece una visión previa de lo que promete ser una intensa batalla polí­tica sobre el futuro de la guerra encabezada por Estados Unidos en Afganistán, que se ha deteriorado en el terreno y se ha vuelto impopular en el paí­s. Algunos demócratas en el Congreso están presionando ya para una amplia retirada desde el principio, mientras que los partidarios de la guerra dicen que una rápida reducción podrí­a poner en peligro la misión en Afganistán por completo.”

La declaración ofrece una visión revia de lo que promete ser una intensa batalla política sobre el futuro de la guerra encabezada por Estados Unidos en Afganistán, que se ha deteriorado en el terreno y se ha vuelto impopular en el país. Algunos demócratas en el Congreso están presionando ya para una amplia retirada desde el principio, mientras que los partidarios de la guerra dicen que una rápida reducción podría poner en peligro la misión en Afganistán por completo. (THE NEW YORK TIMES) LES ECHOS.- No hay manera de controlar la codicia mediante alguna apelación a la moralidad y a los valores. La codicia tiene que ser controlada por el miedo a perder, que deriva de saber que las instituciones y los agentes imprudentes no serán rescatados. Los rescates sistémicos de la crisis más reciente –por más que fueran necesarios para evitar un derrumbe global– agravaron este problema de riesgo moral. No sólo se rescató a las instituciones financieras “demasiado grandes para quebrar”, sino que la distorsión se agravó, ya que estas instituciones se han vuelto incluso más grandes –a través de la consolidación del sector financiero–. Si una institución es demasiado grande para quebrar, es demasiado grande y hay que dividirla EEUU. The New York Times Petraeus se opone a una retirada rápida de Afganistán Dexter Filkins El general David H. Petraeus, el comandante de las fuerzas estadounidenses y la OTAN, inició una campaña el domingo para convencer a un público cada vez más escéptico que la coalición encabezada por Estados Unidos todavía puede tener éxito aquí a pesar de meses de retrocesos, diciendo que no había ido a Afganistán para presidir una "salida elegante". En una entrevista de una hora de duración con The New York Times, el general se opuso a la retirada precipitada de las fuerzas en julio de 2011, fecha fijada por el presidente Obama para comenzar al menos una reducción gradual de los 100.000 soldados sobre el terreno. El general Petraeus dijo que sólo en las últimas semanas el plan de guerra había sido afinado y le han sido dados los recursos que solicitó. "Por primera vez, dijo, tendremos para poner en marcha lo que hemos estado trabajando durante el último año y medio." En otra serie de entrevistas, en el programa de NBC "Meet the Press", el general Petraeus, incluso pareció dejar abierta la posibilidad de que no recomendará la retirada de las fuerzas estadounidenses el próximo verano. "Ciertamente, sí", dijo cuando el conductor del programa, David Gregory, le preguntó si, en función de cómo se estaba desarrollando la guerra, podría decirle al presidente que la disposición de la reducción debe retrasarse. "Cuando el presidente y yo nos sentamos en la Oficina Oval, me expresó muy claramente que lo que quiere de mí es mi mejor asesoramiento militar profesional". La declaración ofrece una visión previa de lo que promete ser una intensa batalla política sobre el futuro de la guerra encabezada por Estados Unidos en Afganistán, que se ha deteriorado en el terreno y se ha vuelto impopular en el país. Algunos demócratas en el Congreso están presionando ya para una amplia retirada desde el principio, mientras que los partidarios de la guerra dicen que una rápida reducción podría poner en peligro la misión en Afganistán por completo. El general Petraeus, en su entrevista con el Times, dijo que las tropas estadounidenses y la OTAN están haciendo progresos en varios frentes, incluida la expulsión de los insurgentes talibanes de sus santuarios, la reforma del gobierno afgano y la preparación de los soldados afganos para luchar por sí mismos. El general Petraeus, que asumió el cargo el mes pasado después de que el general Stanley A. McChrystal fuera cesado por hacer comentarios despectivos sobre los líderes civiles, dice que cree que le darán el tiempo y el material necesarios para prevalecer aquí. Expresó su confianza en ello a pesar de que casi todas las fases de la guerra van mal – y aunque algunos dentro de la administración de Obama se han vuelto contra él. "El presidente no me envió aquí para buscar una salida elegante", dice el general Petraeus en su oficina en la sede de la OTAN en el centro de Kabul. "Mis órdenes de batalla son hacer todo lo humanamente posible para ayudar a alcanzar nuestros objetivos." Las declaraciones públicas del general Petraeus, las primeras desde que asumió el mando, resaltan los extraordinarios desafíos, tanto militares como políticos, que se ciernen en los próximos meses. Soldados e infantes de marina estadounidenses están muriendo a un ritmo más rápido que en cualquier otro momento desde 2001. El afgano en que Estados Unidos ha depositado sus esperanzas, el presidente Hamid Karzai, ha demostrado poca determinación para erradicar la corrupción que impregna a su gobierno. Y quizás lo más importante, el general tiene la voluntad de tratar de demostrar el progreso en los próximos 11 meses, hasta el plazo dado por Obama para comenzar a retirar las tropas. La fecha fue elegida en parte para ganarse a los críticos de la guerra y para empujar al gobierno afgano a implementar reformas más rápidamente. Pero a medida que las críticas batallas para recuperar partes de los santuarios talibanes han fallado, los comandantes militares han comenzado a prepararse para solicitar a la Casa Blanca que mantenga la retirada el próximo año a un nivel mínimo. En la entrevista con el Times, el general Petraeus también sugiere que se opondría a la retirada a gran escala o rápida de las fuerzas estadounidenses. Si los talibanes creen que es eso lo que va a pasar, dijo, están equivocados. "El enemigo está claramente defendiéndose, valora el momento como crucial y cree que todo lo que tiene que hacer es sobrevivir a la presente campaña de lucha", dijo el general. "Este, simplemente, no es el caso". La campaña pública iniciada el domingo reproduce de manera similar los esfuerzos de alto perfil a los que el general se comprometió en la fase más sangrienta de la guerra en Irak. A principios de 2007, uniéndose a un grupo de intelectuales de la defensa y generales retirados, el General Petraeus afirmó que la situación anárquica en Irak podría ser estabilizada con el envío de decenas de miles soldados estadounidenses adicionales. El entonces presidente George W. Bush apoyó el esfuerzo y eligió el general Petraeus para que la dirigiera. Y, para sorpresa de muchos, la campaña, conocida como "la oleada", ayudó a provocar un descenso dramático de la violencia largo tiempo enquistada. Durante la oleada, el general Petraeus a menudo bordeaba las líneas tradicionales que separan los mundos político y militar, dando testimonio ante el Congreso y hablando casi todas las semanas con el señor Bush. El general Petraeus ha tenido un perfil público más bajo del desde la llegada de Obama. Sus esfuerzos el domingo –que continuará con más entrevistas en los próximos días– representan el primer intento para convencer al pueblo estadounidense de que sus esfuerzos y los de los soldados e infantes de marina estadounidenses desplegados aquí pueden tener éxito. La difusión de la última campaña del general, que incluye una entrevista con The Washington Post, destaca tanto por su fuerza política como por su carácter militar. Se muestra prudente, paciente y disciplinado, los rasgos que le han ganado un respeto general. Entre otras cosas, el general está luchando por preservar su propio legado, basado en el cambio radical que ayudó a organizar durante la guerra en Irak. El sello distintivo de esta estrategia se centra en proteger a los civiles, incluso a costa de dejar a los insurgentes que se vayan. En Afganistán, este enfoque está siendo objeto de crecientes críticas, principalmente de personas que lo consideran demasiado caro y con un final incierto. Algunos en la administración Obama han estado abogando por el paso hacia una estrategia contrainsurgente centrada en cazar y matar a los insurgentes. El general Petraeus ha importado a un estrecho colaborador de sus días de Irak para ayudarlo. El general de brigada HR McMaster, uno de los oficiales más innovadores en la guerra de Irak, se ha hecho cargo de una fuerza cuya tarea asignada es atajar la corrupción. Frederick W. Kagan, del American Enterprise Institute –uno de los padres de la doctrina del oleaje y, más recientemente, un crítico del gobierno afgano– ha venido a ayudarle también. La opinión de los expertos sugiere que el general Petraeus se propone adoptar una línea más dura contra la corrupción en el gobierno de Karzai, que se sitúa entre los mayores factores que impulsan a los talibanes afganos. Karzai ha prometido durante años acabar con la corrupción, pero ha fracasado en hacerlo. Se ha negado a las solicitudes de los funcionarios estadounidenses para sustituir a su hermano, Ahmed Wali Karzai, como presidente del consejo provincial en la provincia de Kandahar a pesar de los numerosos informes de corrupción. La semana pasada, el presidente trató de afirmar un mayor control de dos unidades afganas de lucha contra la corrupción respaldadas por Estados Unidos que están investigando a las autoridades afganas. El general Petraeus se negó a discutir la situación de Ahmed Wali Karzai, y alabó los esfuerzos del Presidente Karzai para combatir la corrupción. En cualquier caso, sugirió, la influencia estadounidense sobre el señor Karzai es limitada. "El presidente Karzai es el líder elegido de un país soberano", dice. "Así es como la gente lo ve por lo general, es por lo tanto –y tiene que serlo además– nuestro socio." THE NEW YORK TIMES. 16-8-2010 Francia. Les Echos El regreso de Gordon Gekko Nouriel Roubini En el filme Wall Street de 1987, el personaje Gordon Gekko estupendamente declaraba “La codicia es buena”. Su credo se convirtió en el rasgo distintivo de una década de excesos corporativos y del sector financiero que terminó en el colapso a fines de los años 1980 del mercado de bonos basura y la crisis de las sociedades de ahorro y préstamo. El propio Gekko fue enviado a prisión. Una generación más tarde, la secuela de Wall Street –que se va a estrenar el mes que viene– encuentra a Gekko fuera de prisión y nuevamente inmerso en el mundo financiero. Su reaparición se produce justo cuando está por estallar la burbuja crediticia alimentada por el auge de las hipotecas de alto riesgo, lo que desató la peor crisis financiera y económica desde la Gran Depresión. La mentalidad de “la codicia es buena” es una característica regular de las crisis financieras. ¿Pero acaso los operadores y banqueros de la saga de las hipotecas de alto riesgo eran más codiciosos, arrogantes e inmorales que los Gekko de los años 1980? A decir verdad, no, porque la codicia y la amoralidad en los mercados financieros ha sido moneda corriente a lo largo de los siglos. Enseñar moralidad y valores en las escuelas de negocios no va a controlar este tipo de comportamiento, pero cambiar los incentivos que recompensan las ganancias a corto plazo y llevan a los banqueros y a los operadores a tomar riesgos excesivos si lo hará. Los banqueros y los operadores de la última crisis respondieron de manera racional a los esquemas de compensaciones y sobresueldos que les permitían asumir una gran cuota de apalancamiento y aseguraban grandes sobresueldos, pero que al final, casi con certeza, iban a hacer quebrar a una gran cantidad de instituciones financieras. Para evitar estos excesos, no basta con confiar en una mejor regulación y supervisión, por tres razones: · Los banqueros y operadores inteligentes y codiciosos siempre encontrarán la manera de sortear las nuevas reglas; · Los CEOs y las juntas de directores de cualquier compañía financiera –y mucho menos los reguladores y supervisores– no pueden monitorear de manera efectiva los riesgos y comportamientos de miles de centros separados de ganancias y pérdidas en una empresa, ya que cada operador y banquero es una unidad de ganancias y pérdidas individual con su propio capital en riesgo; · Los CEOs y las juntas son, en sí mismos, objeto de importantes conflictos de intereses, porque no representan el verdadero interés de los principales accionistas de sus compañías. En consecuencia, toda reforma de la regulación y la supervisión no podrá controlar las burbujas y los excesos a menos que se cambien otros aspectos fundamentales del sistema financiero. En primer lugar, los esquemas de compensación deben modificarse radicalmente mediante regulación, ya que los bancos no lo harán por sí solos por miedo a perder gente talentosa a manos de la competencia. En particular, los sobresueldos basados en resultados a mediano plazo de operaciones e inversiones riesgosas deben suplantar a los sobresueldos basados en resultados a corto plazo. En segundo lugar, rechazar la Ley Glass-Steagall, que separaba la banca comercial de la banca de inversión, fue un error. El antiguo modelo de sociedades privadas –en el que los socios tenían un incentivo para monitorearse mutuamente a fin de evitar inversiones imprudentes– dio lugar a un modelo de compañías públicas que compiten agresivamente entre sí y con los bancos comerciales para obtener una rentabilidad cada vez mayor, que sólo se alcanzaba con niveles imprudentes de apalancamiento. De la misma manera, el paso de un modelo de préstamo de “originar y retener” a uno de “originar y distribuir” basado en la securitización condujo a una transferencia masiva del riesgo. Ningún participante salvo el último en la cadena de securitización estaba expuesto al riesgo crediticio final; el resto simplemente cobraba honorarios y comisiones elevadas. En tercer lugar, los mercados financieros y las empresas financieras se han convertido en un nudo de conflictos de intereses que se debe desenmarañar. Esos conflictos son propios del sistema, porque las empresas que se involucran en banca comercial, banca de inversión, operaciones de negociación, generación de mercado, seguros, gestión de activos, fondos que invierten en compañías privadas, actividades de fondos de cobertura y otros servicios están en cada lado de cada acuerdo (el caso reciente de Goldman Sachs fue sólo la punta del iceberg). También existen enormes problemas de representación en el sistema financiero, porque los actores principales (como es el caso de los accionistas) no pueden controlar de manera apropiada el accionar de los agentes (máximos responsables ejecutivos, gerentes, operadores, banqueros) que persiguen sus propios intereses. Es más, el problema no es sólo que los accionistas de largo plazo son estafados por agentes de corto plazo codiciosos; hasta los accionistas tienen problemas de representación. Si las instituciones financieras no tienen suficiente capital, y los accionistas no tienen gran parte de su pellejo en juego, llevarán a los CEOs y a los banqueros a asumir un apalancamiento y riesgos excesivos, porque su propio capital contable no está en juego. Al mismo tiempo, existe un doble problema de representación, ya que los principales accionistas –los accionistas individuales– no controlan de manera directa a las juntas y a los CEOs. Estos accionistas están representados por inversores institucionales (fondos de pensión, etc.) cuyos intereses, agendas y relaciones amistosas muchas veces los alinean más estrechamente con los CEOs y gerentes de las firmas. En consecuencia, las repetidas crisis financieras también son el resultado de un sistema fallido de gobernanza corporativa. En cuarto lugar, no hay manera de controlar la codicia mediante alguna apelación a la moralidad y a los valores. La codicia tiene que ser controlada por el miedo a perder, que deriva de saber que las instituciones y los agentes imprudentes no serán rescatados. Los rescates sistémicos de la crisis más reciente –por más que fueran necesarios para evitar un derrumbe global– agravaron este problema de riesgo moral. No sólo se rescató a las instituciones financieras “demasiado grandes para quebrar”, sino que la distorsión se agravó, ya que estas instituciones se han vuelto incluso más grandes –a través de la consolidación del sector financiero–. Si una institución es demasiado grande para quebrar, es demasiado grande y hay que dividirla. A menos que llevemos a cabo estas reformas radicales, aparecerán nuevos Gordon Gekko –y Charles Ponzi–. Por cada Gekko castigado y vuelto a nacer –como el Gekko de la nueva Wall Street–, cientos de Gekkos más mezquinos y codiciosos nacerán. LES ECHOS. 17-8-2010

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