Poner los recursos del paí­s al servicio de la creación de riqueza y empleo

Nacionalización de la banca ya

Salir de la crisis y acabar con el paro exige, desde los intereses populares, una polí­tica activa de inversión productiva, de creación de riqueza y empleo. Condición básica para que esa nueva y mayor riqueza creada se pueda redistribuir en función de las necesidades de la mayorí­a y gestionar de acuerdo con los intereses nacionales. Sin embargo, una alternativa popular a la crisis de este tipo exige disponer de los recursos necesarios para hacerla efectiva. ¿Dónde están, de dónde deben salir esos recursos?

A medida que la deresión económica va mostrando sus peores efectos sobre la economía española, anunciando un largo período de estancamiento que el recurso al endeudamiento exterior –público o privado– ya no es capaz de maquillar por más tiempo, se alzan cada vez más voces que reclaman la necesidad de un duro ajuste de la economía española. Las recetas bancarias Y no les falta razón. La economía española, en efecto, necesita de un duro ajuste. La cuestión es qué tipo de ajuste, en qué dirección y sobre quién tiene que recaer.Para los voceros de la banca y los grupos monopolistas –prácticamente los únicos que tienen voz en nuestro sistema político y en el monopolizado ámbito de los medios de comunicación– el ajuste tiene un contenido y unos destinatarios bien claros. Recientemente los formulaba de forma explícita y sistemática la prensa económica británica, haciéndose eco de la fórmula preferida por el capital financiero europeo –los grandes acreedores de la economía española– para nuestro país. Su receta es simple y consiste en cinco puntos.En primer lugar, ha llegado “el momento de empezar a ser duro”, elevando los impuestos y ralentizando el gasto del gobierno, aunque ello no “sea bien recibido por la gente”.En segundo lugar, “recortar el gasto en el sector estatal en áreas como los salarios públicos y las prestaciones por desempleo”. En tercer lugar, “acabar con el fraude fiscal”. En cuarto, “abaratar el coste de contratación laboral”, flexibilizar “los salarios y las cotizaciones a la Seguridad Social”. Y rebajar los salarios “para ser competitivos en los mercados mundiales”.Por último, “poner fin a las disputas políticas”, que PSOE y PP alcancen un gran acuerdo político para llevar adelante los puntos anteriores. A esta alternativa ya se ha adherido de inmediato el gran jefe de la banca española, Emilio Botín, al afirmar que “el sector público y el privado tienen que hacer un esfuerzo mayor para que no se devalúe el rating de España”.Este es el futuro que esta gente está nos diseñando para salir de la crisis: más impuestos, menos salarios, un mercado laboral todavía más flexible, menos prestaciones y más recortes en los gastos sociales del Estado.Pero, ¿quién ha dicho que esta es la única receta posible para salir de la crisis? ¿De quién son los recursos de la banca? Desde los intereses de las clases populares, desde las necesidades de la mayoría, también existe una receta para salir de la crisis. Sólo que su perspectiva es muy distinta.De lo que se trata es de impulsar activamente una política de ahorro para la inversión productiva, la creación de empleo y la redistribución de la nueva riqueza creada a través de ella.El problema no está, como engañosamente se nos induce a pensar, en que España no disponga de los recursos necesarios para enfrentarse con éxito a la crisis y el paro. El problema es dónde se hallan esos recursos, en manos de quién están y al servicio de qué se ponen. Ese es todo el problema: poner los ingentes recursos del país al servicio de una política de creación de riqueza y empleo. Y el primer sitio al que hay que dirigirse al hablar de los recursos del país, es a la banca.El proceso de concentración de recursos y de riqueza que ha conocido el sistema financiero español en los últimos 10 años no tiene parangón en nuestra historia.Si fijamos la vista atrás hasta hace sólo 9 años, cuando en el año 2000 España entró en el euro, el volumen de depósitos que familias y empresas tenían depositados en la banca privada ascendía a poco más de 300 mil millones de euros.En 2009, sin embargo, el volumen de depósitos que los bancos acumulan en sus manos se había multiplicado por más de tres hasta ascender a casi 929 mil millones, según los datos manejados por el secretario de la Asociación Española de la Banca el pasado mes de septiembre. Si a ello le sumamos los 770.000 millones de euros en depósitos que, según su propio Anuario Estadístico, poseían las Cajas de Ahorro al finalizar 2008, empezamos a hacernos una idea más precisa de dónde están concentrados hoy los principales recursos de la economía española.De un total de 1 billón 700.000 millones de euros –o, lo que es lo mismo, de aproximadamente 283 billones de la antiguas pesetas, un 170% del PIB español– es de los recursos de los que estamos hablando que en la actualidad gestiona el sistema financiero español. Dinero que no es de la banca, sino nuestro, de los depositantes, de los ahorradores, de las familias. Pero que sin embargo, en todos estos años no ha estado puesto al servicio de los intereses de esos ahorradores, sino en función de que el gran capital bancario de nuestro país acumulara unos ingentes beneficios y se colocara en una posición de privilegio en el ranking bancario europeo y mundial.Ha sido gracias a esta enorme concentración de recursos en sus manos, gestionados de acuerdo única y exclusivamente a sus propios intereses que la banca española, encabezada por Botín, ha podido expandirse internacionalmente, codearse con lo más selecto del capital financiero europeo y mundial y convertirse en la banca “más rentable” del mundo. Nosotros sí tenemos otro plan: nacionalización de la banca ¿Se imagina alguien todo lo que es posible hacer poniendo todo ese enorme volumen de dinero al servicio de la creación de riqueza y empleo? ¿Cuánto de ese billón setecientos mil millones de euros haría falta dedicar a la inversión productiva, a investigación, desarrollo e innovación, a modernización tecnológica, a formación y cualificación de la mano de obra para salir en un breve plazo de tiempo de la crisis y acabar con el paro? ¿Un 5, un 10, un 15%? Seguramente mucho menos.Esta enorme concentración del poder financiero ha creado unas condiciones objetivas óptimas para poner la mayor parte de los recursos del país al servicio de los intereses nacionales y de las necesidades de la mayoría. Bastaría sólo con sólo nacionalizar la banca para que los poderes públicos dispusieran de recursos más que sobrados para acabar inmediatamente con el paro y la crisis, poniéndolos al servicio de una inversión productiva que al crear nuevas fuentes de riqueza nacional, permitiera una redistribución más justa.Son, sin embargo, las condiciones políticas, y en primer lugar la política económica del gobierno Zapatero, el gobierno de Botín, un gobierno de la banca como no ha habido ningún otro en nuestra historia, las que provocan que vivamos una realidad justamente inversa.En lugar de poner los recursos de la banca, que son nuestros recursos, al servicio de nuestras necesidades, somos nosotros mismos –no sólo nuestros recursos, sino también nuestras condiciones materiales de vida y subsistencia, nuestras horas de trabajo y de vida– los que estamos puestos al servicio de la banca. Y mientras esto ocurre, la voz de la mayor parte de la izquierda y de las cúpulas sindicales guarda un ominoso silencio sobre ello.Lo que habla por sí mismo de la imperiosa necesidad de imponer un cambio en la correlación de fuerzas política. De organizar la fuerza necesaria para que la exigencia de la nacionalización de la banca y la puesta de sus recursos al servicio del país se abra paso como la alternativa necesaria para salir de la crisis y acabar con el paro desde los intereses populares y nacionales.

Deja una respuesta