La amenaza del petróleo

“La matanza perpetrada en Libia por Gadafi y el cierre de al menos una cuarta parte de la producción de crudo del paí­s -situación que puede prolongarse porque las petroleras europeas, como Repsol, han suspendido la producción- han empujado el precio del barril por encima de los 110 dólares. Lo que inquieta a los inversores es que la rebelión puede extenderse a otras zonas árabes con una producción mayor.”

Para las economías euroeas la amenaza principal procede del contagio inflacionista que puede provocar la subida del crudo si la situación no se estabiliza en un tiempo razonable. Los riesgos económicos de la crisis norteafricana son evidentes, pero no están definidos todavía, dependerán del tiempo que duren los enfrentamientos, del estado de los pozos cuando retorne la estabilidad y de las soluciones políticas que se arbitren. Sería deseable que la vuelta a la normalidad implicase la democratización de los países de la zona. En todo caso, la situación exige respuestas europeas y nacionales inmediatas. La prioridad es garantizar el suministro. El Gobierno español ha anunciado un plan de ahorro energético para responder a posibles dificultades de abastecimiento. Esperemos que esta vez el plan sea serio. (EL PAÍS) LA REPÚBLICA DE LAS IDEAS.- Probablemente, hasta esa fecha no sabremos a ciencia cierta cuál fue el papel de la embajada norteamericana en Madrid, cual fue la actitud del embajador Terence Todman que, en algún momento de aquella noche, se presentó en el Palacio de la Zarzuela, así como el grado de conocimiento que tenía la CIA norteamericana del golpe. En 2031, comenzarán a desclasificarse en Estados Unidos los papeles del Departamento de Estado correspondientes a 1981 y sabremos por qué la VI Flota norteamericana puso días antes del 23 de Febrero rumbo a Valencia, por qué las bases de utilización conjunta entraron en estado de alerta antes del asalto al Congreso, por qué se desplazó de Alemania a España un avión Awaks especial de comunicaciones y, sobre todo, por qué el secretario de estado norteamericano de entonces, Alexander Haig, dijo que lo que estaba pasando en el Congreso de los Diputados en España era un asunto interno del país. Editorial. El País La amenaza del petróleo En plena convalecencia de una recesión, Europa se enfrenta al impacto de los vientos de cambio político en el norte de África y en Bahréin. Las Bolsas han sufrido dos días de pérdidas, pero el choque más peligroso procede del petróleo. La matanza perpetrada en Libia por Gadafi y el cierre de al menos una cuarta parte de la producción de crudo del país -situación que puede prolongarse porque las petroleras europeas, como Repsol, han suspendido la producción- han empujado el precio del barril por encima de los 110 dólares. La escalada de precios resiste incluso el bienintencionado mensaje de la OPEP, dispuesta a producir más para compensar el colapso libio. El problema es que los mercados ya descuentan que los efectos de la revuelta no acabarán en Libia, cuya producción, unos 1,6 millones de barriles diarios, puede sustituirse con relativa comodidad; de ahí que muchos países europeos hayan anunciado que no peligra su abastecimiento energético a corto plazo. Lo que inquieta a los inversores es que la rebelión puede extenderse a otras zonas árabes con una producción mayor. Para las economías europeas la amenaza principal procede del contagio inflacionista que puede provocar la subida del crudo si la situación no se estabiliza en un tiempo razonable (un máximo de dos meses). La presión del petróleo sobre los precios está tasada: por cada 10 dólares de subida del barril la inflación en Europa puede aumentar hasta en dos décimas. Conste que los efectos inflacionistas no proceden solo del crudo. En los últimos meses los precios de los alimentos y de otras materias primas se han disparado. El encarecimiento del trigo fue una de las causas de la rebelión contra Mubarak. Para combatir la inflación, los bancos centrales apenas tienen otro recurso que subir los tipos de interés. Un encarecimiento del dinero equivaldría a frenar las expectativas de crecimiento y de creación de empleo. En España, un alza de tipos en una fase de crecimiento muy débil (apenas el 0,7% anual en 2011) retrasaría el momento de la creación neta de empleo en seis meses al menos. Las supuestas ventajas de la crisis en el norte de África, como por ejemplo el aumento del turismo, serían irrisorias en comparación con el daño causado por un endurecimiento de las condiciones crediticias. Los riesgos económicos de la crisis norteafricana son evidentes, pero no están definidos todavía, dependerán del tiempo que duren los enfrentamientos, del estado de los pozos cuando retorne la estabilidad y de las soluciones políticas que se arbitren. Sería deseable que la vuelta a la normalidad implicase la democratización de los países de la zona. En todo caso, la situación exige respuestas europeas y nacionales inmediatas. La prioridad es garantizar el suministro. El Gobierno español ha anunciado un plan de ahorro energético para responder a posibles dificultades de abastecimiento. Esperemos que esta vez el plan sea serio. EL PAÍS. 24-2-2011 Opinión. La República de las Ideas Informe sobre los enigmas del 23-F, treinta años después del golpe José Oneto Tal día como hoy , hace treinta años, se ponía en marcha una vasta operación cívico-militar para, según sus patrocinadores, salvar a España del terrorismo, terminar con la democracia y con una Constitución que estaba a punto de romper España y con una transición que había traicionado lo poco que quedaba del Régimen anterior. Hace treinta años, jurídicos militares preparaban a primera hora, en la III Región Militar (Valencia) los borradores del estado de queda, las órdenes cifradas para que el Ejército ocupase la ciudad y el bando militar firmado por el capitán general Jaime Milans del Bosch y Ussia, en el que se prohibían todas las reuniones públicas de más de cuatro personas, las actividades de los partidos políticos y los sindicatos, para que el poder militar asumiese todas las competencias del poder judicial y administrativo de la Comunidad, los municipios y demás entidades locales, al tiempo que se implantaba el Código de Justicia Militar para cualquier tipo de delito y la policía pasaba a depender del Ejercito. A esa misma hora, hace hoy treinta años, un teniente coronel de la Guardia civil, Antonio Tejero Molina, que ya había sido condenado por un intento de asalto armado al Palacio de la Moncloa, se preparaba para ir al Parque de Automovilismo de la Guardia Civil, en la calle Príncipe de Vergara de Madrid, y un general destinado en la Coruña, Luis Torres Rojas, se dirigía al aeropuerto gallego para incorporarse a la División Acorazada Brunete número uno, la unidad más poderosa del Ejército español, para tomar el mando de la División ante la ausencia de su jefe natural, el general José Juste que, a esta misma hora de hace hoy treinta años, viajaba en su coche oficial rumbo a Zaragoza para participar en unas maniobras militares. Un comandante de los servicios de inteligencia, José Luis Cortina Prieto, jefe de la agrupación operativa del CESID, se reunía con el capitán García Almenta para revisar las actividades del llamado SEA (Servicio Especial de Agentes), en uno de los edificios clandestinos de “La Casa”, situado en una calle adyacente al Congreso de los Diputados, la calle Fernanflor, mientras otro general, Alfonso Armada Comyn, hacía los preparativos para asistir a un acto oficial en la Brigada Paracaidista de Alcalá de Henares, a treinta y cinco kilómetros de Madrid. Y, en el Congreso de los Diputados, entraban los primeros diputados que tenían que votar, en segunda convocatoria, la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como Presidente del Gobierno en sustitución de Adolfo Suárez, que había dimitido veinticinco días antes. Esta es la foto fija de las nueve de la mañana del lunes 23 de febrero de 1981, que horas más tarde se convertiría en una de las mayores películas de terror que se recuerdan desde la muerte del general Francisco Franco. La película, a punto de convertirse en sangrienta tragedia, duró diecisiete horas y media y en ella faltan todavía, treinta años más tarde, muchas fotos fijas, muchos otros fotogramas que expliquen ese final feliz que se produjo y que supuso la consolidación de la Monarquía en España, su prestigio como institución y la desaparición de esa tradición golpista del Ejército español que se había mantenido desde el siglo XIX. Hubo, a partir de entonces, una “reconducción” del proceso autonómico con la LOAPA (Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico), una voladura controlada de la UCD (Unión de Centro Democrático), uno de los partidos que más se dejó en la transición, una pérdida de influencia del Ejército hasta la desaparición, por completo, del llamado “poder militar”, que con su miedo tanto condicionó la transición, una presión creciente para la entrada de España en la OTAN, especialmente por parte de Estados Unidos, cuyo papel en el golpe está todavía por aclarar, y finalmente un triunfo, por mayoría absoluta, meses más tarde, del Partido Socialista , que permaneció en el poder durante catorce años.. El papel de los servicios secretos Las imágenes y las fotos fijas que faltan contribuyen a que muchas incógnitas sigan sin resolverse, a que muchos temas permanezcan en la oscuridad, a que algunas piezas no encajen en ese complicado puzzle que es el 23-F…y a que se intente buscar esas piezas en los más recónditos lugares porque desde el poder se quiso, en su momento, enterrar todo lo mas rápidamente posible y con los menores daños colaterales. Se decidió limitar al máximo las responsabilidades penales, sentando en el banquillo de los acusados a sólo treinta y dos militares y guardias civiles que habían participado directamente en el golpe. Se evitó extender esas responsabilidades a varias Capitanías Generales que a lo largo de la tarde estuvieron dispuestas a seguir a Tejero y a Milans del Bosch. Se extendió un manto de silencio sobre la trama civil que, durante meses, había estado estimulando a los militares a poner fin a un régimen que llevaba al país al desastre y a la ruptura de la unidad nacional. Se decidió liberar al servicio de inteligencia, el CESID, de todo tipo de responsabilidad e, incluso, absolver a uno de sus principales mandos, el comandante Cortina… Se claudicó en muchas evidencias para que el juicio pudiese llevarse a cabo cuando la mayoría del país pensaba que ese juicio jamás se celebraría. Y muchos episodios quedaron sumidos en la oscuridad más absoluta, al tiempo que muchos detalles clave dejaron de investigarse. No se sabe por qué nadie investigó a fondo la contraseña aparecida en el diario ultraderechista “El Alcázar” el día anterior al golpe, anunciando que todo estaba dispuesto para la sesión del lunes “antes de que suenen las 18, 30” (la hora del golpe), ni la otra consigna publicada con el texto “no es cierto que yo quiera dar un golpe militar el lunes 23 de Febrero por la tarde…” Se ignora por qué el capitán de la Guardia Civil , Sánchez Valiente, adscrito al CESID y colaborador del comandante Cortina, que huyó de España horas después del golpe con un supuesto maletín con papeles comprometedores, sólo fue juzgado, años más tarde, por “abandono del servicio”. Se ignora el trasfondo de dos frases del Rey contenidas en el télex enviado a Milans del Bosch: “Después de este mensaje no puedo volverme atrás” y ”Ni abdico ni me voy, tendréis que fusilarme”, ésta realmente dramática. Sigue sin conocerse el nombre del “portavoz parlamentario” que iba a servir de interlocutor entre los golpistas y los diputados. Y seguimos desconociendo la totalidad de las conversaciones grabadas aquella noche a través de las centralita telefónica del Congreso y en otros centros que rebasan las cien horas de duración y en las que puede haber datos reveladores de la actitud de muchos. Estas grabaciones, oídas en su momento por el Rey, le provocaron tal impacto que se echó a llorar ante la Junta de Defensa Nacional. Se desconoce dónde está el papel con la lista del Gobierno que iba a proponer Alfonso Armada al Parlamento, la que en un momento determinado Armada enseña a Tejero y que ahora, treinta años más tarde, Armada dice que es el papel que nunca existió. No se ha profundizado en la actitud de varios capitanes generales como el de Valladolid , Ángel Campano, que encerrado en su pabellón oficial tardó horas en hablar con el Rey porque se negaba a hacerlo, o el de Barcelona , Pascual Gálmez, que llegó a decirle a Armada “Alfonso, tú leña al mono, tú zúmbales ahí bien ¿Qué se han creído esos diputados?” o, el de Zaragoza , Elicegui Prieto, que se había atrevido a decirle a su Estado Mayor, en un auténtico mitin político, que España se encontraba como en el 36 y que pronto iba a ser necesaria una intervención militar similar a la cruzada para reconducir la nave del Estado, o de otros jefes de regiones militares que estaban al tanto de todo, o de casi todo. Casi todos ellos han muerto, no han querido hablar nunca de aquella intentona, y algunos, incluso, han quedado para la historia como demócratas y defensores de la legalidad constitucional. Secretos que nunca conoceremos Por ora parte, muchos de los personajes clave de aquel día como Milans del Bosch, el general Aramburu Topete, director de la Guardia Civil, o el mismo Sabino Fernández Campo, secretario general de la Casa Real, (el primero que se dio cuenta del doble juego de Armada y que aconsejó al Rey que no se presentase en la Zarzuela, lo que le permitió anunciar a los indecisos que “ni Armada estaba en Palacio ni se le esperaba”), también han desparecido y se han llevado algún que otro secreto a la tumba. Especialmente Sabino Fernández Campos que , en pequeñas fichas, anotaba detalles, anécdotas e informaciones clave y curiosidades que luego guardaba celosamente. Otros están prácticamente enclaustrados, como el coronel Antonio Tejero, que vive entre la Costa del Sol y Madrid, dedicándose a la pintura y al cultivo del aguacate, y que sigue planteándose que todavía nadie le ha explicados lo que realmente pasó el 23 F . Dentro de su lógica, lleva razón. O el general Armada, 91 años, prácticamente ciego, que sigue insistiendo en que fue él quien salvó la situación y en que lo que quería era simplemente terminar con el secuestro del Parlamento, reivindicando su inocencia e insistiendo en que para él lo primero es la religión, después España y en tercer lugar la Monarquía. “Yo fui al Congreso -repite a todo el que habla con él- a buscar una solución que permitiese salir de aquel embrollo (embrollo estimulado por él), para que no hubiese sangre y que se liberase a los diputados. No he tenido ni tengo ambiciones políticas. Solo he querido salvar a España y al régimen monárquico que la encarna”. En efecto, él quiso salvar a España de una democracia que, según él, era la causante del terrorismo de ETA, de la ruptura de la unidad nacional con el surgimiento de las autonomías, del relativismo moral del divorcio y de leyes que iban contra la doctrina católica, del caos que habían provocado los partidos políticos y los sindicatos y, sobre todo, de que en la cúspide del poder estuviera su gran enemigo Adolfo Suárez. Y, de paso, quería salvar al Rey, aún en contra del propio Rey. Por eso, existen lagunas, enigmas, contradicciones y, sobre todo, muchos misterios por resolver. Treinta años después de un golpe ideado por Armada, el que siempre dice que quiso salvar a España y a la Corona, apoyado por un sector de los servicios de inteligencia y ejecutado por Tejero y por Milans, las verdaderas claves solo las tienen Armada y el comandante Cortina, que ocultan parte de la información a Tejero y Milans. Otras, se mueven en el mundo de las interpretaciones personales y de testimonios de parte interesados. Por eso, la historia del 23.F, hay que reconocerlo, es una historia oral ya que el golpe se hizo sin papeles, sin planeamientos serios, rigurosos y unificados, con datos que ni siquiera conocen dos de los principales implicados (Tejero-Milans). Los únicos documentos relacionados con el golpe que existen son posteriores a la toma del Congreso: el bando de Milans del Bosh por el que se declara el toque de queda y la supresión de las garantías constitucionales; el telegrama del Rey a los capitanes generales, donde Don Juan Carlos confirma que ha ordenado a las autoridades civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente; el comunicado que Tejero y Pardo Zancada intentan publicar en “El Alcázar”y difundir por la emisora “La Voz de Madrid” justificando la toma del Congreso; el “Pacto del Capó”, firmado antes de la liberación de los diputados por el cual se libera de cualquier responsabilidad penal a los implicados que tengan una graduación por debajo de teniente, entendiendo que están actuando por “obediencia debida” y, por último, el comunicado de la retirada del bando de Milans en el que se declara el levantamiento del toque de queda en Valencia, en la madrugada del día 24. Es una historia oral reconstruida, sobre todo, por periodistas y algunos historiadores, por testimonios de viva voz, con versiones antagónicas y contradicciones, con intoxicaciones y datos con los que se ha intentado ocultar la verdad, con declaraciones de los implicados, juzgados y condenados, que no se han podido comprobar en todos sus extremos ya que, incluso, siguen existiendo restricciones para poder investigar, desde el punto de vista estrictamente judicial, determinados aspectos de aquella intentona. Nadie puede sospechar que lo que son las Actas Judiciales, los testimonios, las declaraciones -aunque gran parte de ellas se reproducen en libros como el que publiqué en Planeta en el año 1982 (“La verdad del Caso Tejero. El proceso del siglo”)- , lo que es el grueso del sumario está en poder del Tribunal Supremo, que no permite su consulta hasta que hayan transcurrido veinticinco años después de la muerte de todos los procesados o cincuenta años a contar desde la fecha del fallido golpe de estado, es decir en el año 2031. El misterio de la embajada norteamericana Probablemente, hasta esa fecha, ya que hace treinta años no existía Wikileaks -el portal de Internet que con la filtración de los telegramas de embajadas norteamericanas en medio mundo ha provocado, indirectamente, la revolución que estamos viendo en Oriente Medio- no sabremos a ciencia cierta cuál fue el papel de la embajada norteamericana en Madrid, cual fue la actitud del embajador Terence Todman que, en algún momento de aquella noche, se presentó en el Palacio de la Zarzuela, así como el grado de conocimiento que tenía la CIA norteamericana del golpe, dada su estrecha relación con el CESID que, según uno de sus hombres clave, el coronel Juan Alberto Perote, sucesor de Cortina en la Agrupación Operativa, llegaba hasta la colonización del servicio. En 2031, comenzarán a desclasificarse en Estados Unidos los papeles del Departamento de Estado correspondientes a 1981 y sabremos por qué la VI Flota norteamericana puso días antes del 23 de Febrero rumbo a Valencia, por qué las bases de utilización conjunta entraron en estado de alerta antes del asalto al Congreso, por qué se desplazó de Alemania a España un avión Awaks especial de comunicaciones que estuvo volando toda la madrugada sobre la Península para interceptar todo tipo de comunicaciones y, sobre todo, por qué el secretario de estado norteamericano de entonces, Alexander Haig, dijo que lo que estaba pasando en el Congreso de los Diputados en España era un asuntos interno del país, sin prestar el mínimo aliento a la democracia en peligro. El comportamiento del Rey Frente a numerosos testimonios, declaraciones, actas judiciales… se sitúan los comportamientos que demuestran que la actuación del Rey es decisiva para desactivar el golpe de Estado, ya que si él hubiera querido el golpe hubiera triunfado fácilmente. La lealtad a Franco de la casi totalidad del Ejército la heredó don Juan Carlos por deseo expreso del Caudillo tal y como figura en su testamento y, simplemente, le hubiera bastado dejar hacer para que el golpe hubiera cuajado en la totalidad de las Capitanías Generales (casi todos los tenientes generales de las distintas Regiones Militares estaban al tanto). Aún así, en determinados sectores de la derecha y en ciertos círculos se sigue sosteniendo que el autor intelectual de la asonada militar hay que buscarlo en el Palacio de la Zarzuela. Algo que los golpistas, en un intento de defenderse y justificarse, han propagado aunque, de hecho, no hayan aportado datos definitivos y creíbles sino ruido y confusión, especialmente entre las Fuerzas Armadas. El golpe se desmonto desde la Zarzuela. El golpe empieza a fallar cuando no se le permite la entrada en Zarzuela al general Armada (“ni está ni se le espera”) y la hecatombe se produce cuando Armada pretende dirigirse a los diputados para que aprueben un Gobierno de salvación en el que están miembros del Partido Socialista, del Partido Comunista, de Alianza Popular y de UCD. “Mi general- es la respuesta de un Tejero que considera que Milans es su jefe natural y que lo que quiere es la constitución de una Junta Militar- mi general -repite- yo no he llegado tan lejos para eso…” Es desde la Zarzuela desde donde se desmonta pieza a pieza el rústico mecanismo de relojería que ha construido sobre medias verdades y engaños una parte de los golpistas. Ahora, treinta años después, si alguna crítica hay que hacer al Rey en aquellas fechas es la de falta de prudencia. Es verdad que había perdido la confianza en Suárez después de la moción de censura presentada por los socialistas en el mes de mayo de l980 y es verdad que entró de lleno en ese clima anti Suárez que se instaló en la oposición y en la misma UCD, en los medios de comunicación y en los cuarteles. Pero Suárez no era Arias Navarro. Existía una Constitución y el Rey no podía despedir a Suárez como despidió a Arias en el año 1976, en una audiencia celebrada en el Palacio Real. El Rey, en todo caso, no debió entrar en ese clima ni hablar con militares sobre el agotamiento político de Suárez a pesar de que sabía que todo el malestar militar estaba centrado en la actuación de Suarez. Suárez dimite el 29 de enero de 1981, hace ahora treinta años, entre otras razones porque no quería, según dijo al país, que el “sistema democrático de convivencia” fuese “una vez más, un paréntesis en la historia de España”. Veinticinco días más tarde de esa dimisión, el 23 de febrero de 1981, hace ahora treinta años, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina asaltaba el Congreso de los Diputados, secuestraba durante algo más de 17 horas a los diputados elegidos democráticamente por los españoles e intentaba, una vez más, que la democracia se convirtiese en un nuevo “paréntesis en la Historia de España”. Las circunstancias y, sobre todo, el azar han hecho que en este año 2011 coincidan estos aniversarios con otros dos: la proclamación del Rey Don Juan Carlos, el 22 de Noviembre de 1975, hace ahora treinta años, como Rey y sucesor de Franco en la Jefatura del Estado, y la jura de la Constitución como Heredero de la Corona de su hijo, el Príncipe Felipe de Borbón y Grecia, el 30 de Enero de 1986, hace ahora veinticinco años. Cuatro aniversarios íntimamente relacionados, en los que se encierra la reciente historia de España y que iluminan, también, la historia de la transición. Los dos primeros, la dimisión de Suárez y el golpe de estado, explican los otros dos ya que si la intentona del 23 de Febrero de 1981 hubiera triunfado no celebraríamos ningún aniversario de una Monarquía que se jugó su prestigio y su futuro apostando claramente por la democracia, ni hubiera sido posible que hoy el Príncipe Felipe esté preparado para sucederle y ocupar el Trono. En el centro de todos esos aniversarios está el Rey Juan Carlos, reconocido internacionalmente como el hombre que, recogiendo las ansias de cambio de la sociedad española, ha hecho posible la transición de una dictadura a una democracia, ha sabido conectar con un pueblo que no se considera monárquico y ha contribuido a que tengamos, de acuerdo con la Constitución de 1978, el periodo más largo de paz, libertad y prosperidad de la historia de España, una historia, por otra parte, llena de “paréntesis” de autoritarismos y de intervenciones militares. LA REPÚBLICA DE LAS IDEAS. 23-2-2011

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