Muere de frí­o un magrebí­ que buscaba trabajo en la aceituna

Muerte de un inmigrante

Las condiciones que rodean esta muerte se han convertido en un autentico jeroglí­fico, pero lamentablemente, tanto autoridades como medios de comunicación, coinciden en tapar lo que parece ser la única verdad, que ha muerto en la calle de frí­o.

Un problema con raíces

La recolección de la aceituna lleva atrayendo a inmigrantes a la provincia desde hace varias décadas y son muchos los que tienen tajo fijo para trabajar, pero todos los años se repite la misma escena, inmigrantes deambulando por las calles y durmiendo donde pillan, cajeros, pasajes o puentes porque las plazas en los albergues municipales son ridículas para alojar a todos.

En poco se diferencian las políticas aplicadas  por los ayuntamientos de PSOE o PP, unos abren antes los albergues o dejan más días de estancia, los otros se hacen algo más duros y todos presumen de tener albergues y ofrecer dos comidas calientes diarias a los que pueden alojar.

Quizás se olvidan de la necesidad de esa mano de obra para hacer frente a la recolección. La riqueza que generan, en Andalucía como en toda España, lo podrían decir también desde el fresón de Huelva o los invernaderos de El Ejido, hasta la huerta murciana, si hablaran.“Autoridades como medios de comunicación, coinciden en tapar lo que parece ser la única verdad, que ha muerto en la calle de frío”

Pero en el capitalismo no hay espacio para sentimentalismos y sólo quieren beneficios, y hacen suya la máxima del ex-alcalde de El Ejido, Juan Enciso, que quería a los “inmigrantes de siete de la mañana a seis de la tarde y en el tajo”. Ahora la excusa para unos y otros es el cacareado “efecto llamada”, no se puede hacer nada porque provoca que vengan más, y claro, ¡para que los queremos!, ahora tenemos parados de aquí de sobra, para todas las recolecciones y ni un euro para dedicar sin dar ganancia.

Una exigencia irrenunciable

Tenemos que exigir el esclarecimiento inmediato de los hechos, después de una semana del suceso la investigación abierta por un juzgado de Jaén todavía está bajo secreto de sumario. Algunos medios de comunicación locales dan voz a las autoridades para que declaren una versión que no coincide con la inicialmente dada, y así, frente a la muerte de un inmigrante que llevaba varios días durmiendo en su coche, en la calle, y al que llevaron unos compañeros al centro de salud, se manifiesta que todo ocurrió en el entorno del mercadillo, que sufrió una caída y un fuerte dolor en el pecho, que hasta allí se trasladaron los servicios del 061, que le atendieron en la vía pública llevándole  al centro de salud y su posterior traslado al hospital de Úbeda, siendo, posiblemente, la causa de la muerte un infarto.

No sea que tengamos que lamentar que no haya censura franquista para que, como en la película de Juan Antonio Bardem, “Muerte de un ciclista”, exija un final donde tenía que morir su  protagonista para pagar sus pecados y así dejar que la falsa moral burguesa se reconciliase con la sociedad.

 

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