Los incendios han cambiado en los últimos años, nuevos factores están interviniendo en que cada vez sean más frecuentes: el cambio climático, el abandono del medio rural, la gestión del territorio, etc… Hablamos con Edgar Juan, técnico de extinción de incendios forestales para poder profundizar cada vez más sobre esta problemática.
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Los incendios de este verano están dejando cifras extraordinarias. ¿Estamos ante un cambio en el comportamiento del fuego?
Para tener un incendio forestal necesitamos tres ingredientes: oxígeno, calor y algo que quemar. Contamos cada vez con más masa forestal continua y más condiciones que la hacen extremadamente inflamable. Se mantienen los conatos, pero tenemos equipos eficaces que los liquidan rápidamente cuando aún son dominables. Así, conato tras conato, “salvamos” masa forestal que sigue creciendo sin control, acumulando energía y esperando sus condiciones perfectas.
Por eso, los años con incendios más devastadores no son necesariamente los más calurosos o secos, sino los que preceden a años con menos incendios, en los que hemos permitido que el bosque siga creciendo. Es la paradoja de los incendios forestales.
Vende mucho más la compra de un helicóptero que un sueldo anual para un pastor con 10.000 cabezas de ganado
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Cada vez se habla más de los incendios de 6ª generación, capaces de generar sus propias condiciones meteorológicas. ¿Qué los caracteriza?
El elemento clave es el tercer ingrediente que normalmente consideramos invariable: el oxígeno. En ciertos incendios, con mucha carga de combustible y atmósferas predispuestas, se generan corrientes muy potentes de convección que elevan la energía del propio incendio, dejando entrar aire fresco cargado de oxígeno que aviva las llamas. Además, arrastran materia incandescente que cae lejos del foco y elevan la humedad de los combustibles verdes. Esta humedad puede generar tormentas propias, rayos y reventones térmicos que transforman el escenario y complican la extinción, poniendo en grave peligro a los dispositivos.
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Las olas de calor, las sequías y los fenómenos extremos están modificando el escenario. ¿Cómo afecta el cambio climático?
Negar el cambio climático es cada vez más complicado. No sólo aumenta temperaturas o épocas de sequía, sino que trastorna la suavidad climática y coloca fenómenos extremos en momentos anómalos. Los incendios se desestacionalizan. En 2022 tuvimos 234 incendios forestales entre enero y junio, con 1.100 hectáreas, y 30.000 hectáreas en todo el año. El sistema de unidades reactivas a la extinción que sólo trabajan en verano ha caducado. Hay que plantearse nuevos sistemas basados en la gestión: es la clave de todo.
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¿Estamos dedicando demasiado a la extinción y poco a la prevención?
Este es precisamente el comportamiento reactivo: esperar a la emergencia mientras las administraciones planifican acciones paupérrimas de gestión forestal. Vende mucho más comprar un helicóptero que pagar un sueldo anual a un pastor con 10.000 cabezas de ganado. Genera más votos poner 10 camiones de bomberos que un plan de gestión agrícola en suelo forestal. El sector forestal no genera economía desde hace años y la emergencia forestal consume muchísima. Es una balanza: cuanto mayor territorio gestionemos, menos recursos tendremos que invertir en reparar y luchar.
La profesión de bombero forestal es tremendamente nueva, aunque no lo parezca.
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Los trabajadores de extinción denuncian problemas de personal, formación y condiciones laborales. ¿Existe una contradicción con la creciente peligrosidad de los incendios?

La lacra viene de muy lejos. La profesión de bombero forestal es tremendamente nueva. El código CNA 5932 data de 2011, pero no es hasta la ley del BBFF de 2024 cuando se establecen sus funciones, formación, derechos, salud laboral, prevención y jornada. Hasta entonces hemos estado contratados como conductores, jardineros o peones agrícolas y forestales.
Para afrontar un incendio se requiere formación, planificación, protección y, sobre todo, contratación anual que permita vivir de ello. Cuando un incendio está fuera de la capacidad de extinción, por más medios que inyectes no vas a conseguir pararlo: saturas el dispositivo y te acercas al accidente fatal. Hay que aplicar la ley 5/2024, reconocer esta profesión como actividad de riesgo y recompensarla como es debido para poder vivir de ella.

