Carta al director

Ni un día de cortesía

Soy un militante de izquierdas de Murcia que no vota al Partido Socialista sino a formaciones a la izquierda del PSOE. Pero que me he alegrado, como tantos otros y con mis amigos y familiares, de que se haya echado al PP del Gobierno y haya entrado un Gobierno de izquierdas socialista. Bueno… del Partido Socialista.

En política hay una tradición no escrita de que después de unas elecciones, o de la formación de un Gobierno, se mantengan 100 días de cortesía con los que acaban de aterrizar. Dejarles un cierto margen para que empiecen a gobernar antes de empezar con las críticas. Como en la huerta de mi padre cuando planta los pimientos hay que regar primero y esperar unos días a ver si agarran y si darán fruto o se secarán.

El otro día desayuné con la noticia sobre un dirigente de izquierdas, que nada más conocerse el gobierno de Pedro Sánchez, lo criticaba en televisión.

Había apoyado la moción de censura de Sánchez “sin condiciones” dijo. Pero no habían pasado ni 24 horas y ya criticaba en la televisión que Pedro Sánchez había hecho un Gobierno que le gustaba al PP y a Ciudadanos y se había olvidado de quienes le habían hecho ganar la moción de censura. Y es más, le advertía de que era un Gobierno muy débil y que sería poco menos que un “calvario” poder gobernar. Vamos, en mi pobre entender, que le iban a hacer la vida imposible.

Soy de los que piensan que esa tradición de los 100 días de cortesía es muy democrática en general. Y debería aplicarse siempre, salvo una catástrofe de dimensiones planetarias. Pero sobre todo debería aplicarse de forma rigurosa entre la izquierda, y aún con más rigor si has apoyado que llegue ese Gobierno.

Lo he comentado con los amigos que salimos a celebrar el cambio de Gobierno. Todos coincidimos en que esta nueva situación ha abierto una oportunidad y mejores condiciones para lo que venimos pidiendo: que se acaben los recortes, que se consoliden las mejoras de las pensiones o que avancen los derechos de las mujeres.

Y en general todos hemos coincidido de que estamos en los primeros momentos y que no es el momento de coser a críticas, o sea de acosar, a los que acaban de llegar, sino el tiempo de dejar que esa planta, como los pimientos de mi padre, empiece a funcionar y echar sus primeras hojas. Solo entonces podremos ver si vamos en buen camino o no y será el momento de arreciar las críticas si es necesario.

Es el tiempo de regarla apoyando todos los pasos que den en los que estemos de acuerdo. No me alargo, pero para la gente de izquierdas progresista hay cosas que se han empezado a hacer que no podemos dejar de apoyar, como acoger a los refugiados, y políticas que se anuncian en las pensiones, las energías renovables, acabar con el “impuesto al sol” o la Ley Mordaza.

Eso no significa (decía un cuñado y amigo mío) que renunciemos a las reivindicaciones que cada uno o cada organización defiende. Todo lo contrario. Que se defiendan si cabe con más ahínco, que cada uno defienda su programa con todos los medios que tenga a su alcance. Y que haga propuestas de futuro o desarrollo de lo que esperamos del nuevo tiempo que se ha abierto. Pero si empezamos el acoso desde el minuto uno, sobre todo en estos tiempos en que los medios de comunicación y las redes sociales juegan un papel tan importante e inmediato, solo estaremos contribuyendo a que vuelvan aquellos que hemos echado.

Cien días, hasta septiembre, con agosto de por medio. Y hablamos.

Gracias por su atención.

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