Guerras olvidadas

La administración no está utilizando su influencia con el primer ministro Nouri al-Maliki, sobre cuestiones cruciales para el éxito de las elecciones. Una de ellas es si Irak va a permitir la elección de su Parlamento por el sistema de distritos, cuando muchos de sus partidos están a favor de un sistema de listas nacionales, lo que podrí­a reforzar las divisiones sectarias. Otra es si el Sr. Maliki promoverá la celebración de un referéndum sobre la presencia de las tropas de EEUU en Irak. Esa votación podrí­a ayudar al primer ministro a ganar la reelección, pero forzar una retirada precipitada de América.

LE MONDE.- Desde hace 5 años, una guerra civil anónima asola una arte de Yemen, el país de lejos más pobre de la península arábiga. Este conflicto que opone a las autoridades de Sanaa a los rebeldes zaïditas, una secta minoritaria del chiísmo, ha causado ya más de 10.000 muertos y provocado el desplazamiento de millares de personas sometidas a una gran precariedad. Pero, puesto que ella escapa en gran medida a la lectura que las potencias más influyentes del planeta hacen de la región, no interesa demasiado al mundo. EEUU. The Washington Post La guerra “olvidada” Hace cinco años, el senador John F. Kerry, argumentó durante su campaña presidencial que los Estados Unidos habían descuidado peligrosamente la guerra en Afganistán. El jueves, cuando se convocó a una audiencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado para escuchar un informe sobre la situación en Irak del Embajador de EEUU, Christopher R. Hill, sólo cinco de los 19 miembros del panel se presentaron el tiempo suficiente para hacer una pregunta. "El Irak de hoy… Se ha convertido en la guerra ya olvidada", concluyó tristemente el Sr. Kerry. El senador tiene buenas razones para preocuparse. Mientras Washington ha convertido correctamente Afganistán en el centro de atención, la misión de EEUU en Irak está lejos de haber terminado. Las muertes mensuales de estadounidenses disminuyeron a un solo dígito este verano, después de que las tropas estadounidenses se retiraran de las ciudades iraquíes, pero las víctimas civiles iraquíes en agosto fueron las más altas en un año. Irak sigue estando en el centro estratégico de Oriente Medio: como el Sr. Hill, señaló, podría ser "un motor para la estabilidad regional y el crecimiento económico" o "una fuente de tensiones regionales y conflictos". Irak también está entrando en un año crucial. Las elecciones nacionales en enero podrían determinar si Irak se aleja de las divisiones sectarias que provocaron una virtual guerra civil en 2006 y si su sistema democrático incipiente sobrevive o da paso a un nuevo autoritarismo. En los siete meses siguientes a la elección, Estados Unidos debe a reducir sus fuerzas en más de un 60%. Si el país no es estable, al-Qaeda y los vecinos de Irak acudirán raudos a explotar el vacío. La cuestión es si la administración de Obama está prestando más atención que el resto del país. Algunos de sus partidarios están preocupados: Kenneth Pollack, un experto de la Brookings Institution, dice que la administración no está utilizando su influencia con el primer ministro Nouri al-Maliki, sobre cuestiones cruciales para el éxito de las elecciones. Una de ellas es si Irak va a permitir la elección de su Parlamento por el sistema de distritos, cuando muchos de sus partidos están a favor de un sistema de listas nacionales, lo que podría reforzar las divisiones sectarias. Otra es si el Sr. Maliki promoverá la celebración de un referéndum sobre la presencia de las tropas de EEUU en Irak. Esa votación podría ayudar al primer ministro a ganar la reelección, pero forzar una retirada precipitada de América. El Sr. Hill ofreció una visión relativamente optimista en su testimonio. Dijo que no espera que el referéndum sobre las fuerzas de EEUU siga adelante. Minimizó el aumento de la violencia, diciendo que los ataques de al-Qaeda no han logrado provocar que los iraquíes regresen a los conflictos sectarios. La pregunta más importante sigue siendo, como el senador Richard G. Lugar (…) dijo el jueves, "¿Estamos en riesgo de poner todos los ojos en el otro partido mientras la atención y los recursos cambian de puesto en Irak?" El Presidente Obama delegó la gestión de Irak al Vicepresidente Biden en junio; y desde entonces el Sr. Obama ha parecido prestarle poca atención. Los funcionarios dicen que el Sr. Biden ha sido enérgico, dedicándose todos los días a Irak e interviniendo en silencio en cuestiones clave. Esperemos que refleje la percepción de que, aunque muchos en el Congreso y en la nación lo han olvidado, la administración no puede permitirse el lujo de permanecer al margen del trascendental proceso político de Bagdad. THE WASHINGTON POST. 14-9-2009 Francia. Le Monde Yemen, la guerra olvidada Desde hace 5 años, una guerra civil anónima asola una parte de Yemen, el país de lejos más pobre de la península arábiga. Este conflicto que opone a las autoridades de Sanaa a los rebeldes zaïditas, una secta minoritaria del chiísmo, ha causado ya más de 10.000 muertos y provocado el desplazamiento de millares de personas sometidas a una gran precariedad. Pero, puesto que ella escapa en gran medida a la lectura que las potencias más influyentes del planeta hacen de la región, no interesa demasiado al mundo. El presidente de la República árabe yemenita (Yemen del Norte) desde 1978, después del Yemen reunificado a partir de 1990, el inamovible presidente Ali Abdallah Saleh acusa a los rebeldes de querer derrocar su régimen para restablecer el sultanato zaïdita, abolido en 1962 en Sanaa, y de estar manipulados por Irán. Incluso aunque estos sacrifican voluntarios por sus proclamas antioccidentales, los houthistas (llamados así por Hussein Al-Houthi, figura señera del levantamiento, muerto en 2004), niegan cualquier instrumentalización de su causa por una potencia extranjera e insisten, por el contrario, en la ayuda que el reino saudita aporta al presidente. Los houthistas aseguran defender una identidad amenazada según ellos simultáneamente por la política del poder central, que mantendría su región en el subdesarrollo, y por la emergencia de un fundamentalismo sunnita sobre el que a menudo Sanaa mantiene una posición ambigua. A lo largo de los últimos meses, el presidente Saleh ha multiplicado en este frente los anuncios de treguas y las ofensivas destinadas a sofocar la rebelión de una vez por todas, incuso aunque las múltiples campañas realizadas en un medio a menudo propicio a la guerrilla hacen dudar de la pertinencia de una solución militar. Por contra, este conflicto parece nutrirse de una dinámica que le es propia: los estragos de la guerra, la emergencia de jefes locales y las promesas de reconstrucción no cumplidas o torpedeadas por la corrupción alimentan la rebelión seguramente en mayor medida que sus demandas iniciales. Parece que por el momento el carácter extremadamente identitario del levantamiento impide una convergencia táctica con el Sur, que se siente asimismo abandonado, incluso “tomado” o “colonizado”, por el Norte, si han de creerse las críticas sudistas más radicales frente al poder central. Una alianza con los grupúsculos yihaddistas que se reivindican de Al-Qaeda que perduran en Yemen parece una posibilidad totalmente excluida, teniendo en cuenta la fractura insalvable entre sunnitas y chiítas. El desinterés occidental frente a esta guerra civil yemenita no es menos dañina, puesto que mantiene en la península arábiga un foco de desestabilización cuyo potencial no debería ser subestimado. Si se añade el pandemonio somalí en el Cuerno de África, se toma la medida de la fragilidad de una zona donde se entrecruzan tan gran número de rutas estratégicas. LE MONDE. 10-9-2009

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