Romper el PHN también es romper la solidaridad

Los reinos acuí­feros de taifas

El enloquecido proceso que se ha iniciado en España permitiendo que los recientes Estatutos de Autonomí­a rompan la competencia exclusiva del Estado, “el agua es de todos”, permitiéndose legislar sobre la titularidad autonómica exclusiva sobre las aguas que pasan por su territorio, “el agua es nuestra”, está rompiendo su administración como bien común. Está rompiendo algo asentado desde hace ya mucho tiempo. Vale la pena recordar la importancia que los regeneracionistas le dieron. Un modelo tradicional, eficaz, práctico y efectivo basado en la gestión mediante el principio de unidad de cuenca hidrográfica y en función de un Plan Hidrológico Nacional (PHN) de toda España. Un Plan que permite sobre la base de la existencia de agua para todos, su redistribución según las necesidades y según el principio de solidaridad interregional.

Porque la vertebración nacional no es sólo una ventaja olítica y cultural, es también un asunto práctico y económico. La fragmentación genera problemas en la vida cotidiana como es el aprovechamiento del agua. Han sido las comunidades de regantes, a través del presidente de la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore), Andrés del Campo, las que han denunciado la gravedad de romper, si cada región elabora su propia Ley de Aguas, el Plan Hidrológico Nacional. Andrés del Campo ha dicho las verdades del barquero. Que se “pone en peligro la viabilidad del sector del regadío”, si no se respeta que los ríos que atraviesan varias comunidades autónomas deben ser planificados y gestionados por el Estado, porque es un recurso de todos los españoles y no del territorio que lo tiene más cerca.A la política del PSOE para “fragmentar el agua” se añaden las decisiones tomadas, con la participación también del PP, para despilfarrar el agua al servicio de los intereses de las grandes constructoras y de otros intereses espurios, en urbanizaciones localizadas caprichosamente en lugares desérticos o la construcción de campos de golf en tales escenarios. Como señala con absoluta justeza la Fenacore es necesario un gran pacto político sobre el agua entre las fuerzas políticas, sociales y económicas basado en los criterios de sostenibilidad, racionalización económica y solidaridad territorial, que garantice a los usuarios, a corto y medio plazo, el suministro en zonas deficitarias y el desarrollo económico de todas las regiones españolas. Todo ello, mediante un Plan Hidrológico Nacional actualizado que tenga en cuenta las razones ecológicas en su diseño de los trasvases.

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