Haneke. Autopsia de la burguesía europea

Happy End

Todo alrededor del Mundo y nosotros en el medio, ciegos. Instantánea de una familia burguesa europea.

El director austriaco Michael Haneke retrata las miserias de una familia de la alta burguesía propietaria de una gran constructora en Happy End. Un irónico título sobre la decadencia de la burguesía europea. Protagonizada por Jean-Louis Trintignant en el papel del patriarca, Isabelle Huppert en el papel de Anne, la hija heredera de la empresa familiar y por la debutante Fantine Harduin en el papel de Eve, una niña que simboliza el futuro del clan Laufort y que tras la extraña muerte de su madre será acogida por la familia.

Haneke disecciona sin piedad el autismo de la actual sociedad de la “información” y el automatismo emocional de la burguesía. Al principio de la historia un trabajador de la constructora muere en un derrumbamiento por negligencia de la empresa. Pero nunca sabremos de él, ni siquiera conoceremos su nombre. La cámara solo lo enfoca desde un gran plano general sin sonido tomando así el punto de vista de la familia ciega e indiferente ante el sufrimiento ajeno. Solo el débil Pierre (Franz Rogowski), hijo de Anne, apartado de la dirección de la empresa, siente culpa por el trabajador muerto, y el asco a lo que pertenece le hace enloquecer.“Happy end es la autopsia de la decadencia de la Europa del siglo XX”.

La familia de ricos industriales vive en la Jungla de Calais, al norte de Francia, a poca distancia de un campamento donde viven miles de refugiados en condiciones inhumanas indolentes a esta tragedia humana. Casi al comienzo de la película Isabel Huppert conduce con la barrera del campo de refugiados a su derecha, una valla de cuatro metros de altura y kilómetros de longitud para impedir el paso a los inmigrantes que separa los dos mundos. En el campo de refugiados de la ciudad portuaria de Calais, apodado la Jungla, el mayor de toda Europa, vivían hacinadas 10.000 personas que intentaban cruzar desde Francia a Reino Unido. Pero Happy End no es una película sobre la crisis de refugiados sino sobre la postura inmisericorde de los Laurent y de la burguesía europea.

Haneke nos cuenta las contradicciones de la sofisticada burguesía europea a través de la historia de esta familia donde la vida es solo una inercia y donde no hay cabida para el amor. El patriarca de la familia suplica a todos, incluido el peluquero, que le maten. Los criados, Jamila y Rachid, cuidan de esta familia con más amor que los propios miembros. Sin amor, sin piedad, el sexo solo es dolor y la muerte ni siquiera es una tragedia. Haneke escribe unos personajes neuróticos, incapaces de expresar sus sentimientos, rozando la sociopatía. Happy end no es el retrato de una familia disfuncional, sino una autopsia de la decadencia de la Europa del siglo XX.

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