La deuda pesa sobre los bancos franco-alemanes

“La exposición crediticia combinada de los bancos alemanes y franceses sólo a Grecia es de 119.000 millones de dólares y alcanza más de 900.000 millones cuando se suma a Grecia otros paí­ses en la vulnerable periferia de la zona euro: Portugal, Irlanda y España.”

Juntos, los sectores bancarios de Francia y Alemania reresentan aproximadamente la mitad de toda la exposición de los bancos europeos a esos países. Casi la mitad de la deuda en circulación es con España, según datos del Banco de Pagos Internacionales (BPI). Los datos incluyen bonos gubernamentales, deuda corporativa y préstamos personales. Los bancos alemanes, que tienen unos 240.000 millones de dólares a recibir de prestatarios españoles, están más expuestos a España que cualquier otro país europeo, además de Gran Bretaña. Algunos de los mayores acreedores son los bancos alemanes del sector público, o Landesbanken, y las entidades que trabajan con prestatarios del sector público, afirman analistas (THE WALL STREET JOURNAL) ASIA TIMES.- Parece que la comunidad estratégica de los Estados Unidos exageró su declive relativo, como resultado de los problemas geopolíticos que emanan de sus intervenciones militares en Eurasia y el impacto adverso de la crisis financiera sobre la economía real y las finanzas públicas. La estridencia diplomática china que salió a la palestra con el anuncio en enero de la venta de armas de EEUU a Taiwán representa una vuelta al equilibrio en las relaciones entre China y EEUU, equilibrio basado en la distribución real de poder entre los dos protagonistas. EEUU. The Wall Street Journal La deuda pesa sobre los bancos de Francia y Alemania Vanessa Fuhrmans y Sebastian Moffett Alemania y Francia han sugerido en los últimos días que el rescate de Grecia podría ser necesario para salvaguardar la zona euro, pero ambos países podrían tener una motivación más apremiante: proteger sus propios bancos. La exposición crediticia combinada de los bancos alemanes y franceses sólo a Grecia es de US$119.000 millones y alcanza más de $900.000 millones cuando se suma a Grecia otros países en la vulnerable periferia de la zona euro: Portugal, Irlanda y España. Juntos, los sectores bancarios de Francia y Alemania representan aproximadamente la mitad de toda la exposición de los bancos europeos a esos países. Casi la mitad de la deuda en circulación es con España, según datos del Banco de Pagos Internacionales (BPI). Los datos incluyen bonos gubernamentales, deuda corporativa y préstamos personales. El temor a esta exposición ha ayudado a hacer caer las acciones bancarias en las últimas semanas. El índice DJ Stoxx de bancos europeos ha bajado 12,5% en el último mes frente al 7% del índice general paneuropeo. Entre los grandes perdedores se encuentran el alemán Commerzbank, que ha retrocedido 15% en este período, y el francés BNP Paribas, que descendió 14%. Mientras tanto, el costo de asegurarse contra una cesación de pagos en muchos bancos alemanes y franceses, medido por los diferenciales de los seguros contra cesación de pagos de su deuda principal, se ha incrementado ligeramente desde diciembre. Los temores de que los bancos franceses y alemanes caigan víctimas de la crisis crediticia griega ayuda a explicar porqué París y Berlín han señalado que pondrían en marcha un rescate políticamente impopular de Grecia, a la vez que intentan forzar a Atenas a tomar penosas medidas de austeridad. "Lo que parece haber galvanizado a la gente es la comprensión de que la mayoría de la banca europea está muy expuesta al sur de Europa, especialmente a Grecia", dijeron economistas de Société Générale en un comunicado a clientes a finales de la semana pasada. Si Atenas entrara en cesación de pagos, los inversionistas podrían dudar si los bancos franceses y alemanes tienen como soportar las posibles pérdidas, lo que provocaría un pánico que podría tener repercusiones en todo el sistema financiero. La información sobre la exposición individual de los bancos es escasa, lo que lleva a los inversionistas a tratar de adivinar dónde se encuentran los mayores peligros. El BPI no provee estos datos. Josef Ackermann, presidente ejecutivo de Deutsche Bank AG, calificó de "relativamente pequeña" la exposición de su entidad a Grecia. El banco declinó proveer más detalles sobre el volumen de deuda griega o la de otros países vulnerables de la zona euro en su balance. Entre los bancos que cotizan en bolsa, Commerzbank, a través de su banco especializado en bienes raíces y su división de finanzas públicas, Eurohypo AG, tiene una de las mayores exposiciones, afirman analistas. La exposición combinada a España y Portugal representó 19% , o 13.300 millones de euros (US$18.090 millones), del negocio de bonos gubernamentales, o finanzas públicas, de Eurohypo en el primer semestre de 2009, según un informe del banco. La alicaída financiera hipotecarios Hypo Real Estate Holding AG está expuesta a través de su división Deutsche Pfandbriefbank. Este negocio informó que su exposición a España es de 21.000 millones de euros (US$28.490 millones) del total en el sector público de 294.000 millones de euros (US$398.870 millones), mientras que Grecia representa unos 10.000 millones (US$13.567 millones), según cifras de 2008. Hypo fue nacionalizada el año pasado debido a su exposición a la burbuja inmobiliaria. Al igual que varias instituciones financieras alemanas, Hypo Real Estate planea transferir unos 210.000 millones de euros (US$284.900 millones) en activos problemáticos a un "banco de activos tóxicos" para eliminarlos de su balance. Sin embargo, un portavoz de la división de Deutsche Pfandbriefbank dijo que no se ha decidido si los activos griegos serán incluidos en esa estructura. Los bancos alemanes, que tienen unos US$240.000 millones a recibir de prestatarios españoles, están más expuestos a España que cualquier otro país europeo, además de Gran Bretaña. Algunos de los mayores acreedores son los bancos alemanes del sector público, o Landesbanken, y las entidades que trabajan con prestatarios del sector público, afirman analistas. Si bien los bancos europeos han estado presionando en privado a los gobiernos para que ayuden a Grecia, representantes de la banca han tratado públicamente de restar importancia a la crisis crediticia de la zona euro. Baoudoin Prot, presidente ejecutivo de BNP Paribas y presidente de la Federación Bancaria francesa, dijo la semana pasada que los bancos de su país no tenían problemas con estos activos. "La exposición de los bancos franceses a varios países de la zona euro es completamente razonable", dijo Prost a periodistas."Me gustaría recordar que, en conjunto, los grandes bancos franceses continúan activos en países de la eurozona que son, de lejos, los más sólidos, por lo que no es un tema relevante para las entidades bancarias francesas". Los analistas afirman que, probablemente, los bancos franceses más expuestos son los que poseen bancos griegos, principalmente Crédit Agricole, que controla Emporiki, y Société Générale, dueño de Geniki. Société Générale declinó hacer comentarios, mientras que una portavoz de Crédit Agricole dijo que su exposición no "era significativa". THE WAL STREET JOURNAL. 19-2-2010 Hong Kong. Asia Times China da un paso atrás Zorawar Daulet Singh El sistema internacional, se nos dijo después de la caída de Wall Street en 2008, había entrado en una "nueva era". El hemisferio oriental a partir de ahora dictaría los términos de la alta política y la geo-economía. El ascenso de Asia era ahora inevitable. Si bien esta creencia ha encontrado amplio eco en la comunidad política internacional, son los dirigentes chinos quienes podrían haber tomado su estatus de gran potencia un poco demasiado en serio. En el otro lado de la ecuación, parece que la comunidad estratégica de los Estados Unidos exageró su declive relativo, como resultado de los problemas geopolíticos que emanan de sus intervenciones militares en Eurasia y el impacto adverso de la crisis financiera sobre la economía real y las finanzas públicas. La estridencia diplomática china que salió a la palestra con el anuncio en enero de la venta de armas de EEUU a Taiwán representa una vuelta al equilibrio en las relaciones entre China y EEUU, equilibrio basado en la distribución real de poder entre los dos protagonistas. La reciente retórica estridente diplomática de Beijing es un signo tanto de exuberancia como de frustración. Para discernir la actual falta de tranquilidad en las relaciones entre China y EEUU, vale la pena volver a examinar la fase posterior a la crisis y el impulso inicial del Presidente Barack Obama a exagerar el factor China. La masiva expansión fiscal post-crisis de China y su aparente éxito, combinada con la caída de confianza en el sistema financiero anglosajón han creado la impresión entre los gobernantes de Pekín de que su improvisado modelo de desarrollo capitalista, que ha cultivado poderosas empresas de propiedad estatal, había sido reivindicado por la crisis financiera. Tal triunfalismo era palpable en los comentarios chinos en los meses siguientes a la crisis. Este optimismo, sin embargo, dio paso rápidamente a una creciente preocupación por la dependencia de China del dólar, que a su vez está vinculada a la dependencia estructural de China de los mercados de consumo de Occidente para mantener sus altas tasas de crecimiento. Nada expresó mejor esta ansiedad que la sonrisa del Secretario del Tesoro de EEUU, Tim Geithner, cuando declaró a su audiencia china el verano pasado que "los activos chinos están muy seguros". A mediados de 2009, el consenso entre los economistas chinos era que las tenencias de dólares de China plantean grandes riesgos para su economía futura. Sin embargo, China reconoció a regañadientes que no sólo sus reservas de dólares le proporcionaban pocas posibilidades de maniobra en un mundo con una única moneda reserva, sino que la posterior respuesta de EEUU a la crisis para reactivar su sistema económico a través de una expansión fiscal y monetaria sin límites, equivale a una transferencia de la mayor parte de los riesgos financieros de la deuda de EEUU a las economías de los acreedores. El economista norteamericano, columnista y escritor Paul Krugman señaló en abril pasado sin rodeos que "China se había llevado a sí misma a la trampa del dólar, y que no puede conseguir por ella misma cambiar las políticas que la llevaron a esa trampa". Este telón de fondo de la confianza de China en su fuerza económica fiscal, que evitó un colapso inmediato de la economía china, pero también su profundo temor a la vulnerabilidad de su interdependencia asimétrica con las economías occidentales, sugiere que la política económica de China se encuentra en un estado de incertidumbre. Durante este tiempo de introspección china, el nuevo presidente norteamericano empezó a dar señales de una visión de un ámbito más amplio en la estrategia de los Estados Unidos hacia China. La administración Obama, incapaz de calibrar con exactitud la evolución geopolítica y geo-económica y demasiado ansiosa por borrar el legado unilateral de los años de George W Bush, podría haber dado involuntariamente una señal a China para asumir una postura más audaz. En varias ocasiones, el equipo de política exterior de Obama pasó a ensalzar las virtudes de un amplio acuerdo de cooperación con Pekín. La expansión del Diálogo Económico Estratégico, creado en 2006, a un Diálogo Estratégico y Económico (anunciado en abril de 2009) señaló la intención de ampliar la división geo-económica del trabajo entre Washington y Pekín a la esfera geopolítica. La declaración conjunta Obama-Hu Jintao de noviembre de 2009 fue una expresión de la visión global de Obama frente a China. Una debilidad fundamental de la imagen del Grupo de los Dos (G-2), además de la asimetría de poder nacional global entre los dos posibles colaboradores, fue la fatua presunción de que los intereses nacionales de Estados Unidos y China eran lo suficientemente convergentes como para considerar seriamente la posibilidad de cooperación sin fisuras geopolíticas en diversos temas, tales como Corea del Norte, Irán, Afganistán, Pakistán, la seguridad energética, el cambio climático, la no proliferación y las reformas del sistema financiero internacional. Y puesto que los términos de resolución en la mayoría de las cuestiones estratégicas fueron en gran parte concebidas en Washington, el G-2, en retrospectiva, fue probablemente un eufemismo para extraer concesiones de China. La administración de Obama puede ser criticada por intentar ser demasiado inteligente o demasiado ingenua, los chinos nunca creyeron que un acuerdo de participación en el poder mundial con Washington fuera realmente posible. No obstante, al presentar un discurso sostenido a lo largo de 2009 que glorifica un sistema de acuerdos USA-China, mientras que se disimulan contradicciones más profundas, Beijing se ha sentido lo suficientemente animado como para realmente creer que había llegado a ser una potencia global. Con un Washington ahora más consciente del pluralismo geopolítico contemporáneo, pero en una todavía incipiente multipolaridad, otros actores como China pueden aspirar a recibir mensajes políticos más coherentes de la administración Obama. China necesita todavía algunos años para conseguir las capacidades de gran potencia. A medida que los mecanismos de retroalimentación internacional den luz a los dirigentes de Pekín sobre esta realidad empírica, la política exterior china probablemente volverá a su mantra gradualista de "desarrollo pacífico", que ha sido apuntalada, haciendo de la necesidad virtud, para evitar una colisión geopolítica con Estados Unidos. Si bien puede ser tentador analizar exageradamente el reciente deshielo en las interacciones Estados Unidos-China, nada de la retórica diplomática reciente implica que en las complejidades de la interdependencia entre Estados Unidos-China ninguno vaya a encerrarse sobre sí mismo ni cambiar el pacto fundamental entre los dos, por el que los chinos mantienen su status quo como potencia emergente del sistema económico y de seguridad construido por EEUU y a cambio reciben respaldo a su sistema interno (con todo el poder en manos del Partido Comunista), legitimidad internacional en la escena mundial y el respeto a los intereses fundamentales de China. Si bien el curso geo-económico de este acuerdo, que se manifiesta en un gran sistema de comercio entre Asia del Este (con China como conducto de exportación) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Mundial ha sido en parte cuestionado –o por lo menos temporalmente afectado– por la gravedad de la crisis y la severa deuda de los hogares occidentales, el acuerdo geopolítico más amplio permanece intacto. Y los costos del "desacoplamiento" de este acuerdo serían enormes para China y sus líderes. ASIA TIMES. 18-2-2010

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