EL OBSERVATORIO

La biblia literaria de un hereje

Vila-Matas reúne en Impón tu suerte un centenar largo de ensayos y textos que ilustran su singular y atractiva idea de la literatura.

Hace tiempo que el lector conspicuo descubrió que Enrique Vila-Matas es algo más que el autor de un puñado de extrañas e inclasificables novelas, con tramas bastante brumosas, argumentos difícilmente resumibles, personajes que raramente se dejan atrapar o definir y un obsesivo caudal narrativo por el que es muy frecuente ver aparecer a muchos escritores que, curiosamente, comparten con el narrador algunas de las rarezas ya descritas.

Estas extrañas novelas de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1947) de muy distinto pelaje y condición, y que abarcan ya casi 40 años de escritura febril y, durante mucho tiempo, “clandestina”, dado su escaso eco en el mercado, comparten entre sí, a pesar de todo, algunos rasgos bastante obvios. No se trata, en ningún caso, de novelas decimonónicas. Y no es que Vila-Matas no respete y admire esa majestuosa tradición, sino que simplemente considera un dislate que en el siglo XXI se siga escribiendo como en el XIX, con los mismos mimbres y los mismos artificios, como si el paso de un siglo y pico fuese un suspiro imaginario. Sabido es que en literatura, como en arte, no existe propiamente “progreso”. Pero también es sabido que la literatura y el arte, para serlo realmente, tienen que tener esa extraña vinculación con el tiempo y con la realidad que hace posible la magia de que, discurriendo por el espacio “virtual” de la ficción, son capaces de proporcionarnos un conocimiento de lo real más clarividente y profundo que otros acreditados medios de conocimiento.

Otro rasgo común de la narrativa de Vila-Matas es su afán de sacar el mayor partido posible de los elementos más fecundos e innovadores de la tradición literaria del siglo XX, un siglo que comenzó con las vanguardias, con la revolución de los Joyce, Kafka y Proust… y acabó en el best-seller. Poniendo así en evidencia, por si aún hacía falta, que efectivamente en el arte no existe el progreso.

Pero en el decurso de ese siglo convulso, Vila-Matas ha ido rastreando las huellas y los testimonios (a veces llenos de cicatrices) de una pléyade de escritores y artistas que le permitían ir construyendo un canon inspirador, que en vez de conducirnos a la ciénaga de los best-sellers, podrían ser los cimientos de una literatura nueva, capaz de restablecer ese enlace mágico con la realidad y con el tiempo que da pleno sentido a la literatura.

Escritores como Robert Walser y Franz Kafka, como Joyce y Samuel Beckett, com Georges Perec o Pierre Michon, como Borges o Calvino, como Michaux, como Gombrowicz o Bioy, como Pitol o Bolaño (por citar solo autores que todos conocemos, pues su peculiar canon incluye decenas de nombres que ignorábamos, y que hemos conocido, leído y disfrutado gracias a él), escritores todos que lejos de limitarse a hacer lo que ya habían hecho sus antecesores, fueron abiertamente “escritores de frontera”, exploradores de abismos, escritores que intentaron ampliar los límites de lo literario, que intentaron desbrozar campos nuevos, aventureros que conquistaron y diseñaron nuevas provincias en la geografía del mundo literario… y, por ello, no fueron entendidos, o fueron rechazados y olvidados en su tiempo.

Pues bien, en Impón tu suerte (Círculo de Tiza, 2018), Enrique Vila-Matas reúne 140 textos, a mitad de camino entre el ensayo, la reseña y la ficción crítica, hibridando ingredientes como si estuviéramos en la genial cocina de un Ferran Adrià literario, textos que tratan de extraer de la obra, de la vida o del pensamiento de los autores arriba citados (y de otros cientos) ese jugo inesperado y nutritivo con el que alimentar, no solo nuestra insaciable pasión literaria, sino esa idea de literatura que anida, desde un primer momento, tanto en sus extrañas novelas como en sus indefinibles ensayos; novelas y ensayos unidos por un puente tan sólido y transitable, que uno tiene la sensación de que Vila-Matas -como Kafka- transita por el sólido terreno de una escritura que burla todos los límites e impugna las fronteras tradicionalmente establecidas. Y que de la misma forma que el buen lector de Kafka sabe que está leyendo a Kafka ya lea sus cuentos, sus novelas, sus diarios, sus cartas o sus fragmentos… el lector de Vila-Matas ha dejado de preguntarse si el narrador de sus novelas es un ensayista encubierto que se ha disfrazado de escritor de ficciones, o si el ensayista de sus libros o artículos de no ficción es un fabulador que trafica libremente con el rigor académico del ensayo para convertirlo en un relato impregnado de imaginación y verdad.

¿Un juego? ¿Todo esto no es más que un juego? Sí, tal vez sea un juego. Pero como advertía Bolaño, una actividad de riesgo, un juego peligroso. La ruleta rusa con la pistola cargada, no una partida de parchís. Algo a lo que podrían aplicarse muy bien las palabras de Mario Levrero: “No me fastidien con el estilo ni con la construcción, esto no es una novela, carajo. Me estoy jugando la vida”.

En Impón tu suerte, “colección de ensayos relacionados muy directamente con mi narrativa”, como afirma el propio Vila-Matas en el prólogo, la intensidad y el riesgo de ese “juego” llegan al máximo, puesto que, en cierto modo, y creo que más intencionada que involuntariamente, el libro tiene todo el aire de ser una auténtica biblia (claro, en minúsculas), un conjunto de “textos sagrados” (con la sacralidad jocosa de un juego al borde del precipicio), aunque en todo caso, y esto hay que subrayarlo para no dar pie a ninguna confusión, “la biblia de un hereje”, un libro donde se explicitan, a sorbos de un mezcal ahumado y potente (pongamos un Alacrán), los fustes de una concepción de la literatura que se enfrenta, hasta la excomunión, con los estándares, los dogmas, los ritos y las formas canónicas de lo que por estos pagos se asume como el hecho y el producto literario, oficialmente consagrado y mercantilmente viable.

La voluntad de “imponer su suerte” está desde el título y, por tanto, no nos llamemos a engaño si tomamos el libro como eso, como la biblia literaria de un hereje, excomulgado por las infinitas variantes nacionales de la ortodoxia, desde los realistas del lodo a los costumbristas de capa y espada, desde los devotos de la orden de la crucifixión obligatoria de toda metaliteratura, hasta los odiadores natos de cualquier cita que revele que el autor ha tenido la osadía de leer a alguien interesante y reconocer la valía de su arte (lo que se interpreta bien como elitismo o como muleta y signo de pertenencia a los rosacruces de la escritura) y, en fin, a la imponente horda de orcos que a golpe de best-seller con más episodios que Juego de tronos arrasa en las llamadas ferias del libro, que tanto presumen hoy de aumentar sus ventas, pero sin aclarar ya -para evitarse el bochorno- qué es lo que realmente se ha vendido.

Hereje de una literatura que agoniza, pero que a la vez emite potentes destellos de esperanza -lo que le sitúa en la otra orilla de los agoreros y fatalistas del fin-, Vila-Matas nos entrega en Impón tu suerte un libro desafío, un texto lleno de lecturas agudas y placenteras, ingeniosas y hasta muy divertidas, pero que en el fondo contienen un llamamiento grave, una advertencia que no puede ignorarse y una propuesta a considerar.

No es casual que Vila-Matas haya colocado en el frontispicio de su libro un texto como “El futuro”, que fue su discurso de recepción del Premio Juan Rulfo (Premio FIL), que le fue entregado en la Feria del Libro de Guadalajara en México el 28 de noviembre de 2015. En ese texto, Vila-Matas afirma sin ambages: “Pensaba que en este siglo se cedería el paso a un tipo de novela ya felizmente instalada en la frontera; una novela en la que sin problemas se mezclarían lo autobiográfico con el ensayo, con el libro de viajes, con el diario, con la ficción pura, con la realidad traída al texto como tal. Pensaba que iríamos hacia una literatura acorde con el espíritu del tiempo, una literatura mixta, donde los límites se confundirían y la realidad podría bailar en la frontera con la ficción, y el ritmo borraría esa frontera”. Vila-Matas apuntala esta idea con otra de Roberto Bolaño, que en una entrevista en 2001 ya afirmó que “una novela que se sostiene solo por el argumento -con un formato más o menos archiconocido, pero no archiconocido en este siglo, sino ya en el XIX- es un tipo de novela que se acabó”.

Pero la realidad de hoy, y las estanterías de las librerías están ahí para confirmarlo, marcan un signo muy distinto. Si en política vivimos una oleada sin precedentes de conservadurismo, y reacción, algo muy semejante ocurre en el terreno literario.

Por eso es tan idóneo y tan necesario leer hoy en día esta “biblia de un hereje”, donde la Literatura halla refugio y continúa el juego.

Por otro lado, el libro contiene algunos de los mejores y más memorables ensayos de Vila-Matas, como “Los escritores de antes (Bolaño en Blanes, 1996-1999)”, dedicado al gran escritor y amigo chileno que ha revolucionado la literatura en lengua española del siglo XXI.

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