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La irrupción de Podemos asesta un golpe mortal al nacionalismo gallego

Mucho antes de la irrupción de Podemos, en Galicia ya habí­a una formación polí­tica de corte rupturista que amenazaba a los partidos tradicionales. Ese papel que ahora se atribuyen Pablo Iglesias y los suyos lo desempeñó durante décadas con cierto éxito el Bloque Nacionalista Galego, un frente de partidos unidos por la independencia como objetivo estratégico. En él se apoyó el PSOE en 2006 en su única etapa al frente de la Xunta en tres décadas, apenas diez años después de un sorpasso que situó al BNG como segunda fuerza polí­tica. Pero tras quedar fuera del Congreso por primera vez desde 1996, el Bloque afronta una seria crisis que amenaza con convertirlo en irrelevante en las autonómicas de este año.

Mucho antes de la irrupción de Podemos, en Galicia ya había una formación política de corte rupturista que amenazaba a los partidos tradicionales. Ese papel que ahora se atribuyen Pablo Iglesias y los suyos lo desempeñó durante décadas con cierto éxito el Bloque Nacionalista Galego, un frente de partidos unidos por la independencia como objetivo estratégico. En él se apoyó el PSOE en 2006 en su única etapa al frente de la Xunta en tres décadas, apenas diez años después de un sorpasso que situó al BNG como segunda fuerza política. Pero tras quedar fuera del Congreso por primera vez desde 1996, el Bloque afronta una seria crisis que amenaza con convertirlo en irrelevante en las autonómicas de este año.

Nada tiene de nuevo partido el BNG porque en él la hegemonía la ejerce uno tan veterano como la Unión do Povo Galego (UPG), fundado en 1964 y de carácter comunista. Pero su caladero de votos se ha visto invadido por las fuerzas emergentes de izquierda, entre ellas Anova, la escisión del Bloque liderada por Xosé Manuel Beiras, ahora aliada de Podemos. Así, la confluencia de Anova con partidos de ámbito estatal como el morado o Izquierda Unida diluye su carácter nacionalista y deja solo al Bloque como guardián de sus esencias. Magro consuelo para el BNG, cuando afronta las elecciones gallegas bajo la amenaza de perder también su representación en el Parlamento gallego.

Formalmente, el BNG y Anova intentan reencontrarse en algún sitio, pero no encuentran dónde. Esta misma semana retomaron unos intentos de confluencia que ya fracasaron con ocasión de las últimas generales. Ambas formaciones enviaron el martes a representaciones de perfil bajo para estudiar una alianza para las autonómicas en la que ninguna de las dos tiene fe. Como ya anticipó el portavoz parlamentario del BNG en la víspera, esa “unidad nacionalista de izquierdas” excluía fuerzas “no gallegas”, en alusión a Podemos o Izquierda Unida. Y como la vinculación de Anova y Podemos no está en discusión, por más diferencias que afloren en En Marea sobre la fórmula para concurrir a las autonómicas, el resultado de ese encuentro fue otro fiasco.En ese clima de desintegración afrontó el BNG en febrero su XV Asamblea Nacional, en la que resultó elegida por primera vez una mujer para ejercer la portavocía nacional. Se trata de Ana Pontón, una diputada de 37 años pero ya veterana que no ha tardado en reivindicar una “refundación” del Bloque para ensanchar su base social, fundamentalmente entre la juventud, un sector en el que el dominio del Bloque en las últimas décadas fue absoluto.

Pese a sus intenciones, el cambio no ha detenido el goteo de bajas, entre ellas la del exvicepresidente de la Xunta Anxo Quintana y la de su exportavoz parlamentario Carlos Aymerich. En una carta remitida a los militantes del BNG, Quintana explicaba su decisión por la constatación de que no comparte “ni en la forma, ni en el fondo, ni en la táctica, ni en los objetivos estratégicos, el proyecto político del BNG de hoy”. “Y es por eso que, por honestidad conmigo mismo y con la organización, solicito mi baja como militante”, añadía el también exportavoz nacional del Bloque. Más claros fueron los argumentos expuestos por Aymerich: “Los que no seamos de la UPG ni del Movemento Galego ao Socialismo –otra de las organizaciones fuertes en el BNG- estamos obligados a hacer nacionalismo desde otros lugares”.En el fondo subyace la política de alianzas. Pontón, una de las más férreas defensoras en el BNG de descartar cualquier confluencia que incluya a Podemos, ya advirtió de que su táctica de “puertas abiertas” se mantendrá solo con las organizaciones “que actúen en el ámbito gallego y tengan a Galicia como referencia”, para actuar frente “al desastre que están dejando las políticas de la derecha y de la Unión Europea”. Es decir, con otros partidos nacionalistas.

La imagen de renovación que pretende imprimirle al Bloque Ana Pontón choca con dos limitaciones que conducen a un mismo punto: la UPG. De un lado, las propias condiciones que ese partido concede al cargo de portavoz nacional del BNG, de escasas atribuciones y de relieve público compartido en bicefalia con el de portavoz parlamentario. Y del otro, un dato que pasó algo inadvertido en la asamblea, pero que demuestra que el viejo partido comunista no tiene intención de ceder el mando: Pontón es la primera portavoz nacional del BNG que milita en la Unión do Pobo Galego, cuya táctica ha consistido históricamente en ejercer desde la trastienda y ceder esa pequeña plataforma a independientes dispuestos a colaborar con el partido: de Beiras a Xabier Vence, pasando por Guillerme Vázquez y Quintana.

El Bloque lleva en realidad más de una década de caída suave, disimulada por la necesidad que tuvo el PSOE de recurrir a una coalición para desbancar al PP de la Xunta en 2006. Pero tras las generales de diciembre pasado los problemas son indisimulables. La candidatura Nós-Unidade Popular liderada por el Bloque perdió los dos escaños en el Congreso de que disponían los nacionalistas, que vieron reducido su apoyo a 62.000 votos. Esto es, un 4,33% de los electores gallegos, lo que, en caso de unas autonómicas, les dejaría fuera del 5% necesario para obtener escaño. Sería la primera vez que una fuerza exclusivamente nacionalista no lo logra.Pontón se previene de futuros varapalos con la advertencia de que el BNG ha ejercido siempre una influencia en Galicia “más social que electoral”, lo que apenas aliviaría el dolor en una formación que hace una década ocupaba la mitad del Gobierno gallego y hace dos exhibía 18 de los 75 diputados autonómicos y un 25% de los votos. A su favor cuenta el hecho de que, a no más de siete meses para las elecciones, es la única fuerza política que puede siquiera intuir quién será su candidato a la presidencia de la Xunta, por más que Pontón lo sea solo de forma oficiosa.

La nueva portavoz nacional apela a la paciencia frente a la emergencia de partidos como Podemos. “La historia nos demuestra que, sin una base organizativa, política e ideológica sólida, muchos movimientos que han podido tener éxitos momentáneos han acabado siendo un bluf”, ha declarado Pontón. Y por ahí el BNG sigue disfrutando del sustento que le cede la muy disciplinada Unión do Povo Galego. “Cualquier proyecto político precisa organizaciones fuertes”, justifica la portavoz nacional.

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