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La confusión del desorden

¿Qué amenaza emergente no ha percibido el mundo en este momento? Después de un año verdaderamente terrible para la paz y la seguridad internacionales, esta pregunta será particularmente importante para los líderes, analistas y medios que se reunirán en la 51° Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC por sus siglas en inglés).

Hace un año, la guerra en Siria y la crisis en Ucrania eran los desafíos preocupantes para la comunidad internacional. No obstante, muchos de los participantes en la MSC del año pasado probablemente admitirían ahora que no se dieron cuenta de la verdadera gravedad de esos eventos y menos aún de lo que podría suceder después.

Apenas unos meses después, la rápida agudización y regionalización de ambas crisis, junto con acontecimientos en otras regiones, provocaron que muchos observadores declararan que 2014 era el inicio de una era menos pacífica y más caótica para las relaciones internacionales.

Durante el año pasado se pusieron de manifiesto numerosas fallas y puntos de erosión en las estructuras colectivas de seguridad existentes. Términos como “The Great Unraveling,” (la gran desarticulación) acuñado por el periodista Roger Cohen en el otoño de 2014 tienen una amplia aceptación porque capturan la actual sensación de desamparo, falta de control e incapacidad para predecir o entender cuál podría ser la próxima crisis. Como dijo Javier Solana recientemente: “Vivimos una ilusión. Durante años pensamos que la transición desde la unipolaridad hasta la multipolaridad se llevaría a cabo de manera pacífica, ordenada y estable […]. Nada más lejos de la realidad”.

Esa ilusión coexistía tranquilamente con una falta de imaginación. Si bien puede parecer elegante distinguir entre el lado “bueno” y el lado “malo” de la historia o criticar el uso de métodos del siglo XIX en el siglo XXI, esos argumentos son poco más que recursos retóricos. En el mejor de los casos no hacen daño; en el peor, ocultan la complejidad del panorama actual de la seguridad que debe entenderse y abordarse.

Para empezar, la guerra ha vuelto a Europa. Entre los escombros figuran principios fundamentales de la seguridad paneuropea y quizá también el progreso en las relaciones entre Rusia y Occidente que se había logrado desde el final de la Guerra Fría. Además, parece probable que el mundo árabe, que es más violento e inestable de lo que ha sido en muchas décadas, se fragmente más, al tiempo que los grupos yihadistas radicales, estimulados y en competencia entre sí, nuevamente dirigen cada vez más su furia hacia Occidente. Y en la región Asia-Pacífico, aunque se han evitado incidentes graves, la estabilidad sigue siendo precaria.

Lamentablemente, las fisuras que han quedado expuestas en los últimos meses parecen estarse ensanchando a medida que los conflictos políticos y la competencia entre las principales potencias del mundo aumentan. En efecto, dentro de diez años, probablemente se considere a 2014 como el preludio. Pero, ¿de qué? El orden internacional y los acuerdos regionales se ponen cada vez más a prueba y no resulta claro quién podrá mantener la paz y la estabilidad o siquiera estará dispuesto a hacerlo.

Los temores de que los Estados Unidos están abandonando su papel de liderazgo global ciertamente son exagerados, pero la declaración del presidente Barack Obama de que se concentrará en el “fortalecimiento de su país en casa” ha creado por lo menos una percepción de retirada que preocupa a muchos aliados.

En Europa, mientras tanto, muchos países tratan todavía de superar el impacto de la crisis económica y financiera de 2008, así como la parálisis de la política interna y el euroescepticismo creciente. El papel global de Europa, aunque tiene mucho potencial, no se concretará de manera significativa en el corto plazo.

A lo largo del año pasado, Alemania estuvo debatiendo si debía adoptar un papel internacional más activo, pero el público alemán apenas se está ajustando a las nuevas expectativas. A pesar de que algunos estudios indican que la cultura de moderación de Alemania no está tan arraigada como muchos creen, una nueva encuesta realizada para el Munich Security Report (Informe de Múnich sobre la seguridad) muestra que solo el 34% de los alemanes creen que su país debe participar más en las crisis internacionales. Una mayoría importante sigue mostrándose escéptica en cuanto a la adopción de una postura global más activa, lo que sugiere que cualquier esfuerzo por asumir un liderazgo internacional sigue siendo una lucha contra la corriente.

Por supuesto, no todos los colapsos del orden pueden atribuirse a las políticas internas, los factores económicos o los cambios en las relaciones de las grandes potencias. El número de actores importantes y agitadores potenciales en la escena mundial se ha disparado, lo que ha debilitado más la capacidad de los gobiernos para solucionar problemas por sí mismos o en coordinación con otros países.

No obstante, los colapsos del orden son tanto una causa como un efecto de la reticencia en aumento de sus guardianes tradicionales y potenciales. A medida que los líderes dejan de actuar como solían hacerlo o no hacen todo lo que se debe hacer en una situación dada, otros actores tantean los límites.

A medida que el orden se desmorona y se vuelve más difícil de mantener o administrar, los líderes tradicionales y potenciales consideran cada vez más que el desafío es demasiado grande o recurren a soluciones temporales y medidas paliativas, con lo que alimentan la imprevisibilidad y la inestabilidad. Esta mezcla de tanteo e inquietud fue lo que puso en marcha el actual círculo de inestabilidad geopolítica.

Ante este panorama, no hay motivos para creer que predecir crisis importantes, y ya no se diga contenerlas, será más fácil. La creciente complejidad global intensifica el problema. Avasallados por el exceso de información, los gobiernos y las instituciones internacionales más importantes no distinguen o malinterpretan las señales en medio del ruido. Eso hace que a los líderes les resulte mucho más difícil centrarse en unos cuantos elementos críticos que probablemente mejorarían la calidad de sus procesos de toma de decisiones.

En 2014 murieron muchos viejos supuestos. En la MSC de este año el mundo tendrá la oportunidad de reflexionar sobre qué habrá de reemplazarlos.

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