Editorial

Las consecuencias para España de la victoria de Trump

La victoria de Donald Trump ha pillado a todos en España con el pie cambiado. Desde Rajoy a Pablo Iglesias han expresado su deseo de que Clinton ocupara la Casa Blanca. Y coinciden con todos los grandes medios en augurar desastrosas consecuencias al pilotar la única superpotencia un extravagante y reaccionario demagogo como Trump.

Claro que la presidencia de Trump va a pasarnos a los españoles, y a todos los pueblos del mundo, una onerosa factura. ¿Pero habría sido sustancialmente diferente con Clinton? ¿Desparecerían los “hombres de negro” y las exigencias del FMI? ¿Ya no estaríamos obligados a participar en las misiones de la OTAN?

El problema no es el carácter más o menos reaccionario del inquilino de la Casa Blanca, sino la dependencia económica, política y militar respecto a EEUU.

Con un presidente como Obama, en las antípodas ideológicas de Trump, se nos han impuesto los mayores recortes sociales de la historia. Recordemos la llamada de Obama a Zapatero en 2010, que puso en marcha las tijeras. Y se ha dado un salto cualitativo en nuestra participación en las actividades militares de la OTAN.

Esta es la línea que Trump va continuar. Bajo otras formas, Clinton también lo haría. Porque se corresponde a las necesidades estratégicas de la hegemonia norteamericana, y no al carácter o inclinación de uno u otro presidente.

Resuelta la incógnita en el corazón del imperio, EEUU va a dar una nueva vuelta de tuerca a la presión sobre los países más dependientes, para intensificar el saqueo económico, y aumentar el encuadramiento político-militar y la participación en primera fila en aquellos escenarios donde estén en juego los intereses norteamericanos.

Habrá que esperar a saber como se concreta la “línea Trump” en la política internacional de la superpotencia. Pero todo apunta a una nueva degradación de Europa, y a que las exigencias norteamericanas agudicen la crisis económica, política y social en el seno de la UE.

Lo que inevitablemente va a afectar a España, uno de los peones militares que ocupan un lugar cada vez más destacado en la estrategia norteamericana.

Debemos movilizarnos, sí. Pero no únicamente contra la presidencia de Trump. ¿Es que antes de su presidencia el dominio norteamericano no era antagónico con los intereses nacionales y populares?

Lo que nos interesa no es apostar por un presidente norteamericano “más benévolo”, sino ganar autonomía, avanzando en cuestionar la dependencia económica, política y militar que nos ata a Washington, y nos obliga a sufrir las peores consecuencias.

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