85 aniversario de la muerte de Lorca

Lorca, el enigma sin fin

En el 85 aniversario del asesinato de nuestro poeta más universal, DeVerdaddigital te ofrece el serial

Hace ya más de 15 años, un pequeño  grupo de camaradas y amigos fuimos convocados –amén de a degustar una de las mejores paellas que se pueden comer en Valencia– para escuchar y compartir una fantástica y sugerente interpretación del por qué de la dimensión universal de Lorca. Interpretación que nuestro anfitrión, el recientemente fallecido Miguel Fernández Otarola, posiblemente la persona dotada de la intuición, los conocimientos y la capacidad intelectual más asombrosa que yo haya conocido, un auténtico sabio a quien está dedicado este libro, había ido dando forma al poner en relación dos obras que, directa o indirectamente, tejían múltiples puntos de conexión con la obra lorquiana.

A medida que iba escuchando su análisis, que él mismo bautizó como una  “hipótesis mixta”, fui quedando atrapado por esta original, novedosa y revolucionaria visión del universo lorquiano que lo relacionaba directamente con el mundo de creencias originarias de los más remotos pobladores de la península ibérica: tartesos, vascos, lusos e íberos.

La  fascinación que me produjo su solo enunciado  fue tal que resultó imposible resistirse a aceptar el incierto pero apasionante reto de transformar dicha hipótesis en lo que inicialmente fue diseñado como una pequeña tesis. Pero que finalmente acabaría convirtiéndose en un extenso serial de 13 entregas mensuales publicado a lo largo de los años 2000 y 2001 en el periódico De Verdad.

Este serial, con las necesarias ampliaciones, revisiones y correcciones que exige el paso del tiempo, es el que ahora presentamos a los lectores en forma de libro.

Prólogo

¿Es posible hablar de Lorca sin preguntarse el porqué de esa obsesión universal por su obra?

¿Qué extraños e invisibles conjuros destila su teatro para que «Bodas de sangre» sea representada en Ruanda, dónde los papeles de «romanos y cartagineses», como diría el poeta, lo ocupan en el escenario hutus y tutsis?

¿Qué ríos de pulsiones primigenias (‘las pulsiones son nuestros mitos’, dice Freud) recorren y afluyen en su poesía para que, saltando por encima de estilos y culturas sea capaz de crear en Tokio, en las antípodas geográficas y culturales de nuestro mundo, una elite intelectual y artística profunda, visceral, apasionadamente lorquiana?

A diferencia de otros gigantes de la literatura universal, Lorca no necesita de centenarios ni otras excusas para estar de permanente actualidad de uno a otro rincón del globo. El suyo es, podríamos decirlo así, un centenario continuo. Sin solución de continuidad, se extiende en el espacio y en el tiempo el interés, cuando no la pasión, por su obra.

Una obra, además, que rehuye y se escapa a cualquier encasillamiento literario, cultural o social. Es tal su caleidoscopismo que hasta los habitantes de un remoto poblado del África central, ninguno de los cuales posiblemente sabría situar en el mapa la patria de Lorca, intuyen y entienden su obra como algo propio, como si un hilo invisible uniera sus experiencias e impulsos más vitales con lo sentido y expresado por el poeta cuando concluye «Bodas de Sangre» haciendo decir a la madre: «Benditos sean los trigos, porque mis hijos están debajo de ellos; bendita sea la lluvia, porque moja la cara de los muertos. Bendito sea Dios, que nos tiende juntos para descansar».

Es tal el magnetismo que despide, que Yukio Mishima, el mejor y más influyente escritor de la cultura japonesa contemporánea se ve irresistiblemente atraído por la poesía de Lorca, convirtiéndose en el más eficaz y genuino propagador de la obra lorquiana en particular y la pasión general por lo más profundo y auténtico del “ser hispánico”.

La obra de Lorca no tiene ningún «centro difusor», encargado de recordar, cada cierto tiempo, su existencia. Los especialistas de su obra se cuentan por miles. Pero quienes representan su teatro, profesionales o aficionados, multiplicarán por dos o tres dígitos esa cifra. Y ello por no hablar de sus lectores, para lo cual sería necesario contar la infinidad de ediciones de su obra poética, completa o fragmentada.

Pero hay un segundo enigma, porque Lorca no es sólo un universo en expansión continua. Constituye además un punto singular, lo que los científicos denominarían una singularidad del universo.

Si nos detenemos un instante a observar lo que unánimemente se considera figuras de la cultura universal, veremos como la aparición de esas figuras se corresponde, de forma casi exacta, con puntos de expansión históricos. Así, de la misma forma que Cervantes es inseparable del Imperio español –aun cuando sea ya en su período de decadencia– y de la explosión de vitalidad y energía que recorre la sociedad española en aquel siglo y medio, tampoco Shakespeare es comprensible sin la figura de la reina virgen Isabel I y el inicio de las turbulencias que llevarán a Inglaterra a liderar el mundo o Goethe y la filosofía clásica alemana no son explicables sin el foco de expansión que representa entonces la Prusia de Federico Guillermo I. También en nuestro siglo, si hiciéramos una selección de las diez figuras auténticamente imprescindibles de la literatura universal (Proust, Joyce, Faulkner, Thomas Mann,…) comprobaríamos cómo, independientemente del valor de sus respectivas obras, el tamaño se lo da también el «desde dónde» lo dicen: puntos de expansión económica, política, social,… y cultural.

Sólo dos de estas diez figuras son inexplicables: Lorca y Kafka. Kafka, situado en Checoslovaquia, una triste y opresiva periferia de un centro en expansión, la Alemania de entreguerras, particularmente absorbente. Lorca surgido en un medio vital en retroceso y decadente, cuando no en abierta descomposición como es la España del primer tercio del siglo XX. Sin embargo, y a diferencia de Kafka, cuya obra, por su propio contenido, tiene una trayectoria relativamente limitada, el alcance de Lorca es verdaderamente universal. Se dirige a todos y a todos impregna y hechiza. A nadie deja indiferente. Como una singularidad del universo, como el Big-Bang originario que expande la materia invisible del universo, que a la vez es su condición de existencia, en esto reside el segundo enigma de Lorca.

El enigma, en fin, de ser muchos rostros, muchas personas, sin ser ninguna en concreto, pero al mismo tiempo mostrando un perfil inexplicablemente definido

Por qué ¿de qué Lorca estamos hablando cuando hablamos de él? ¿Del señorito andaluz de «Y yo me la llevé al río/creyendo que era mozuela pero tenía marido»? ¿Del Lorca homosexual de la «Oda a Walt Wilthman»? ¿Del Lorca revolucionario de «De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo de oro que atraviesa el corazón de los niños pobres»? ¿Del Lorca surrealista de «Poeta en Nueva York»? ¿Del poeta popular del «Romancero Gitano»? ¿Del vanguardista autor de «El Público»? Otro elemento nuevo a sumar al enigma sin fin. Una persona que tiende a ser muchas pero no es ninguna en concreto.

«Por las ramas del laurel/

vi dos palomas oscuras,/

la una era de sol/

y la otra era de luna./

La una era la otra/

y las dos eran ninguna».

También en su poesía el mismo poeta nos aboca al enigma.

Pero no sólo su poesía, también su propia concepción poética. Dice el mismo Lorca «la luz de la poesía es la contradicción (…) La poesía no quiere adeptos, sino amantes». Por eso «pone ramas de zarzamora y erizos de vidrio para que se hieran por su amor las manos que la buscan».

Atrevámonos pues a introducir las manos por esas ‘ramas de zarzamora’ y esos ‘erizos de vidrio’. Y hagámoslo de la mejor forma posible: atreviéndonos a adelantar una hipótesis mixta que, cuanto menos, nos ayude a encontrar la dirección adecuada para empezar a entender el enigma de Lorca.

Por razones materiales de espacio y tiempo es imposible entrar a desgranar en este prólogo toda la amplia y compleja argumentación en que se basa tal hipótesis. En él no pretendemos más que dar inicio a la sucesión de capítulos en los que de forma paralela queremos ir avanzando las tesis y argumentos en que se sostiene esta hipótesis mixta.

Sí es necesario, sin embargo, señalar de antemano, siquiera sea sucintamente, algunos de ellos.

[Para acceder al serial completo, AQUÍ]

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