Tras el decaimiento -por el voto en contra de PP, Vox y Junts- de los dos decretos sobre la vivienda en los que el Gobierno había troceado las exigencias del movimiento popular por la vivienda, la legislatura parecía haber entrado en una parálisis de no retorno. El presidente del gobierno había planteado que tomaría decisiones tras el fin de semana, y todo el mundo se barruntaba ya el adelanto de las elecciones generales.
Y esto es lo que finalmente ha ocurrido. Pedro Sánchez anuncia la llamada a las urnas para el 29 de noviembre, una cita electoral planteada como un plebiscito sobre las políticas de vivienda y sobre los derechos sociales. “Para hacer más necesitamos una mayoría más amplia”, ha dicho el líder socialista.
Por delante quedan apenas ocho semanas, lo cual aboca a un ritmo frenético a todas las formaciones, especialmente a una izquierda a la izquierda del PSOE que no tiene un cauce único. Los partidos del espacio Sumar plantean una nueva marca («Frente Amplio») para el próximo 18 de octubre y están en intensas negociaciones. Una izquierda que intenta emular las exitosas experiencias de Mamdami en Nueva York o Die Linke en Berlín, que han hecho de la vivienda su principal eje de referencia.
Por contra, en el espacio de la derecha, según las últimas encuestas PP y Vox ya obtendrían más de la mitad de los escaños si hoy fueran las elecciones generales, especialmente por el empuje de los ultras de Abascal. Sin embargo, a pesar de que el bloque progresista parte de una mayor desventaja a remontar con respecto a las últimas elecciones generales, no pocos expertos electorales piensan que la maniobra de Sánchez es una acertada «última bala» en el cartucho.
La irrupción del gigantesco y masivo movimiento popular por la vivienda ha cambiado por completo el eje político sobre el que se desarrollaba el debate. De Ceuta y la migración -un terreno en el que se crece la derecha y la ultraderecha-, el desahucio de Mari Carmen, las multitudinarias marchas del Sindicato de Inquilinas y la acampada en Sol y otras capitales han puesto el centro en la vivienda y el atraco inmobiliario, un plano que, aunque en absoluto deja bien parado al PSOE -que en estos ocho años de gobierno de Sánchez ha amparado el saqueo de bancos y fondos de inversión- sí sirve de catalizador, movilizador y aglutinante para el espacio a la izquierda de la socialdemocracia.
En el plano internacional, el panorama es incierto y plagado de peligros. Las elecciones generales españolas se celebrarán tres semanas después de unas elecciones de medio mandato en EEUU que -a priori- Trump tiene cuesta arriba y en las que los republicanos podrían perder su hegemonía sobre las dos cámaras del Capitolio.
Pero el anuncio de Pedro Sánchez llega al mismo tiempo que una pésima noticia desde Brasil, donde el ultra Flavio Bolsonaro ha quedado primero (47%) en la primera vuelta, frente a Lula (45%), abocando al país carioca a una segunda vuelta planteada como un plebiscito entre las políticas sociales del PT y la ultrareaccionaria ofensiva del trumpismo sobre Brasil y América Latina.

