La detención de la directora de Huawei tensa la guerra comercial entre EEUU y China

Justo al mismo tiempo que Trump y Xi Jinping parecían alcanzar una tregua de 90 días en la guerra comercial que enfrenta a EEUU con China, se producía en Canadá -y a instancias de las autoridades norteamericanas- la detención de Meng Wanzhou, directora financiera de la gigante de las telecomunicaciones china Huawei. No pocos han identificado el incidente como el ‘casus belli’ de una “guerra fría tecnológica” en la que la superpotencia se juega un terreno clave de su supremacía.

Imagínense que durante una cumbre entre Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jingping, nada más acabada la reunión, el presidente norteamericano se enterara de que las autoridades chinas han hecho prisionero al presidente de General Motors o de Bank of America.

Pues eso -justo a la inversa- es lo que ocurrió al acabar la cumbre del G-20. Al salir de la entrevista con Trump -en el que ambas potencias habían acordado un “alto el fuego” en una guerra comercial en la que se han intercambiado más de 350.000 millones de dólares en aranceles- Xi Jinping recibió la noticia de que Meng Wanzhou, directora financiera del titán chino de telecomunicaciones Huawei, había sido arrestada en Canadá por orden de EEUU, acusada de vender componentes made in USA de los teléfonos inteligentes de Huawei… a Irán, país que está bajo las severas sanciones comerciales y financieras de Trump. Se trata de un seísmo diplomático que deja temblando la tregua.

La ejecutiva de Huawei no es cualquier persona, ni siquiera cualquier millonaria. Se trata de la hija del fundador de la empresa -el buque insignia del sector tecnológico chino- un ingeniero militar del Ejército Popular de Liberación, y destacado miembro del PCCh. La detención de Meng es un golpe político equivalente a tomar como rehén a un miembro de la familia real británica. Una auténtica “declaración de guerra” en el plano diplomático cuyo efecto se amplificó cuando se supo que John Bolton (el tenebroso consejero de seguridad nacional de Trump) estaba perfectamente al tanto de la detención de Meng durante la reunión entre ambos mandatarios.

¿Qué significa Huawei para EEUU?

La empresa tecnológica Huawei, con presencia en 17o países, es uno de sus buques insignia de China en el mundo. Es la cabeza de uno de los proyectos estrella del gobierno de Pekín: convertir al gigante asiático en un gran productor de alta tecnología de alta competitividad y calidad.

Huawei no solo es la segunda en la lucrativa liga mundial de la telefonía móvil -le ha quitado la medalla de plata a la norteamericana Apple por volumen de ventas y sólo tiene delante a la coreana Samsung, la cual se rumorea que podría ser comprada por Huawei- sino que también ha invertido sustancialmente en ambitos tecnológicos de tanta trascendencia estratégica como la Computación Cuántica, Inteligencia Artificial, Realidad Virtual, semiconductores y 5G.

Huawei es una empresa privada, pero sus vínculos con el Estado chino son tan intensos que a efectos prácticos es una empresa estatal. Fue fundada por el padre de Meng, Ren Zhengfei (ingeniero militar del Ejército de Liberación del Pueblo) con el permiso y apoyo de las autoridades chinas a finales de los 80, y pertenece a una parte de sus propios empleados, que forman parte de un plan de remuneración en acciones.

El asunto de Huawei tiene un inmediato precedente en las sanciones del año pasado contra ZTE, otra multinacional china de telecomunicaciones. La empresa fue sancionada por el Departamento de Justicia después de que el Gobierno determinara que había ignorado el embargo de vender micrichips a Irán. ZTE estuvo a punto de ir a la bancarrota y todo se saldó con una multa de 1.400 millones de dólares.

Pero Huawei es la auténtica pieza de caza mayor en la confrontación tecnológica que busca Washington contra Pekín. Ya en febrero la CIA, el FBI y la NSA dijeron al Comité de Inteligencia del Senado de EEUU que los estadounidenses no deberían usar productos o servicios de Huawei, debido a la sospecha de que los dispositivos tecnológicos made in China pudieran servir para “controlar la infraestructura de telecomunicaciones de EEUU”, “modificar o robar información” o “practicar espionaje sin ser detectadas”.

EEUU ha prohibido los smartphones y los equipos de telecomunicaciones de la empresa china Huawei en sus bases militares y alrededores, y sus autoridades están presionando a sus aliados para que hagan lo mismo, sobre todo a aquellos que como Italia, Alemania y Japón, albergan las bases militares estadounidenses de mayor rango estratégico. La misma inteligencia norteamericana que -recordemos el caso Snowden (y otros)- han estado espiando durante años las comunicaciones telefónicas de sus aliados se dedica a alarmar a sus vasallos sobre el “peligro amarillo” de los dispositivos made in China.

Pero detrás del hostigamiento contra Huawei hay mucho más que un puro interés comercial, o incluso de ciberespionaje. Está en juego un asunto tan vital para la supremacía global norteamericana como la superioridad tecnológica.

Para EEUU, mantener la supremacía en el campo de la alta tecnología -sobre todo militar, pero también civil, pues ambas están indisolublemente relacionadas- es una cuestión de primer rango a la hora de conservar la hegemonía mundial. Una de las razones centrales de la guerra comercial de Trump es impedir que los gigantes tecnológicos asiáticos (China, pero también Corea del Sur o Japón) inunden el mercado norteamericano con sus productos baratos y competitivos, hundiendo a los gigantes tecnológicos USA, incluso poniéndolos a tiro para ser comprados por las multinacionales del otro lado del Pacífico.

La “guerra fría tecnológica” -que tras este incidente todo apunta a que se recrudecerá- no es solo un asunto comercial, sino de auténtica seguridad nacional.

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