Este 7 de octubre de 2026 se han cumplido tres años de los atentados terroristas de Hamás, pero sobre todo se han cumplido tres años de la más brutal ofensiva militar que Israel ha lanzado contra la Franja de Gaza, con el objetivo de exterminar a su población y de forzarla al exilio para huir de la muerte, el hambre y la miseria. Una ofensiva que sólo puede ser calificada con una palabra: GENOCIDIO.
Un genocidio que continúa -a otro ritmo, a fuego lento, pero que continúa- a día de hoy. Tras la firma de la «Paz de Trump» y del alto el fuego el 10 de octubre de 2025, las muertes de gazatíes a manos de Israel -por ataques aéreos o francotiradores- ascienden a casi 2.500 víctimas mortales, y a miles de heridos más. A lo que hay que sumarle el drama humanitario de casi dos millones de palestinos malviviendo en una crisis humanitaria permanente, sometidos al hambre y la sed, al calor y el frío extremos, y a la escasez de ayuda humanitaria impuesta por un ejército israelí que no permite la entrada de las ONGs a la Franja.
Tres años de un genocidio en Gaza… que sigue y sigue y sigue. Y que no olvidamos
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Múltiples informaciones han revelado que Israel pudo evitar el 7-O
Tres años del «11-S» que buscaba Netanyahu

El 7 de octubre de 2023, miles de milicianos de Hamás perpetraron la mayor ola de ataques terroristas de la historia de Israel. Asaltaron varios kibutz cercanos, irrumpiendo en las casas, asesinando a sangre fría e incinerando vivos a sus habitantes. Penetraron en un festival de música lleno de gente joven, abriendo fuego a discreción.
Aquellos execrables ataques terroristas -que desde estas páginas condenamos desde el primer minuto- asesinaron a más de 1.200 israelíes -de ellos 766 civiles- y secuestraron a 251 personas, entre ellas decenas de niños.
El terrorismo siempre es fascismo. Venga de donde venga, se haga con la justificación que sea. Nunca sirve a la justa causa de la liberación de un pueblo, en este caso el palestino. El terrorismo siempre es de Estado, porque siempre sirve -lo sepan sus perpetradores o no- sirve a los oscuros e inconfesables planes de aparatos de Estado, casi siempre de potencias imperialistas.
Esta fue nuestra posición de entrada, cuando no teníamos datos, aquel 7 de octubre de 2023. Y la sigue siendo.
Pero ahora sabemos muchas cosas más de aquellos atentados. Y lo que se ha revelado confirma nuestras sospechas. Meses y semanas antes del 7-O, el Estado de Israel, la poderosa inteligencia israelí, y el gobierno de Tel Aviv con Netanyahu a la cabeza, tuvo por fuentes internas y externas conocimiento de informes y advertencias de los ataques que preparaba Hamás.
Los criminales atentados terroristas de Hamás del 7 de octubre fueron en realidad un «ataque consentido» por parte del gobierno más fanático y ultrasionista de la historia de Israel
Y aún así, dejaron que los ataques terroristas ocurrieran. Era el «casus belli» que estaban buscando. Era el «11 de septiembre» israelí que necesitaban para encuadrar -por el terror y el odio- a la sociedad israelí en la necesidad de emprender la «solución final» contra Gaza.

Netanyahu lo supo. Netanyahu lo permitió. No son conjeturas, son hechos probados y contrastados.
«Israel conoció el plan de ataque de Hamás un año antes del 7-O». Es un titular del New York Times, una de las grandes cabeceras de la prensa norteamericana, publicado en su mismísima portada en diciembre de 2023. La investigación de 40 páginas del periodista Ronen Bergman se basa en el análisis exhaustivo de documentos y correos electrónicos internos de los servicios de inteligencia militares de Israel y en varias entrevistas, y que muestra que los expertos conocían «con alto grado de precisión» lo que tramaba Hamás.
Más recientemente, una investigación del diario progresista israelí Haaretz reveló que los Emiratos Árabes alertaron a Israel una semana antes del 7 de octubre de que Hamás planeaba un ataque. Y que Netanyahu no hizo nada.
Los criminales atentados terroristas de Hamás del 7 de octubre fueron en realidad un «ataque consentido» por parte del gobierno más fanático y ultrasionista de la historia de Israel, abonado al principio fascista de que «el fin fustifica los medios», que necesitaba un «11-S israelí» para «justificar» el genocidio sobre Gaza.
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Tres años de crímenes de guerra.
El infierno sobre Gaza: año tres
Es el lugar más castigado de la Tierra. Si existiera un instumento que permitiera medir el dolor por metro cuadrado, las 36.000 hectáreas de la estrecha Franja de Gaza romperían el aparato. En ella habitan aún dos millones de desdichados seres humanos, hacinados y obligados a sobrevivir entre ruinas y tiendas de campaña, sometidos a bombardeos esporádicos, al acecho de los francotiradores y a la hambruna permanente.

Tres años después del inicio del genocidio, la cifra oficial de muertos palestinos a manos de Israel -que cruza los números del Ministerio de Sanidad, de la agencia palestina Wafa y de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU- asciende a los 74.010 gazatíes asesinados, de los cuales 21.638 son menores de edad. Equivale al 3,4% de la población estimada de Gaza antes de la guerra.
Pero la mayoría de expertos considera esa cifra, que cuenta los cadáveres fehacientes, como enormemente conservadora. Bajo los 61 millones de toneladas de escombros que hay en Gaza aguardan decenas de miles de cuerpos sin rescatar. Hay cálculos que elevan por cinco o por diez el número real de bajas. ¿Lo sabremos algún día?
Hay quien piensa que tras la firma del Acuerdo de Paz impuesto por Trump, la matanza se ha detenido. No es así, aunque se haya aminorado. Entre el 31 de diciembre de 2025 y el 23 de septiembre de 2026, Israel ha asesinado a 2.478 palestinos en Gaza. ¿Qué le parecería a usted si el «alto el fuego» entre Israel y su país consistiera en que el ejército de Netanyahu «sólo» exterminara a una media de 9,3 personas al día?
A ellos hay que sumarles cientos de miles de heridos, muchos de ellos mutilados e inválidos permanentes, y 1,9 millones de desplazados internos. La destrucción de tierras de cultivo y medios de subsistencia profundiza la dependencia de la ayuda alimentaria, y la ONU advierte sobre daños duraderos a los niños pequeños.
«En Gaza tenemos la mayor concentración de huérfanos del planeta», cuenta a RTVE el profesor de secundaria Mahmoud Kalakh, el director de ‘Ciudad al Baraka para el Cuidado de los Huérfanos’ (Al Baraka significa ‘la bendición’, en árabe), un conjunto de campamentos en la zona costera de Al Mawasi, donde están acogidos más de 4.000 menores que se han quedado sin padres. Son apenas una fracción de los 58.000 niños que han perdido a alguno o ambos proigenitores en la franja, recuerdan desde Unicef, que cita datos del Ministerio de Sanidad palestino.
A esta trágica situación se suma la total y sistemática destrucción del sistema sanitario por parte de Israel. El 42,3% de los gazatíes no puede acceder a atención sanitaria. «El hambre, el desplazamiento, la falta de agua y la destrucción del sistema sanitario se refuerzan entre sí y están dejando consecuencias que perdurarán en Gaza mucho más allá de la emergencia”, señala Ruth Díez, presidenta de Médicos del Mundo.
Por eso, tres años después, debemos seguir hablando de Gaza. Sin cesar, sin descanso.
Debemos seguir hablando de Gaza, de Cisjordania, de Palestina y los palestinos.
No podemos, no queremos olvidar el genocidio, ni los crímenes de guerra, ni el apartheid, ni la ocupación de Palestina, ni el irrenunciable derecho de los palestinos a la vida, a la paz, a su tierra y a su independencia.

