Los apoyos internacionales del independentismo catalán

Lo que la “vía eslovena” esconde

En la presentación del Consell de la República en Bruselas, Quim Torra, actual president de la Generalitat, apeló a la “vía eslovena” como modelo a seguir para avanzar hacia la independencia. Sus palabras (“los eslovenos decidieron seguir adelante con todas las consecuencias, hagamos como ellos y estemos dispuestos a todo para ser libres”) han desatado una oleada de críticas, al equiparar Cataluña con un incendio balcánico que dejó un rastro de cadáveres y genocidios

En una de ellas, Pablo Iglesias, el secretario general de una fuerza como Podemos, aseguró que “el propio Torra es consciente de que se le ha calentado la boca”.

¿Estamos ante una salida de tono de Torra? ¿O por el contrario el “calentón” dura ya treinta años, el tiempo en que las élites independentistas miran a Eslovenia como referencia a imitar? ¿Y por qué nadie menciona que la “vía eslovena a la independencia” incluye, como aspecto central, la apelación a grandes potencias, sean Alemania o EEUU, como premisa para trocear a cualquier precio un país?

27 años de “delirio esloveno” en el independentismo catalán

En 1991, el entonces presidente esloveno, Milan Kucan, realizó una decisiva llamada telefónica al parlamento de aquel país, para dar la orden de que se ejecutará la declaración unilateral de independencia.

¿Saben desde dónde la realizó? Desde la Casa dels Canonges en Barcelona, la residencia oficial del president de la Generalitat. Estaba allí invitado por el entonces presidente catalán, Jordi Pujol, que reconoce en sus memorias haber recomendado al presidente esloveno aplicar de forma unilateral la secesión y hacerlo además de forma rápida e inmediata.

Un artículo publicado en julio de 1991 por El País denunciaba entonces que “el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, animó el pasado mes de diciembre [en 1990, cuando la independencia no estaba todavía encima de la mesa] al presidente de Eslovenia a radicalizar sus posturas nacionalistas”.

Pujol no fue el muñidor o impulsor de la independencia eslovena. Más bien actúo a modo de intermediario. En ese mismo artículo, escrito cuando se estaba comenzando la cuenta atrás hacia la desintegración de Yugoslavia, se constata que Pujol “se mostró convencido de que el momento actual es idóneo para configurar un nuevo mapa en el Este europeo”.

¿Por qué se trataba de un “momento idóneo”? Porque, a principios de los noventa, la irrupción de la Alemania reunificada y sus ambiciones hegemónicas permitía resucitar los viejos proyectos de la “Europa de los Pueblos”, donde el dominio germano se impondría sobre países despiezados en pequeñas unidades.

La estrecha relación de Pujol con el presidente esloveno, se había fraguado a través de los organismos de una Europa cada vez más alemana. Pujol era vicepresidente de la Asamblea de las Regiones de Europa -donde se ofrecía a las regiones ricas un trato directo con el centro europeo, sin pasar por los Estados-, y ejercía como responsables de las relaciones con la Europa del Este, donde se incluía una Yugoslavia que empezaba a despiezarse por Eslovenia.

La nueva “Europa alemana” era una “ventana de oportunidades” para las élites dirigentes de Eslovenia y del independentismo catalán.

El joven Puigdemont estudió el “caso esloveno”

La eslovena no fue una pulsión particular de Pujol. Un joven Puigdmeont realizó en 1991, cuando su carrera política comenzaba a andar, un viaje a la Eslovenia recién independizada. Mientras toda Europa se horrorizaba ante las perspectivas de un sanguinario conflicto en Yugoslavia, el joven Puigdemont estudiaba alborozado y en situ la “vía eslovena”.

El “informe Eslovenia” para diseñar el 1-O

Casi treinta años después, la casta independentista catalana utilizó las enseñanzas del “modelo esloveno” para planificar la ofensiva que culminó con el referéndum del 1-O y la aprobación de la DUI.

Uno de los informes incautados por la Guardia Civil a Lluis Salvadó, ex secretario de Hacienda y uno de los estrategas del procés, se inspiraba en la “vía eslovena”, afirmando que “la independencia fue posible gracias a que Eslovenia obtuvo el respaldo de Alemania y del Vaticano para independizarse”.

Como sucedió con Eslovenia, las élites independentistas esperaban la “ayuda salvadora” de grandes potencias. Así lo afirmó Puigdemont en 2016, en una entrevista al diario británico The Telegraph, afirmando que “ la reacción europea de reconocimiento a la independencia eslovena podría reproducirse en Cataluña”. O el eurodiputado del PDeCAT Ramón Tremosa, declarando el mismo octubre de 2017 que “Eslovenia es un ejemplo a seguir porque la Generalitat espera la intervención a su favor de la comunidad internacional”.

De Luxemburgo al BCE, pasando por Liubliana

La “conexión eslovena” se utilizó profusamente en los meses previos al 1-O. Una delegación de alto nivel de la Generalitat, encabezada por Pere Aragonés, entonces secretario de Economía y hoy vicepresidente de la Generalitat, visitó Eslovenia el 9 y 10 de enero de 2017. Entrevistándose con el gobernador del Banco Central esloveno, que les instruyó sobre como crear una cuenta en Luxemburgo, a la que el gobierno español no pudiera acceder, y les prometió tratar el “caso catalán” en las reuniones del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo.

Nada que ver con una “ocurrencia” de Torra. Todo lo contrario de un inexplicable “delirio esloveno”. Es algo mucho más peligroso. Una casta independentista dispuesta a facilitar que grandes potencias desguacen España para convertirse en virreyes de la nueva colonia.

Los fabricantes de independencias

Torra sabe muy bien lo que dice cuando se refiere a Eslovenia. En 2010, antes de que se pusiera en marcha el procés, se preguntaba en un artículo publicado en El Mati Digital: “¿Cuando estaremos maduros? ¿Saben que un año antes de la independencia, en Eslovenia, solo la deseaban, según encuestas, menos del 15% de la población?”.

Muy pocos años después, en el referéndum que aprobó la independencia eslovena, fue el 88% del censo quien votó a favor de la ruptura.

El tránsito entre estos dos momentos fue fabricado en una sofisticada factoría germana. Fue el abierto apoyo alemán lo que generó las condiciones para crear una mayoría independentista que antes no existía, y para que la ruptura se materializara llegado el momento.

Veamos como actúan los “fabricantes” de independencias.

Eslovenia es un pequeño país, de poco más de dos millones de habitantes, pero que era la república más próspera de la Federación Yugoslava, y la más vinculada al capital extranjero.

La crisis económica de 1987 propició la intervención del FMI en Yugoslavia. Los créditos extranjeros llegaron, y el gran capital alemán estableció relaciones privilegiadas con las élites eslovenas. Fue ese mismo año cuando Pujol visitó Eslovenia para firmar varios acuerdos de cooperación.

Cuando llegó el “momento idóneo”, según nos recordaba Pujol, abierto por las nuevas condiciones mundiales creadas tras la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana, esas relaciones se activaron. El objetivo de Alemania era volver a desguazar los Balcanes -ya lo habían hecho en la IIª Guerra Mundial- para que los pedazos resultantes cayeran bajo la dependencia germana.

Berlín prometió a las élites eslovenas cobertura internacional cuando declararan la independencia. Y los hechos posteriores así lo confirman.

De repente se generó un amplio clima de opinión sobre que la independencia no solo era posible, sino que suponía el único camino de desarrollo para Eslovenia, que arrastró a una inmensa mayoría de la población.

Alemania y EEUU armaron a las unidades de Defensa Territorial, base del ejército esloveno. Fue Alemania la que “recomendó” a Eslovenia declarar la independencia de forma unilateral, para luego retirarla. Y gracias a la mediación de Bruselas se firmó el acuerdo de Brioni, por el cual las tropas yugoslavas se retiraban de territorio esloveno.

Alemania no solo fue el primer país que, el 19 de diciembre de 1991, reconoció de forma unilateral, la independencia de Eslovenia .Sino que obligó al resto de miembros de la UE a seguir el mismo camino. Amenazando con retirar los fondos alemanes si toda la UE (entonces la CEE) no reconocía la independencia de Croacia y Eslovenia, cosa que hizo en enero de 1992. Al mismo tiempo, las presiones germanas obligaron a Europa a renunciar a la aplicación del plan Carrington, que incluía una cláusula de respeto a las minorías culturales dentro de las fronteras tanto de Croacia como de Eslovenia, azuzando con ello las posiciones del independentismo más etnicista.

Esta frenética intervención alemana es la que hizo posible la independencia de Eslovenia. Y contó con la intervención norteamericana, que colocó a Cyrus Vance, ex Secretario de Estado de EEUU, como enviado especial de la ONU para Yugoslavia. El objetivo de Washington era maniobrar para que los nuevos Estados resultado del despiece se integraran en la OTAN. Así lo hizo con todos los pedazos en que se partió Yugoslavía. Llegando literalmente a inventarse un país, Kosovo, cuyo único sentido es albergar la mayor base militar norteamericana.

El resultado de este proceso es que hoy Eslovenia es un protectorado en manos del gran capital germano, acogido en la UE en 2004, y que adoptó el euro como moneda en 2007. Y un nuevo enclave de la OTAN en uno de los pasos estratégicos que conectan Europa Central con los Balcanes. El ejército esloveno ha participado, bajo mando norteamericano, en Bosnia, Kosovo, Afganistán, Irak, Chad, Libano, Chipre, en los Altos del Golán…

Siempre de la mano del imperio

Este es el resultado de la “vía eslovena”. No solo se refiere a los muertos o la violencia necesaria. También, y sobre todo, a que el nuevo país resultante se convierta en una colonia de facto mucho más controlada y dominada por los grandes centros de poder mundiales.

Como hemos demostrado, los círculos independentistas más furibundos y reaccionarios siempre caminan, en Eslovenia y en Cataluña, de la mano no de “pueblos que se liberan” sino de grandes imperios, cuyo apoyo es la premisa necesaria para hacer posible la ruptura.

Este es el camino que quieren seguir Torra y Puigdmeont. Entregar Cataluña atada de pies y manos, pagando para ello cualquier precio, a cambio de ser los virreyes de la colonia.

Un comentario sobre “Lo que la “vía eslovena” esconde”

Deja una respuesta