Mentiras e hipocresías sobre Venezuela

La ONU y la Cruz Roja se niegan a colaborar con la “ayuda humanitaria” de EEUU a Venezuela

La Cruz Roja ha negado que los envíos de EEUU a Venezuela sean “ayuda humanitaria”

Es un hecho. Tanto la ONU, como Cruz Roja o Cáritas -tres referentes del humanitarismo- se niegan a colaborar con la llamada “ayuda humanitaria” de EEUU a Venezuela. Estos organismos han querido desmarcarse de lo que no es más que un ariete sobre la opinión pública mundial. Para azuzar la intervención, Washington y sus voceros utilizan las banderas de la “libertad”, la “democracia” o la “urgencia humanitaria”. Es necesario buscar la verdad en los hechos y partir de qué interés hay detrás.

El gobierno de Nicolás Maduro ha cometido graves errores -en el tratamiento de las contradicciones en el seno del pueblo, o de índole político o económico- de los que solo él y sus colaboradores son responsables. Algunas de sus decisiones han contribuido a agravar los problemas de carestía que sufren amplios sectores de la población venezolana. Debe rectificarlas, y corresponde al pueblo de Venezuela ajustarle cuentas. Partiendo de esto, es preciso desbrozar la maraña de mentiras, falacias y “fake news” vertidas sobre Venezuela para justificar la intervención golpista norteamericana.

Se apela a la “urgencia humanitaria”, al “hambre” y a la “escasez de medicamentos” que sufre la población para justificar la intervención “por los medios que sean” en Venezuela. Más allá de distorsiones y exageraciones que no deben ocultar los padecimientos reales de los venezolanos, conviene no olvidar nunca quién lo dice, cuándo lo dice y para qué lo dice. Basta examinar varios hechos para comprobar que Washington y Guaidó buscan utilizar los camiones cargados de “ayuda humanitaria” como arietes para justificar sus posteriores agresiones golpistas.

La propia Cruz Roja ha negado que los envíos de EEUU a Venezuela sean “ayuda humanitaria”, y ha declarado que no colaborará con ellos, denunciando el uso no autorizado de su símbolo en los camiones. Otro tanto han hecho la ONU y Cáritas, organismo de la Iglesia Católica. Por otra parte, Maduro sí que ha recibido “ayuda humanitaria” de quienes no amenazan militarmente su país: ha aceptado de la UE y Rusia -a través de la ONU- un paquete de asistencia técnica, medicamentos y alimentos por valor de 1.760 millones de euros. Ambos hechos han sido ignorados por la mayor parte de los medios.

Pero la mejor prueba de la hipocresía y la doble moral de las potencias occidentales encabezadas por EEUU está en el tratamiento que está recibiendo, simultáneamente a la de Venezuela, la crisis política y social de otro país caribeño: Haití. Desde el 7 de febrero, el país más mísero de toda América Latina, donde la población se halla en condiciones de extrema miseria y necesidad (la mayoría subsiste con menos de dos dólares al día), vive fuertes jornadas de protestas contra el presidente Moise, respaldado desde Washington y títere de las medidas dictadas desde el FMI. Los choques entre manifestantes y antidisturbios ya se han cobrado 50 muertos. ¿Dónde está la ayuda humanitaria para Haití? ¿Donde está la “democrática indignación” de Washington y su coro mediático?

Se acusa machaconamente al “régimen de Maduro” de “dictadura”. Pero en Venezuela existe uno de los sistemas electorales más verificables y transparentes del mundo, con medios como la comprobación del voto por sistemas biométricos (lectura de las huellas digitales). Cada cita con las urnas está supervisada por observadores internacionales. Así lo han atestiguado múltiples veces personalidades tan poco sospechosas de ser pro-chavistas como el expresidente norteamericano Jimmy Carter o el expresidente español Zapatero. ¿Pero quieren que hablemos de la larga y documentada historia de los fraudes electorales en países como Honduras, México, Paraguay o Perú? 

Se dice que el resultado de las elecciones del 20 de mayo es “ilegítimo”. En ellas Maduro se alzó con una clara victoria, pero -debido al boicot de una parte de la oposición- solo participó un 46% del censo. Una cifra alarmantemente baja que refleja la polarización del país, pero ¿ese porcentaje deslegitima el resultado? 

Comparemos. Una semana después de los comicios venezolanos se realizó la segunda vuelta de las elecciones colombianas. En ellas se alzó vencedor Iván Duque con una cantidad de votos que sólo representa el 28% del censo, bastante menos que Maduro. En las elecciones mexicanas de 2015 en las que salió Peña Nieto -además de cientos de irregularidades- hubo una participación del 47%. ¿Qué dijeron entonces el Departamento de Estado, las cancillerías europeas o los medios de comunicación occidentales, incluidos los principales rotativos españoles? ¿Clamaron contra “la falta de democracia”? ¿Llamaron a “desconocer” al ganador?

Sobre Venezuela se usa una vara de medir hecha a medida. A medida de los planes de Washington.

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