Investidura Quim Torra

Las claves del nuevo Govern

Quim Torra ha prometido en el debate de investidura retomar el camino del 1 de octubre, el referéndum estafa antidemocrática con el que se intentó imponer la declaración unilateral de independencia a la mayoría de la sociedad catalana que la rechaza. Su programa es la independencia de Cataluña y su hoja de ruta “impulsar un proceso constituyente que desemboque en una constitución de la república catalana”.

La investidura de este candidato llega tras los acuerdos de Rajoy con el PNV y con el consentimiento de ERC que viene reclamando un “govern efectivo”.

¿Qué sabemos de Quim Torra?

Sabemos que el candidato elegido por Puigdemont no ocupaba los primeros puestos de su lista, era el candidato número 11 de la lista de Junts per Catalunya. Abogado y que trabajó veinte años como vendedor de seguros para la compañía suiza Winterthur.

Pero sobre todo sabemos que se encuadra en el independentismo más extremo crecido en el aparato de Ômniúm Cultural – que llegó a presidir unos meses- y como miembro del consejo permanente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Las dos organizaciones soberanistas cantera del independentismo excluyente y del activismo radical a los que Puigdemont llamaba en los días previos al 1-O para que actuaran “señalando” a los alcaldes democráticos que se oponían a abrir sus ayuntamientos al referéndum ilegal.

Su trayectoria en estas dos organizaciones le valieron para dar el salto a la élite independentista. Primero como cargo de confianza del exalcalde de Barcelona Xavier Trias, salpicado por las cuentas secretas en paraísos fiscales. Trias le nombró director general de la empresa municipal Foment de Ciutat Vella que gestiona las obras públicas del casco antiguo de Barcelona, y director del Born Centre Cultural.

Y después como candidato número 11 en la candidatura del expresident.

Quim Torra forma parte del núcleo duro que rodea a Puigdemont, eso y su trayectoria al servicio del procés es lo que le ha convertido en el elegido para ocupar de forma provisional como interino el palacio de la Generalitat. Así lo ha explicitado en su discurso de investidura reconociendo a Puigdemont como el único “president legítimo” y calificando de “transición” la etapa que se inicia ahora a la espera de reinstalar al expresident huido y a los miembros del govern destituidos por el 155.

Torra no ha sido encausado pero los informes en manos de los jueces le sitúan en la nave del polígono de Bigues i Riells de Barcelona donde se enconctraron casi 10 millones de papeletas del 1-O.

El nuevo president llega rechazado por todos los políticos no independentistas. Desde Iceta (PSC) hasta Xavier Domènech de Catalunya en Comú-Podemn, además de los diputados de Ciudadanos y del PP, todos coinciden en que con su discurso relega a la mitad de los catalanes.

Iceta denuncia además la dependencia de Puigdemont, su falta de autonomía y “no estar a la altura de la dignidad del cargo”. Mientras que Domènech reclama que hay que centrarse en los problemas sociales y los retos políticos que interesan a todos los catalanes.

Y si hay algo que une no ya a los políticos sino a la inmensa mayoría de la población y medios es la denuncia del sectarismo y xenofobia que destilan la que ha sido su actividad política más conocida hasta ahora: los tuits contra los “españoles”. Es decir, no solo por su rechazo y odio a los españoles que viven fuera de Cataluña, sino contra la inmensa mayoría de los catalanes que se sienten en diferentes grados catalanes y españoles, el 74,4% según la última encuesta del CIS

Los tuits, publicados en 2012 en su cuenta de Twitter ya levantaron polémica en su día y acusaciones de xenófobo. “Los españoles solo saben expoliar” o “vergüenza es una palabra que los españoles hace tiempo que no han eliminado de su diccionario” fueron algunas de dichas expresiones. “El fascismo de los españoles que viven en Catalunya es infinitamente patético, repulsivo y burdo”.

Xavier Domènech dijo en el debate de investidura sentir vergüenza los esos tuits: “Con esos antecedentes jamás se debería haber presentado a la investidura. Ratificando así lo que ya había publicado la alcaldesa de Barcelona Ada Colau en su cuenta de Twitter: no ya que como mínimo debería pedir disculpas por sus comentarios despectivos en las redes, sino que le “invalidaban para ser el presidente de todos los catalanes”.

¿Qué quiere Quim Torra? ¿Por qué lo han elegido?

Quim Torra se ha comprometido a que la suya sea una presidencia dividida entre Barcelona y la de Puigdemont en Alemania.

Ha prometido mantener el pulso al Estado impulsando el procés constituyente con un gobierno fiel al 1-O. Recuperar las leyes aprobadas por la mayoría independentista en el Parlament que vulneran la Constitución y el Estatut, y suspendidas por el Tribunal Constitucional. Y realizar una investigación y ajuste de cuentas con los efectos del 155, incluyendo por ejemplo la restauración y ampliación de la red de embajadas en el exterior cerradas por el 155.

Y cumplir el guión marcado por Puigdemont, revelado en una entrevista el mismo día del debate en el diario italiano La Stampa, según el cual Torra convocaría nuevas elecciones a partir del 27 de septiembre si “el gobierno español sigue con la persecución”.

El discurso literal de investidura y las declaraciones en TV3 suponen, como titula un artículo de El Periódico de Catalunya, una “Vuelta a las andadas”, un nuevo desafío.

En la trayectoria de Quim Torra está escrito su futuro al servicio del procés y vinculado al de Puigdemont.

Pero seguramente nos equivocaríamos si diéramos por definitivo lo que se dice en la sesión de investidura, y por seguro lo que se ha escrito.

Quim Torra necesita los votos, al menos la abstención, de la CUP que exige llevar el procés unilateralemente frente al Estado. Pero también el apoyo de una ERC en abierta contradicción con Puigdemont y que exige una legislatura estable y duradera con un govern que no cruce las líneas rojas de la unilateralidad.

Entre estos dos extremos del independentismo hay quien recuerda que no siempre los candidatos designados a dedo cumplen al cien por cien el guión marcado.

Lo vimos en el PSOE con la elección de Pedro Sánchez, al que le montaron un golpe de mano los mismos que lo apoyaron en el Congreso donde fue elegido secretario general, cuando se apartó del guión bipartidista y apostaba por un gobierno de progreso.

Y el propio Puigdemont ha mostrado tomar su propia autonomía respecto a su mentor Artur Mas.

Hay demasiadas contradicciones, demasiadas cosas en juego y hasta demasiados actores en presencia para dar nada por definitivo. Sobre todo porque hay un actor, la mayoría social catalana que rechaza la declaración unilateral de independencia y defiende la unidad y que al fin y al cabo es quien impone los límites al procés.

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