La ofensiva antitalibán en Pakistán

Pakistán, a sangre y fuego

La ciudad de Mingora se ha convertido en el principal objetivo militar del Ejército de Pakistán que desde hace tres semana lleva a cabo una vasta ofensiva contra los talibanes. Soldados e islamistas luchan calle a calle en esta ciudad, principal núcleo urbano y centro comercial del valle de Swat, que está situada al noreste del paí­s y a tan solo 100 kilómetros de la capital del paí­s, Islamabad.

Las troas paquistaní­es se apoderaron de varias zonas claves en Mingora, cabecera del valle de Swat. Así­, los enfrentamientos con los talibán para recuperar el control de esa zona del noroeste del paí­s alcanzaban su fase decisiva. Las tropas entraron en Mingora el sábado y luchaban calle por calle con los islamistas que el mes pasado ignoraron el acuerdo de alto el fuego y avanzaron hacia la capital, Islamabad, desencadenando una intensa ofensiva paquistaní­ apoyada por Estados Unidos. Ayer, representantes militares afirmaron que habí­an tomado el control de varios cruces de calle importantes y de tres plazas de la ciudad, incluida la Plaza Verde en la que los talibán habrí­an llevado a cabo decapitaciones el año pasado.Fuentes militares dijeron que unos 15 mil militares combaten a 4 mil militantes en una región que tení­a significativos ingresos por turismo, pero que desde hace dos semanas el gobierno paquistaní­ convirtió en un escenario de guerra, presionado por la administración demócrata de Estados Unidos, que considera el valle de Swat como un refugio de los talibanes afganos y las milicias de Al Qaeda, la red de Osama Bin Laden, a los que pretende derrrotar desde hace siete años y medio en el vecino Afganistán.El asalto por tierra a Mingora, una ciudad con una población estimada en 300.000 habitantes, de los cuales la mayorí­a habrí­a huido, es una etapa decisiva en la ofensiva contra los talibán en el valle de Swat. “Las fuerzas de seguridad están implicadas en el despeje de minas. También están llevando a cabo operaciones de búsqueda en las zonas bajo su control”, dijo un representante de seguridad bajo condición de anonimato. Siguen los enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los milicianos en la zona de Nawa Kilay en Mingora y en el barrio de Qambar, al oeste de la ciudad”, dijo otro representante militar. Aunque el ejército dispone de bases dentro de Mingora, la ciudad ha estado bajo control efectivo talibán en las últimas semanas. “Mingora es vital tanto para los talibán como para los tropas. Los talibanes han invertido mucho aquí­. Se han instalado, han minado la ciudad y tomado algunos comercios”, dijo el analista de seguridad Ikram Sehgal. “Es la capital de Swat y tiene un valor psicológico. Una victoria aquí­ será un gran estí­mulo para las fuerzas de seguridad”, agregó.Para tratar de desalojar a los combatientes islámicos, las fuerzas armadas recurrieron al fuego de la artillerí­a pesada y a disparos de la aviación, que apoyaron el desplazamiento de la infanterí­a hacia el enclave rebelde. Según el sitio en Internet de la televisora árabe Al Jazeera, circulan versiones en la zona de guerra respecto de la existencia de túneles que la guerrilla talibán construyó en espera de la llegada de las fuerzas armadas gubernamentales, para enfrentarlas con éxito.La intervención en Swat se ha convertido en la prueba, que Washington exigí­a, del compromiso del Gobierno a enfrentarse con la creciente insurgencia talibán. Los Talibanes provocaron la alarma el mes pasado cuando, tras un acuerdo de paz alcanzado el pasado febrero en ese distrito, utilizaron el cese de las hostilidades para infiltrarse en los vecinos del Bajo Dir y Buner, este último a apenas 100 kilómetros en lí­nea recta de Islamabad, la capital paquistaní­.Una de las consecuencias de la ofensiva es que se han reducido los combates en la zona fronteriza con Afganistán, feudo de los talibanes paquistaní­s y afganos y también de Al Qaeda. Ayer, sin embargo, aviones de combate paquistaní­s bombardearon tres pueblos de la agencia tribal de Orakzai. El ataque, que duró varias horas y que tuvo como uno de los blancos una madrasa – o escuela coránica- utilizada por los rebeldes como escondrijo acabó con la vida de al menos siete insurgentes. Uno de los portavoces de los talibanes, maulvi Haider, aumentó la cifra de fallecidos en sus filas a 13.En una entrevista aparecida ayer en el periódico británico The Sunday Times, el presidente de Pakistán, Asif Alí­ Zardari, aseguró que una vez conquistado y pacificado el valle de Swat, el Ejército concentrará todos sus esfuerzos militares en la región de Waziristán, centro operativo de los insurgentes y situado junto a la frontera con Afganistán.Unos 2,4 millones de civiles escaparon de los combates que se registran desde que hace un mes el Ejército de Pakistán lanzó una vasta ofensiva contra los insurgentes talibanes en el valle de Swat, al noroeste del paí­s, anunció este lunes la ONU. “Tan sólo en el nuevo flujo registrado desde el 2 de mayo procedente de los distritos de Bajo Dir, Buner y Swat 2,38 millones de personas se desplazaron”, declaró a la AFP Ariane Rummery, portavoz en Pakistán del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), que citó cifras “suministradas por el gobierno de la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP)”. Casi la mitad de los desplazados, según las estimaciones de la ONU, son niños. Apenas el 18% del número total encuentran asilo en campamentos creados por el Gobierno; el resto solicita ayuda de parientes o amigos, o simplemente se instala en colonias improvisadas a lo largo del paí­s.Decidido a imponerse en la guerra afgana, para afirmar la dominación en Asia Central rica en petróleo, Washington exige que Islamabad subordine cada vez más sus intereses a los de EE.UU. Para la elite paquistaní­ esto representa una doble amenaza: las polí­ticas que EE.UU. ha impuesto a Pakistán son muy impopulares, desacreditando aún más a un sistema polí­tico corrupto y fundamentalmente antidemocrático y alimentando el descontento social; también están en conflicto con importantes elementos de la estrategia de Pakistán para enfrentar a su archirrival India.Según ha manifestado el Embajador estadounidense, EEUU ha empezado a entregar ayuda humanitaria para las personas desplazadas por los combates que están produciéndose en el noroeste de Pakistán. Funcionarios estadounidenses dijeron que un avión del ejército aterrizó el miércoles por la tarde en una base aérea cerca de la capital, Islamabad, transportando un cargamento que incluí­a tiendas con aire acondicionado y 120.000 paquetes de comida preparada.El gobierno ha levantado varios campamentos pero una inmensa mayorí­a de los dos millones estimados de personas desplazadas han acudido a familiares o han buscado alojamiento de forma privada. Hillary Clinton, prometió el martes enviar 110 millones de dólares de ayuda humanitaria a Pakistán, como parte de la estrategia de Washington para ayudar a Islamabad a contener el problema que los desplazados, por la ofensiva exigida por Washington, provoca en concreto un malestar inmenso en la población. Pakistán, con 180 millones de habitantes, con un débil y desprestigiado gobierno, con una crisis económica pavorosa, una multiplicidad de etnias, y un movimiento obrero, estudiantil y popular urbano con importantes tradiciones de lucha, puede hacer que Af-Pak, la guerra de Obama, termine en un desastre no menor que los provocados por Bush.

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