Elecciones alemanas

Merkel gana, los demás perdemos

Unanimidad en calificar de “histórica” la victoria de Merkel en las elecciones alemanas. Con un 41,5% de los votos “porcentaje no alcanzado por ningún partido desde el triunfo de Helmut Kohl tras la reunificación alemana”, Merkel se queda al borde de la mayorí­a absoluta. Los socialdemócratas apenas si se recuperan del desastre electoral de 2009, bajan Los Verdes y La Izquierda y los liberales se quedan, por primera vez en la historia, fuera del parlamento de Berlí­n.

La victoria de Merkel se daba por descontada y todas las encuestas previas así lo anunciaban. Pero lo que no previeron es que su triunfo sería por un margen tan amplio, que durante muchas horas del recuento electoral estuvo rozando alcanzar la mayoría absoluta en el Bundestag. Algo tan atípico en la mecánica electoral germana que sólo se ha producido una vez, en 1957, con Konrad Adenauer, el primer canciller de la posguerra de Alemania Occidental.

Lo que no estaba en el guión era que la CDU de Merkel concentrara todo el voto conservador. Para conseguir su victoria, Merkel ha tenido que fagocitar a sus socios de gobierno, los liberales, dejándolos sin diputados.Los socialdemócratas del SPD suben un exiguo 2,7% hasta recoger el 25,7% de los votos. Lo que además de no suponer ninguna recuperación respecto a los resultados de 2009 –que fueron los peores de su historia–, les dejan con la mayor diferencia de escaños que han tenido nunca con la CDU. “Fortalecida internamente, en los próximos meses asistiremos a un recrudecimiento de sus exigencias” La Izquierda, dividida por disensiones internas, y Los Verdes, huérfanos de dirección y liderazgo político, retroceden entre un 2 y 3% de los votos.Y dos grandes sorpresas de la noche electoral. De un lado, los liberales del FDP –socios de Merkel en el gobierno– que se desploman del 14 al 4,8%, quedando fuera del parlamento por primera vez desde que fue fundada la República Federal en 1949. Del otro, el nuevo partido euroescéptico Alternativa para Alemania, fundado hace apenas cinco meses y que se ha quedado a escasas tres décimas de entrar en el parlamento federal. La aplastante victoria de Merkel, sin embargo, encierra una trampa y una incógnita. La trampa reside en que, en realidad, la suma de votos y escaños de la izquierda en el parlamento alemán es superior al de la derecha. Mientras Merkel se queda sola, sin sus tradicionales aliados liberales, con sus 311 diputados, la suma de socialdemócratas (192), la izquierda (64) y verdes (63) da 319 escaños, es decir, la mayoría absoluta. Sólo la negativa radical de la cúpula del SPD a establecer ningún tipo de pacto a nivel federal con La Izquierda (pues en algunas regiones como Brandenburgo sí gobiernan juntos) impide la formación de un gobierno de izquierdas en Alemania.La incógnita es que al no haber conseguido la mayoría absoluta y que sus socios tradicionales, los liberales, hayan quedado fuera, obliga a la CDU a buscar una fórmula política de coalición para gobernar sin sobresaltos. Y para ello sólo tiene dos alternativas. Buscar una inaudita alianza con Los Verdes o, lo más probable, reeditar el gobierno de Gran Coalición con el SPD, fórmula ya ensayada por Merkel entre 2005 y 2009. “Un gobierno de gran coalición fortalecerá la posición hegemónica de Alemania en Europa” Algunos medios europeos especulan con la posibilidad de que la entrada del SPD en el gobierno “flexibilice” de algún modo la implacable política de austeridad que Alemania ha impuesto a sus socios estos años. Pero esto se corresponde más con los deseos que con la realidad.En primer lugar, porque con respecto a la política europea no existen diferencias sustanciales entre socialdemócratas y demócrata-cristianos. En segundo lugar, porque dada la hegemonía política y electoral lograda por Merkel, difícilmente podrá el SPD plantear demasiadas exigencias. Los resultados de las elecciones han dado prácticamente un cheque en blanco a Merkel. Y en consecuencia no es previsible que su proyecto de intervención y saqueo sobre Europa –en especial sobre los países del sur– se modere lo más mínimo. Antes al contrario. Fortalecida internamente por otros cuatro años de mandato, todo apunta a que en los próximos meses vamos a asistir a un recrudecimiento de sus exigencias. Un gobierno de gran coalición, que dejaría a Merkel con las manos libres y sin oposición interna, permitiría en realidad fortalecer la posición hegemónica de Alemania en el escenario europeo. Mientras en el resto de Europa los modelos políticos bipartidistas se debilitan y se descomponen a marchas forzadas, en Alemania ocurre exactamente lo contrario. Si en los demás países europeos la crisis se ha llevado por delante a todos los jefes de gobierno, en Alemania la canciller sale reforzada política y electoralmente. Dos síntomas que –más allá de la valía o la popularidad de Merkel– revelan la firme voluntad y la determinación de la clase dominante germana por aprovechar la situación de debilidad de los demás para avanzar cualitativamente en su proyecto de hegemonía, de intervención y saqueo sobre el resto de Europa. Merkel gana, los demás perdemos.

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