Macri entrega Argentina al FMI

El FMI regresa a Argentina. “Vamos a comenzar hoy mismo a trabajar en un acuerdo para que nos otorgue una línea de crédito financiero”. El mensaje de Macri se emitió el mismo día que el dólar alcanzaba el récord de cotización respecto al peso. El “préstamo” conlleva la entrega del control sobre la economía nacional a condición de ejecutar reformas y ajustes estructurales, a costa de las condiciones de vida y trabajo del pueblo argentino.

Tras apenas dos años de mandato, Macri abre de par en par las puertas del país al expolio y la extorsión del FMI. Los mecanismos y engranajes que aplicaron a Argentina en el 2001 abocando al corralito vuelven a activarse. De nuevo el papel de salvadores, el “apoyo expreso al programa gradual para corregir los desequilibrios”. La sombra del buitre norteamericano ha vuelto. 9 de mayo en Washington, primera reunión. El ministro de Hacienda argentino Dujovne y Alejandro Werner, director del Departamento Occidental del FMI. Media hora después, el FMI inicia el trabajo con el equipo económico argentino: los secretarios de Finanzas y Hacienda, Bausili y Rodrigo Pena junto a otros altos cargos del ministerio y del Banco Central Argentino. Jueves 10 de mayo, Christine Lagarde se reúne con el ministro argentino Dujovne y la gentil compañía del subsecretario del Tesoro estadounidense David Malpass. Argentina se convertirá en el país del mundo que más dinero debe al FMI.

Los primeros datos apuntan a una de línea de crédito de 30.000 millones. El FMI impondrá una modalidad de pŕestamos de desembolsos periódicos sometidos al cumplimiento de metas fiscales y monetarias. El programa de stand by. El dinero llegará bajo el cumplimiento estricto de reformas y medidas estructurales, «que sean cruciales para lograr los objetivos del programa». Con evaluación íntegra y trimestral de cómo se implementan.

Fijar las condiciones concretas llevará semanas. Aún así, el Artículo IV del FMI Sobre las obligaciones generales de los países miembros da pistas tan explícitas como “disminución contundente del déficit fiscal, esfuerzo para reducir el gasto en salarios y pensiones, reformas estructurales indispensables, mejorar las condiciones para la oferta, incrementar la productividad, incentivar la inversión privada”. Mayores ajustes y endeudamiento. Receta conocida y hasta previsible. Los distintos “tarifazos” de Macri han subido el 500% algunos servicios básicos; en febrero nuevas subidas, la luz un 37% y el transporte un 24%. La guinda al pastel, incrementar y redoblar el avance en la privatización de las jubilaciones. La reforma de diciembre ya rebajó las pensiones un 13%, según el sindicato CGT. El decreto fue aplazado forzosamente: masivas movilizaciones en todo el país, disturbios hasta las puertas del parlamento casi incontenibles para los 3.000 policías desplegados, una huelga general y enfrentamientos día y noche para reprimir las protestas. El recorte total en pensiones aprobado asciende a 60.000 millones de pesos (2.500 millones de euros).

Mauricio Macri, rápido y leal

Ganó ajustadamente el gobierno. Su campaña electoral prometió la “revolución de la alegría”. Las conquistas sociales y las políticas redistributivas de una década de gobiernos Kirchner fueron demolidas una a una. Efectivamente llegó la alegría, para el gran capital extranjero y los grandes clanes oligárquicos del país. Crecientes beneficios y mayor control político del país, a costa de triturar las condiciones de vida y trabajo del pueblo. Un año de gobierno: aumento galopante de la pobreza, la inflación y el paro. El PIB baja un 0,5% y el paro sube hasta el 8,5%. Macri aprueba una amnistía fiscal, las grandes fortunas blanquearon 40.000 millones de dólares. Para «ganar la credibilidad de los mercados” entrega 9.300 millones de dólares a fondos buitre norteamericanos y europeos. Mientras tanto, casi 9 millones de argentinos bajo el umbral de la pobreza y más de un millón en condiciones de indigencia: suman el 38,5% de la población.

En julio cumple 20 meses en la Casa Rosada y pasa a la historia del país. Endeuda la economía nacional para el siguiente siglo. Sin trámite parlamentario, entrega Argentina al gran capital extranjero con una masiva emisión de bonos de deuda a 100 años. A un inaudito interés del 8% con el Citibank (EEUU), HSBC (RU), Santander (ESP) y Nomura (JAP). Una espiral de pagos imposible de saldar sin endeudarse más.

Los felices 20 meses de Macri son un trato ruinoso, garantía de sometimiento y expolio en favor de los grandes centros financieros mundiales, en especial para Wall Street. El colofón es Christine Lagarde saliendo de la tarta y entonando el “Happy birthday Mr. President…”, cuando su gobierno cumple dos años en Argentina.

La dependencia, económica y política, del FMI con EEUU a las riendas es antagónico a la defensa de los intereses populares. Lo sabemos en Argentina, en España, Grecia o Portugal.

¿Quién está ganando y quién está perdiendo?

“Qué se vayan todos” y “desaparecidos, ¡Nunca Más!”. Esa es la Argentina que retumba y prepara al calor de la lucha la caída de Macri y su sumisión a EEUU. A cada ataque a los intereses populares ha crecido un imparable caudal de lucha y rebelión popular. Cuanto más graves los ataques, mayor ha sido la respuesta. Ante la reforma de las pensiones las protestas casi cercan el Parlamento, masivas manifestaciones, disturbios, caceroladas y huelga general de los sindicatos mayoritarios. Con la desaparición forzada y asesinato del joven Santiago Maldonado, detenido en la comunidad mapuche “Pu Lof en Resistencia” en Cushamen, el clamor, amplitud y radicalización de las movilizaciones sociales de denuncia resonó en todo el mundo.

El pueblo argentino ha demostrado en cada movilización popular su enorme energía revolucionaria, un imparable despliegue de lucha que Washington no consigue contener. Hace 40 años sus dictadores de la Escuela de las Américas sembraron con los huesos de miles de jóvenes luchadores y revolucionarios las tierras y mares de Sudamérica. Hoy los tienen a todos enfrente. Sus Videlas y Pinochets han sido borrados de la historia. La Argentina y la América que va ganando es la de las Madres de la Plaza de Mayo, o de los Allendes. Que nadie se lleve a engaño por un gobierno afecto a sus planes. No han pasado. Y no pasarán.

FMI: ese viejo conocido

“El corralito” o historia de una infamia. Argentina, segunda mayor economía de Latinoamérica, limitaba por decreto el 3 de diciembre de 2001 la retirada de efectivo de los bancos tras dos años de severa recesión. Situación precipitada por el FMI. Un año antes las agencias de calificación norteamericanas exigían un interés récord para la deuda argentina, que era de unos 100.000 millones de dólares. El FMI iba a dar ejemplo con Argentina a los malos pagadores. Exigió recortes, más recortes y fue mucho más allá. Anuló el desembolso de fondos comprometido en el momento de las cuotas claves para apuntalar la reestructuración de la deuda. El país quedó estrangulado y degradado a ojos de la economía mundial. En medio de un gran déficit fiscal y una deuda externa superior al 100% de su PIB nacional en estado de coma.

El FMI filtró la anulación de crédito a la prensa: supuso una fuga de capitales de aproximadamente 1.000 millones de dólares. La única financiación posible fueron los bonos nacionales, a sabiendas de ser impagables. Argentina declaró el default para pagar su deuda externa tras 6 meses de corralito. Los ahorros de los argentinos fueron convertidos por decreto de dólares a pesos y severamente devaluados. Dos tercios de la población cayeron en la pobreza o pobreza extrema, el paro se disparó del 20% y el desempleo real llegó al 40%. En palabras del periodista Lucio Di Matteo, autor de El Corralito. Así se gestó la mayor estafa de la historia argentina (2011): “El FMI dejó caer al país para dar una lección”. La supervisión del FMI llegó a su fin cuando Ernesto Kirchner resolvió saldar toda la deuda en 2005.

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