La próxima burbuja

“El Instituto de Finanzas Internacionales, un lobbie de los grandes bancos, estima que 825 mil millones dólares fluirán hacia los paí­ses en desarrollo este año, un 42% más que en 2009. Sólo las inversiones en deuda de las economí­as emergentes se espera que se tripliquen, hasta 272 mil millones dólares. Si bien los paí­ses en desarrollo a menudo se benefician de las inversiones extranjeras, enormes flujos de capital pueden complicar su gestión macroeconómica.”

Este dinero se marcha ráidamente a la primera señal de problemas, sumiendo a los países en crisis. Esa es la dinámica que hubo detrás de la "crisis del tequila" de México en 1994, de la crisis asiática de 1997, la catástrofe rusa de 1998, la debacle de 1999 de Brasil y el colapso de Argentina en 2002. La burbuja inmobiliaria que estalló aquí en 2008 fue dolorosamente similar, con inversiones irracionales y, a continuación, una desaparición repentina. Un colapso en los bonos de los mercados emergentes hará aún más daños en los débiles balances de los bancos de América. Sin embargo, no es el momento del pánico. (THE NEW YORK TIMES) BREAKING VIEWS.- Axel Weber -miembro del consejo de gobierno del Banco Central Europeo- nunca había sido tan duro en su posición de que el BCE se embarcó en una política monetaria excesivamente débil para superar la crisis de deuda soberana. Ahora el presidente del Bundesbank se desmarca de la cúpula y se convierte en líder de la oposición. En una conferencia en Nueva York, Weber reclamó que se ponga fin, de forma inmediata, al programa de compra de bonos del BCE y se busque una salida rápida a las medidas de liquidez de emergencia que el BCE puso en marcha para mantener a flote a los bancos de la zona euro. THE WALL STREET JOURNAL.- ¿Cuáles son en estos momentos los objetivos de los bancos centrales? La vieja ortodoxia sostenía que la principal meta de la política monetaria debería ser combatir la inflación. Pero parece que algunos destacados bancos se empeñan con ahínco en crear inflación para impulsar el PIB y facilitar el desapalancamiento en países que arrastran una pesada deuda pública y privada. Si es así, eso tendría profundas consecuencias para los inversores EEUU. The New York Times La próxima burbuja Parece prematuro empezar a preocuparse por la próxima crisis financiera. Sin embargo, en medio del pesimismo actual, Wall Street está comprando activos de las "economías emergentes" que están creciendo más rápido y ofrecen los mayores y más consistentes ingresos. Los reguladores financieros y los responsables políticos en estos países tienen que prestar mucha atención. El Instituto de Finanzas Internacionales, un lobbie de los grandes bancos, estima que 825 mil millones dólares fluirán hacia los países en desarrollo este año, un 42% más que en 2009. Sólo las inversiones en deuda de las economías emergentes se espera que se tripliquen, hasta 272 mil millones dólares. Si bien los países en desarrollo a menudo se benefician de las inversiones extranjeras, enormes flujos de capital pueden complicar su gestión macroeconómica. Empujando hacia arriba el valor de su moneda, aumentando las importaciones y desaceleración de las exportaciones, y promoviendo la expansión de un crédito rápido – que puede causar inflación, inflar las burbujas de activos y por lo general deja un montón de malos préstamos. Este dinero se marcha rápidamente a la primera señal de problemas, sumiendo a los países en crisis. Esa es la dinámica que hubo detrás de la "crisis del tequila" de México en 1994, de la crisis asiática de 1997, la catástrofe rusa de 1998, la debacle de 1999 de Brasil y el colapso de Argentina en 2002. La burbuja inmobiliaria que estalló aquí en 2008 fue dolorosamente similar, con inversiones irracionales y, a continuación, una desaparición repentina. Un colapso en los bonos de los mercados emergentes hará aún más daños en los débiles balances de los bancos de América. Sin embargo, no es el momento del pánico. Los países en desarrollo están en una relativamente buena forma económica, mientras que las tasas de interés en los países ricos es probable que se mantengan bajos durante años. Sin embargo, el sistema financiero sigue siendo frágil. Y un choque –como la quiebra de Irlanda o Grecia– podría llevar a un rápido cambio de sentido de los mercados emergentes. Es poco lo que los responsables políticos de los países ricos pueden hacer para detener estos flujos. Los gobiernos de los países en desarrollo deben prepararse ahora para cuando los dueños del dinero cambien de opinión. Eso significa que no pueden dejar que sus presupuestos se salgan de control. Y tienen que seguir muy de cerca a sus propios bancos. Este también podría ser un buen momento para considerar controles para frenar las entradas de capital. Chile lo logró con éxito en la década de 1990. Incluso el Fondo Monetario Internacional –en tiempos un enemigo de todo lo que pusiera obstáculos en la circulación del dinero– reconoció este año que los controles deben ser parte de los recursos. THE NEW YORK TIMES. 13-10-2010 R. Unido. Breaking Views El estallido de las divisiones en el BCE Pierre Briançon Axel Weber -miembro del consejo de gobierno del Banco Central Europeo- nunca había sido tan duro en su posición de que el BCE se embarcó en una política monetaria excesivamente débil para superar la crisis de deuda soberana. Su resistencia fue muy conocida, pero silenciada en la opinión pública. Ahora el presidente del Bundesbank se desmarca de la cúpula y se convierte en líder de la oposición. En una conferencia en Nueva York, Weber reclamó que se ponga fin, de forma inmediata, al programa de compra de bonos del BCE -que votó en contra en mayo pasado- y se busque una salida rápida a las medidas de liquidez de emergencia que el BCE puso en marcha para mantener a flote a los bancos de la zona euro. Esto se contradice con la política que el presidente, Jean-Claude Trichet, aún defendía la semana pasada. El arrebato de Weber envía un mensaje confuso a los mercados y la posibilidad de que se eleven los riesgos sobre una tendencia alcista del euro, que puede obstaculizar la frágil recuperación de Europa. En esencia, Weber no hizo más que reiterar, con más vigor que de costumbre, la tradicional línea dura alemana: la inflación es el principal enemigo y los bancos centrales no deben cargar sobre sus hombros con la política económica. Algunos consideran su discurso como una señal de una mayor transparencia en el BCE -un área que la entidad puede mejorar-, pero en el corto plazo, le complicará las cosas a Trichet. No es ningún misterio que el Banco Central Europeo se debate entre el deseo de terminar sus medidas de emergencia y la necesidad de mantener la recuperación con vida. La caída del dólar ha aumentado la presión sobre el euro, que tras haber bajado un 14% frente a la moneda estadounidense en el primer semestre del año ha vuelto casi a su nivel de enero. Una visión más maquiavélica es que el discurso de Weber servirá de contrapeso para los defensores de una política monetaria más laxa e incluso ayuda a Trichet a valorar un camino intermedio. Después de todo, el BCE ha mantenido los tipos de interés en torno al 1%, por encima de la Reserva Federal de Estados Unidos o del Banco de Inglaterra. Pero como Weber es uno de los favoritos para reemplazar a Trichet al final del próximo año, sus palabras tienen peso. Si persiste en ello, el euro no se debilitará en el corto plazo. BREAKING VIEWS. 14-10-2010 EEUU. The Wall Street Journal Los objetivos cambiantes de los bancos centrales Richard Barley and Simon Nixon ¿Cuáles son en estos momentos los objetivos de los bancos centrales? La vieja ortodoxia sostenía que la principal meta de la política monetaria debería ser combatir la inflación. Pero parece que algunos destacados bancos se empeñan con ahínco en crear inflación para impulsar el PIB y facilitar el desapalancamiento en países que arrastran una pesada deuda pública y privada. Si es así, eso tendría profundas consecuencias para los inversores a la hora de decidir entre bonos o títulos de renta variable. La Reserva Federal se inclina hacia más inyecciones de liquidez aunque perciba la más ínfima señal de deflación. Los últimos momentos de la última reunión de la Fed revelan que una de las estrategias para influir en las expectativas de inflación puede ser fijar un objetivo de crecimiento del PIB. Con un crecimiento lento, la Fed podría confiar en elevarlo mediante una mayor inflación. El PIB nominal de EEUU sólo está un 3,7% por encima de su suelo, mientras que en una recuperación normal debería alcanzar un 10% a estas alturas, según Deutsche Bank. En el Reino Unido, donde la política monetaria está lejos de ser severa pese al continuo nivel de inflación por encima del 3%, también cunden los rumores sobre otra inyección de circulante, lo que ha llevado a Goldman Sachs a especular sobre si el Banco de Inglaterra se encamina a una política encubierta de objetivo para el PIB. El Banco Central Europeo (BCE) parece casi aislado en su compromiso "inflexible" para combatir la inflación y en su recelo hacia la impresión de moneda. Desde luego, puede que las inyecciones de liquidez no consigan su meta de avivar los precios, al menos en el corto plazo. El impacto puede acabar concretándose en el aumento de los precios de los activos financieros y ‘commodities’, más que en dar un giro a la economía real. Los legisladores esperan que, con el tiempo, la inflación de los activos eleve la confianza y anime a tomar más riesgos. En última instancia, tienen el poder de generar inflación si están dispuestos a pecar de ambiciosos antes que de prudentes. Esta política conlleva riesgos enormes. Pero aumenta el precio del oro y los bonos dependientes de la inflación indican un aumento de precios a la vuelta de la esquina. Apostar por la inflación debería reforzar el atractivo de los títulos de renta variable como activos reales por encima de los bonos. Y, hasta el momento, el flujo hacia los bonos no parece decaer: los títulos comunes de EEUU percibieron una ‘huida’ de 13.600 millones de euros, mientras los bonos disfrutaban de unos ingresos por 23.000 millones, según datos del Investment Company Institute. Los inversores a largo plazo en el Tesoro estadounidense pueden salivar ante el escenario de una Fed que aumente sus compras, incluso aunque los rendimientos estén en mínimos históricos. Pero si los bancos centrales tienen éxito en su aumento de la inflación, los que aún tengan bonos pueden encontrarse con una sorpresa muy desagradable. THE WALL STREET JOURNAL. 13-10-2010

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