Dimite el presidente de Paraguay, Santiago Peña, del derechista Partido Colorado, por sus implicaciones con el banco digital Ueno Bank, cuya quiebra ha dejado a casi tres millones de paraguayos en un «corralito», es decir, sin acceso a sus cuentas
Peña, aliado de Trump, de Milei y del resto de presidentes de la derecha latinoamericana fue accionista de Ueno Bank hasta hace poco, y, durante su mandato, la empresa había recibido millonarios recursos de entidades públicas.
El presidente de Paraguay, Santiago Peña, ha dimitido en medio de una fuerte presión política y social que exigía su destitución tras el colapso de la entidad financiera digital Ueno, que ha dejado a tres millones de clientes sin acceso a sus ahorros.
La crisis financiera que sacude a Paraguay, uno de los países que Milei presenta como modelo económico para la Argentina, deja a tres millones de clientes de Ueno en una situación de auténtico corralito. El cierre de este banco digital deja al descubierto una tupida trama de irregularidades crediticias, vínculos empresariales con el poder político -entre ellas la presidencia de Peña- y fallas de supervisión bancaria.
El súbito colapso de Ueno golpea duramente el sistema bancario de Paraguay. «La entidad había experimentado una expansión acelerada mediante una estrategia de apertura simplificada de cuentas, que le permitió incorporar a sectores tradicionalmente excluidos de los servicios bancarios. Entre sus clientes se encuentran jubilados, trabajadores de bajos ingresos y pequeños emprendedores que utilizaban sus plataformas digitales para cobrar ingresos, realizar transferencias y administrar sus actividades comerciales», cuenta Juan Garriga en Página 12.
El cierre de Ueno Bank por el Banco Central de Paraguay fue consecuencia de un deterioro patrimonial que había alcanzado niveles incompatibles con las exigencias regulatorias. El índice de solvencia había caído hasta el 5,5, muy por debajo del mínimo. Y la auditoría de las entidades controladoras han destapado todo tipo de irregularidades y tramas corruptas, por las que ha sido detenido su CEO, Miguel Vázquez, mientras avanzan las investigaciones sobre las responsabilidades empresariales.

Para que nos hagamos una idea de la magnitud del impacto que tiene la quiebra de Ueno Bank, la entidad contabilizaba más de 2,9 millones de clientes, una cifra equivalente a casi la totalidad de los 3,2 millones de personas ocupadas en Paraguay. «De ellos, alrededor de medio millón utilizaban exclusivamente los servicios de este banco digital, por lo que quedaron directamente marginadas del sistema financiero cuando se suspendieron sus operaciones. El cese de actividad implicó la interrupción de todos los servicios de la entidad. Los clientes perdieron la posibilidad de utilizar sus tarjetas, retirar efectivo, efectuar transferencias o acceder a sus depósitos», dice Garriga. Un corralito.
El crash de Ueno afectó a toda la economía, con un 35% de caída de todas las ventas comerciales. «Para miles de pequeños comerciantes y trabajadores independientes, la cuenta bancaria constituía una herramienta indispensable para recibir pagos, adquirir mercadería y sostener sus operaciones», dice Página 12.
Como Paraguay tiene un sistema de pensiones “mixto” -el que Trump y Figaredo quieren que tengamos en España- la quiebra de Ueno deja en el aire a 32.000 jubilados.
Y aquí viene lo peor, y también la derivada política. La crisis también compromete importantes recursos públicos. El Instituto de Previsión Social de Paraguay mantenía inversiones cercanas a 355 millones de dólares en Ueno Bank, equivalentes aproximadamente al 9% de su cartera. Como Paraguay tiene un sistema de pensiones “mixto” -el que Trump y Figaredo quieren que tengamos en España- la quiebra de Ueno deja en el aire el pago de las pensiones de unos 32.000 jubilados. También quedaron involucrados fondos de la Administración Nacional de Electricidad y de la represa binacional de Itaipú.
Todas estas «inversiones» públicas en Ueno Bank han sido decididas por un presidente, Santiago Peña, que hasta hace muy poco era accionista directo de esta entidad y mantuvo vínculos empresariales directos con el grupo hasta marzo de 2025. Las sospechas se profundizaron porque, después de asumir la Presidencia, designó al entonces titular de Ueno Bank, Carlos Carvallo, al frente del Banco Central, organismo encargado de supervisar a las entidades financieras.
Este escándalo también compromete y salpica a otros líderes ultraconservadores de América Latina y del mundo. Como a Javier Milei, que siempre había alabado a Peña y a Paraguay «por su estabilidad macroeconómica, sus bajos impuestos y su inversión privada». También al líder de Vox, Santiago Abascal, que se reunió con el ahora dimitido presidente paraguayo destacando su afinidad ideológica y su brillante «política fiscal».
Esta es la política económica que defienden los sicarios de Trump en América Latina y en Europa. Un capitalismo sin trabas para llenar los bolsillos a un puñado de oligarcas, que se enriquecen poniendo los ahorros de la gente a jugar en el casino de la bolsa.

