Cúpulas vergonzantes y bases combativas

La hora del sindicalismo de clase y unitario

La manifestación del 12-D fue un éxito a pesar de la actuación de las cúpulas dirigentes de CCOO y UGT. Pocas veces se ha visto tan claramente la distancia entre los esclereotizados dirigentes de los sindicatos mayoritarios y sus bases obreras y luchadoras.

La convocatoria oficial no odía ser más vergonzante. Con un lema (“¡Que no se aprovechen de la crisis!”) ridículamente a la defensa. Y con la obsesión por esconder a los auténticos responsables de la crisis -la gran banca y el gobierno-.Méndez y Totxo se vieron obligados por la presión de las bases a convocar la manifestación, pero intentaron “echar el freno” a la movilización. Con una convocatoria reducida, e incluso preparando un recorrido estrambóticamente corto que convirtió la manifestación en una concentración.Pero la aparición de las bases de los sindicatos, formada en su inmensa mayoría por luchadores obreros, hizo que la manifestación se convirtiera en un éxito.Todos los asistentes exigían llevar la movilización hasta el final, y respaldaban las consignas contra la banca y el gobierno de Zapatero difundidas por el bloque de nuestro partido.El sábado asistimos a una demostración de la energía de lucha encerrada en la clase obrera. ¿Pero quién lo va a gestionar? ¿Totxo y Méndez, cuyo papel es ser “cortafuegos” de la movilización obrera, para que ésta no cuestione los intereses vitales del gran capital financiero? ¿Los líderes de unos sindicatos mayoritarios que se disponen a firmar una reforma laboral que va a ser una nueva agresión a los trabajadores? Es hora de darle la vuelta a la línea dominante impuesta por las cúpulas sindicales. Es el momento de organizar, en el seno de los sindicatos, toda la energía y capacidad de lucha presente en la manifestación.En las bases de los sindicatos son aplastantemente mayoritarias las posiciones de un sindicalismo de clase, unitario y combativo. La irrupción de la clase obrera, con la movilización en Madrid, crea condiciones para empezar a crear otra correlación de fuerzas en el seno del movimiento obrero.Impulsando en el seno de los sindicatos una línea revolucionaria, que permita desplegar las enormes energías de la clase obrera contra nuestros auténticos enemigos, ese gran capital financiero tan mágnánimamente tratado por el gobierno de Zapatero.Esta batalla en el seno del movimiento obrero es decisiva para que podamos imponer una salida a la crisis favorable a los intereses del conjunto del pueblo trabajador.

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