Elecciones generales 20-D:

No hay cambio sin redistribución de la riqueza

La agresividad del proyecto hegemonista de intervención y saqueo, junto a la erosión del modelo polí­tico bipartidista y la aparición y el crecimiento del viento popular y patriótico que su ejecución ha provocado, han creado una situación en que la clase dominante no puede seguir gobernando como hasta ahora. El modelo bipartidista que ha gestionado los intereses y aplicado los proyectos oligárquico-imperialistas en las últimas tres décadas ha entrado en quiebra.

La quiebra del bipartidismo

En las generales de 2008 la suma de PP y PSOE concentró el 80,9% de los votos. En las generales de 2011, pese a haber empezado su declive, todavía sumaban el 73,35%. Tres años después, sin embargo, en las europeas de 2014 quedaba reducido al 49,1% de los votos, porcentaje que, punto arriba punto abajo, se ha reproducido en las municipales y autonómicas de este año y vaticinan todas las encuestas que se mantendrá el 20-D.

Es decir, entre 2008 y 2015, los años que abarcan el estallido de la crisis y la puesta en marcha del proyecto de saqueo, el bipartidismo ha perdido casi 30 puntos, más de un tercio de su peso electoral.

Pero si miramos a las grandes ciudades del país, donde el voto es más libre y la injusta distribución de escaños de la ley electoral menor, el desplome es todavía mayor, como lo demuestra que el bipartidismo haya perdido las alcaldías de las tres principales capitales del país -Madrid, Barcelona, Valencia- y de muchas otras ciudades importantes -Zaragoza, Cádiz, A Coruña, Pamplona, Ferrol, Badalona, Santiago,…-

“La clase dominante no puede seguir gobernando como hasta ahora”

Es esta nueva situación la que determina la necesidad de un cambio en el modelo político.

El viejo modelo bipartidista ya no sirve y como anunciaba a principios de 2013 el “Informe confidencial al embajador [norteamericano en Madrid] Salomon”, EEUU “no puede permitir que una pieza militar clave para el Norte de África como España entre en un período de desestabilización política, social y económica descontrolado”.

Documento en el que se proponía que “como ocurrió en los años 70 con la transición”, las grandes potencias imperialistas con intereses en España se coaliguen para “ayudar y controlar” la situación española o pilotar una “segunda transición” que sustituya el viejo modelo bipartidista por otro. Y que concluía advirtiendo sobre la inexistencia de nuevos dirigentes “no contaminados con el régimen que hoy se tambalea”, aunque aseguraba sin ningún genero de dudas que, “llegado el momento, los nuevos protagonistas de la reforma aparecerán”.

Cambiar algo para que nada cambie

Los resultados del 20-D van a determinar en qué nueva correlación de fuerzas se va a producir este cambio y hasta dónde va a llegar. La oligarquía y el imperialismo están procediendo con el viejo principio de todas las clases reaccionarias en momentos de agitación política e inestabilidad social: intentar cambiar algo para que todo siga igual.

El curso más probable de los acontecimientos apunta a que una nueva fuerza, Ciudadanos, está en disposición de convertirse en una de las piezas claves del nuevo modelo, impulsando una regeneración del mismo que busque acabar con las manifestaciones más agudas de la corrupción, una mayor racionalización y eficiencia en el modelo económico y, tal vez, algunas concesiones a determinadas demandas de las clases populares en orden a una mayor transparencia y democratización de la vida política.

Concesiones necesarias, ante el crecimiento del viento popular y patriótico, para poder seguir ejecutando las tres vigas maestras del proyecto hegemonista: la intensificación del saqueo contra el 90% de la población, la apropiación creciente por el capital extranjero de las principales fuentes de riqueza del país y la mayor integración de España en la maquinaria bélica de EEUU y sus planes de agresión y guerra contra otros países y pueblos.

El cambio político que se avecina no sólo no va a tocar estos tres pilares del proyecto hegemonista -dictados por las imperiosas necesidades de EEUU en una situación internacional de retroceso y declive de su poder hegemonista-, sino que va a estar a su servicio. No debemos llevarnos a engaño ni dejar que nos confundan sobre esto con falsas banderas de que lo único relevante en estas elecciones es echar al PP, a la derecha, a los corruptos del gobierno.

El papel de la fuerzas emergentes

Las nuevas fuerzas emergentes llamadas a participar en este proceso de cambio político y regeneración democrática, Podemos y Ciudadanos, tienen un doble carácter. Su irrupción forma parte del avance del viento popular y patriótico, dada la posición de sus votantes, altamente movilizados en contra del bipartidismo y en el rechazo al saqueo, especialmente en el caso de Podemos.

Por eso los medios de comunicación al servicio del hegemonismo y la oligarquía han tenido que maniobrar para limitar su emergencia a una horquilla que en ningún caso debe rebasar el 15-20% de los votos. Pero al mismo tiempo, la línea impulsada por sus direcciones representa objetivamente la “domesticación” de ese viento popular y patriótico, castrando su parte más revolucionaria y conduciéndolo a “integrarse” en el nuevo modelo sin desbordar los límites que imponen los intereses de la clase dominante.

“El verdadero centro donde se juega la batalla del 20-D es que no habrá ningún cambio de verdad si no hay redistribución de la riqueza”

Ambas cúpulas dirigentes han hecho suyas las dos “líneas rojas” marcadas por Washington y Berlín para participar en el nuevo juego político que se avecina: la ineludible aceptación del euro, y por tanto la sumisión a la Europa de la troika con su política de recortes y saqueo. Y la permanencia de la OTAN y las bases, y por tanto la aceptación del estatus quo de España como peón militar de la maquinaria bélica yanqui para sus necesidades en el Norte de África y Oriente Medio.

Dado este doble carácter, nuestra posición ante ellas debe ser la de buscar la unidad, especialmente con sus bases y organizaciones locales en las luchas contra los distintos aspectos en que se manifiesta el proyecto hegemonista (desde las euromarchas contra el TIPP a las movilizaciones contras las maniobras de la OTAN), al mismo tiempo que criticamos y ponemos de manifiesto las posiciones políticas de sus direcciones opuestas a las demandas populares y a la voluntad de sus votantes, buscando influir en ellas a través de una política de relaciones que parta del principio de unidad-crítica-unidad. Porque, objetivamente, que la oligarquía y el hegemonismo tengan que verse obligados a apoyarse en fuerzas con este doble carácter para llevar adelante su proyecto, crea mejores condiciones para las clases populares.

Sin embargo, el verdadero centro donde se juega la batalla política del 20-D es que no puede haber ningún cambio de verdad en España mientras no haya redistribución de la riqueza, es decir, sin enfrentar y golpear el centro del proyecto principal de nuestros enemigos. Ese es el eje político central para poder acumular fuerzas en el seno del pueblo, para abrir paso y hacer avanzar la línea de Frente Amplio que representa Recortes Cero y para ampliar y extender la organización de nuestro partido. Este es el reto que se presenta a las clases populares en las semanas que quedan hasta el 20-D.

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