Israel recrudece los ataques contra la población civil

Gaza: un genocidio que sigue y sigue y sigue

El objetivo de este genocidio "a fuego lento" está muy claro: hacer de Gaza un lugar inhabitable, forzando al éxodo -por las bombas, por el hambre, por la insoportable miseria- a sus habitantes.

A fuego lento, el genocidio israelí en Gaza continúa, aumentando su cuenta de muerte y sufrimiento. A lo largo de este verano, mientras los ojos del mundo estaban fijos en el Estrecho de Ormuz y otros escenarios de tensión, Israel ha recrudecido sus ataques contra la desharrapada población civil de la Franja, cuya situación humanitaria sigue siendo crítica

Desde su entrada en vigor en octubre de 2025, el “Plan de Paz” de Trump para Gaza apenas tuvo trazas de realidad. Los bombardeos dejaron de contarse por varios al día, pero continuaron a ritmo semanal o mensual. La ayuda humanitaria llegó, pero apenas a cuentagotas. Y unas condiciones de vida para la población civil que sólo pueden ser descritas como dramáticas: una situación sanitaria crítica, con las familias malviviendo entre escombros o en tiendas de campaña, padeciendo sed, hambre, frío extremo en invierno y calor extremo en verano.

A todo ese sufrimiento -que desde hace casi tres años ya forma parte del día a día de los gazatíes-, el gobierno ultrasionista de Netanyahu ha decidido subirle la intensidad.

Desde que empezó el verano, Israel ha lanzado decenas de ataques aéreos sobre la población civil de la Franja, que sobrevive en un reducido espacio. Unos 2,1 millones de personas están obligados a malvivir en una zona costera occidental -al oeste de una «Línea Amarilla» que Israel ha ido moviendo a conveniencia, violando lo acordado- de menos de 13.000 hectáreas, lo que equivale al 35% del total de la Franja de Gaza. Un hacinamiento extremo que hace que sea prácticamente imposible que el estallido un proyectil israelí no cause decenas de víctimas.

Desde el 21 de junio hasta mediados de agosto de 2026, los ataques israelíes han causado cerca de 250 muertos (de ellos, 40 niños) y de 1.000 heridos adicionales. Lo cual aumenta los números desde que se firmó la «paz de Trump» en Gaza a los 1.265 muertos (272 de ellos menores) y 4.193 gazatíes heridos (1.174 de ellos niños).

Entierro masivo, este mes de agosto, de 112 miembros de una misma familia, cuyos cadáveres fueron recuperados de entre los escombros después de que el Ejército israelí bombardeara sus casas hace dos años y ocho meses

No son números sin rostro. Son vidas inmoladas en un holocausto que no se ha detenido. El domingo 2 de agosto, uno de los ataques israelíes asesinaba a un padre, a su hija de 3 años y a su mujer, que estaba embarazada de 6 meses.

Si en su país estas fueran las cifras de muerte -en apenas dos meses y medio- ¿le sonaría bien que se hablara de «tregua», de «alto el fuego» o de «paz»? ¿Cómo no hablar de genocidio cuando Israel ha asesinado a más de 73.407 gazatíes desde que comenzó su ofensiva, perpetrando todo tipo de crímenes de guerra?

Lo acordado en la hoja de ruta del «Plan de Paz» de Trump siempre fue papel mojado para Israel. Hamás entregó a todos los rehenes secuestrados, y la práctica totalidad de sus armas. Pero Netanyahu no ha mostrado en ningún momento voluntad alguna de cumplir con su parte. Es obvio que no ha ocurrido nunca «un cese total de hostilidades» de Israel contra Gaza, ni se ha permitido la entrada sin restricciones de suficiente ayuda humanitaria: más bien todo lo contrario, desde marzo Tel Aviv impuso una prohibición total a 37 organizaciones no gubernamentales internacionales, entre ellas Médicos Sin Fronteras, ActionAid, Oxfam Intermón o Save the Children, a operar en Gaza y Cisjordania, incluido Jerusalén este.

El objetivo de este genocidio «a fuego lento» está muy claro: hacer de Gaza un lugar inhabitable, forzando al éxodo -por las bombas, por el hambre, por la insoportable miseria- a sus habitantes.

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